Poema

El espacio para los poemas en este blog es más bien reducido, por no decir inexistente. Básicamente, se debe a que mi bagaje en el campo lírico es muy pequeño. Me engaño a mí mismo diciendo ante personas que puedo engañar que es porque la mayoría de poetas y poetisas tienen una visión que choca radicalmente con la mía. Tal vez la caricatura clásica de estadísticas, letras y teorías comprobable contra letras, imaginación y deseo. Pero los que saben del tema afirman que también hay poetas con los pies en la tierra y son capaces de analizar de forma objetiva lo que hacemos, por qué lo hacemos y cómo lo hacemos. O sencillamente cuentan bien las cosas. Esta vez traje un poema de una edición reciente de la revista El Malpensante que me pareció interesante publicar, pues es bastante descarnada y no pierde ese grado de picardía que hace dibujar una sonrisa leve en aquel que lo lee.

Casimiro


Se murió Casimiro, el cacorrezno
venido de ultramar
y Gonzalito Mallarino y Gabi
lo fueron a enterrar.

Metiéronle tres velas por el culo,
tapiáronle con semen la nariz,
y para terminar, coquetamente,
atáronle en el pene una lombriz.

Terminada la triste ceremonia
verraco y semental Mutis entró
y, asesorado por Fernández Gómez,
el cadáver violó.

Y luego, sacudiéndose la pinga,
el tendido cadáver hisopeó
y, con la voz quebrada por el llanto,
el siguiente discurso le espetó:

"Más cacorro que un lirio fuiste en vida,
más ponelón que trompo de escolar,
más descarado que una calavera,
¡oh, puto singular!

"Espejo de cacorros postgraduados
fuiste a la pederastia siempre fiel.
Por eso has merecido este homenaje
de Gonzalo, de Pepe y de Gabriel.

Así por sus acciones tienen premio
en el mundo los hombres al morir.
Seguid, ¡oh maricas!, el ejemplo
del noble Casimiro".

Arturo Camacho Rodríguez (1910-1982).

2 comentarios:

juan francisco muñoz dijo...

lo correcto estéticamtne no siempre va con lo correcto políticamente?

Luis Felipe Jaramillo dijo...

Ni con lo chistoso...