La revolución científica y la península ibérica: buscando un rol.



Irrelevante. Así se podría caracterizar el rol que las narrativas contemporáneas sobre la revolución científica le han asignado a diferentes desarrollos históricos en la península ibérica. Como se pretende mostrar en este ensayo, esto parece ser insostenible sin más: los viajes de exploración, las instituciones que aparecieron fundamentadas en estos y el momento histórico mismo de las relaciones de los reinos de España y Portugal con el resto de Europa sugieren que existen hechos relevantes que no han sido tenidos en cuenta para la construcción de una historia que explique el génesis de la ciencia moderna. Para sustentar esta posición, se expondrá cómo lo encontrado en el Nuevo Mundo sería relevante para cuestionar algunos paradigmas del cánon de conocimiento clásico, cómo se enfrentó la necesidad derivada de encontrar que el marco teórico de referencia utilizado no podía explicar algunos fenómenos y cómo pudo transmitirse esto al resto del continente europeo.

Los viajes
Decía Plinio que la vida en las zonas tórridas era imposible dada la cercanía de esta sección del planeta con el sol (López de Gómara & Gurría, 1979) y fue, paradójicamente, en esta misma zona donde Colón (2000) encontró la exuberancia que no habría visto antes. Esta tensión entre lo enunciado en los cánones clásicos de conocimiento y lo que encontrarían los exploradores ibéricos en sus viajes al Nuevo Mundo marcaría el derrotero de un nuevo conjunto de tareas para la ciencia europea. Nieto (2009, pp. 16-17) afirma que esta labor se llevó a cabo a través de la integración de la experiencia de los expedicionarios –entendida como una fuente legítima de saber- y lo paradigmático, previamente existente y heredado de la antiguedad. En otras palabras, el trabajo que le correspondió a los sabios de Europa fue el de aprehender lo nuevo e incorporarlo dentro del sistema previamente existente.

Una consecuencia del argumento anterior es que es difícil proponer una tesis que asocie estos viajes con los inicios de la revolución científica. Esto encuentra explicación en que los aportes realizados al canon de conocimiento fueron hechos en el marco propuesto por los científicos clásicos –es decir, no se prescindió de ellos- y el método empírico utilizado por los exploradores tampoco fue novedoso pues fue el mismo al que alguna vez recurrieron Aristóteles y tantos otros hombres de ciencia. Sin embargo, esta posición puede subestimar la capacidad de las experiencias para generar preguntas que persisten en el tiempo, especialmente si el sistema al cual se les intenta ajustar no es siempre el más eficiente a la hora de responderlas: La inconsistencia entre la realidad observada y lo que se sabía sobre el mundo antes de los viajes es evidente en las cavilaciones de De Acosta (2002). De esta manera, cabe preguntarse si no existió ningún tipo de actividad científica adicional a la de incorporar al sistema de conocimiento existente nuevos elementos en historia natural, pues la evidencia de incoherencias es bastante amplia. Como dice Barrera Osorio (2006) cuando analiza el contacto con los manatíes americanos: Si bien los autores clásicos tenían mucho que decir sobre las sirenas, nunca se imaginaron que pudieran ser masculinas. Entonces no sorprende, por ejemplo, que los naturalistas ibéricos consideraran a Plinio un simple recolector de curiosidades (Lupher, 2003).

Más allá del rol específico –de antecedente, como sugeriría Nieto (2009, pp. 18) o uno más activo, como el que busca este ensayo- que se le quiera asignar a los viajes de exploración en los procesos que terminarían en la revolución científica, parece claro que ignorarlos de entrada es un despropósito. Esta conclusión temprana es todavía más fuerte cuando se analiza la dinámica de las instituciones que se crearon a partir de la llegada de los europeos a las Indias Occidentales.

Las instituciones
Independientemente de las consideraciones planteadas anteriormente, es claro que la organización de todo el acervo de información que llegaba del Nuevo Mundo requería de un esfuerzo organizacional y técnico de proporciones considerables. Como lo afirma Nieto (2009, p. 16), la utilidad de miles de anécdotas sin estandarización ni códigos concretos de evaluación es limitada. Para enfrentar este problema, las Coronas de España y Portugal  crearon, respectivamente, la Casa de Contratación en Sevilla y la Casa da Mina en Lisboa. Estos establecimientos, además de encargarse de definir cómo debería ser organizada, procesada y difundida la información obtenida en la terra incognita, se convertirían también en grandes centros de  producción de conocimiento donde se diseñaban, probaban y calibraban distintos instrumentos de observación astronómica, así como de entrenamiento de navegantes calificados para utilizarlos y sacarles el máximo provecho. Adicionalmente y como consecuencia inmediata de lo anterior, serían claves para el desarrollo de proyectos que tendrían no sólo una importancia política capital –tal como el mapa padrón- sino también un profundo contenido de carácter científico, detrás del que no sólo habrían esfuerzos interdisciplinarios sino también intensos debates técnicos.

Como lo afirma Turnbull (1996), la Casa de Contratación y la Casa da Mina fueron los primeros centros donde se desarrolló un esfuerzo sistemático para integrar diversos fragmentos de conocimiento sobre el Nuevo Mundo. Así mismo este intento, en el marco de una agitada agenda de discusión técnico-científica, llevaría a que estas instituciones se consolidaran como los primeros cuerpos científicos de Europa pues, al final del día, representaban el tipo de espacio que hoy se reconoce como una condición necesaria para la producción de conocimiento de ciencia y tecnología. Además, como lo sustenta Turnbull, existe evidencia que soporta que los cálculos que se llevaban a cabo en las Casas eran de naturaleza latouriana, rasgo que caracteriza a los establecimientos científicos modernos.

Iberia en Europa
De poco servirían los puntos expuestos con antelación para el objeto de este ensayo, si no existe evidencia sobre algún tipo de intercambio de ideas entre los Reinos de España y Portugal y el resto de Europa. Nieto (2009, p. 19) sugiere que una evaluación definitiva sobre el papel que jugaron los viajes y las instituciones en la revolución científica, tiene que pasar por una revisión de la influencia intelectual de los saberes y dudas que se derivaron de estos sobre pensadores de otras naciones europeas. No obstante lo anterior, y ante la imposibilidad de llevar a cabo una investigación de tal magnitud en este trabajo, es posible explorar la dinámica de algunos aspectos de las relaciones entre la Iberia de finales del siglo XV y el resto del continente no peninsular con el fin de buscar alguna orientación sobre el asunto que ocupa este ensayo.

La relación de los países de la península ibérica con el resto de Europa, especialmente con la región anglosajona –que sería donde se desarrollaría la revolución científica-, a finales del siglo XV y a través del siglo XVI fue bastante fluida y dinámica. En particular, Bullón-Fernández (2007), en una revisión analítica de los intercambios culturales, diplomáticos y políticos entre España, Portugal e Inglaterra, concluye –contrario a lo que sería el consenso entre los historiadores por varias décadas- que estas naciones estaban lejos de estar aisladas entre sí: además de tener una larga historia de alianzas y matrimonios reales, hay evidencia que sugiere que existían relacionamientos económicos, intelectuales y literarios relevantes. Adicionalmente, Casado (2008) encuentra que las empresas comerciales castellanas desarrollaron durante los siglos XV y XVI una amplia red de información y mercadería que se extendía desde España hasta el Mar del Norte, siendo los puertos ubicados en los Países Bajos, Francia e Inglaterra los más importantes en todo el sistema. Así pues, sería a través de las terminales de estos países que fluiría parte relevante del comercio español. Este hecho es importante, especialmente cuando se tiene en cuenta a Cook (2007) cuando afirma que la consolidación de redes comerciales fue clave para el inicio de la revolución científica.

Dado lo anterior, parece claro que la península ibérica de mediados del milenio pasado estaba fuertemente interconectada con el resto de Europa. Este hecho es particularmente relevante si, como se hizo antes en este ensayo, se examina lo que estaba sucediendo en España y Portugal tras los viajes de exploración. No sería sorprendente, entonces, que ideas tan revolucionarias y cuestionamientos a los cánones clásicos de conocimiento viajaran paralelamente con las mercancías y utilizaran al comercio como una suerte de polinizador cultural. Sin embargo, este análisis no es concluyente en el sentido de que no queda demostrado que haya existido una influencia directa de la ciencia ibérica en la revolución científica. Sí es útil, no obstante lo anterior, para fortalecer la posición que sostiene que ignorar lo sucedido en los reinos peninsulares puede ser un craso error y una injusticia histórica.

Conclusión
En las narrativas sobre el génesis de la ciencia moderna, los países de la península ibérica brillan por su ausencia. Como se ha expuesto en este ensayo, esta omisión puede estar equivocada pues los viajes de exploración fueron importantes para empezar a generar cuestionamientos sobre la pertinencia del canon clásico de conocimientos y para la creación de las primeras instituciones científicas modernas del planeta. Todos estos desarrollos, enmarcados dentro de un contexto de profundos lazos de estas naciones con el resto del continente y en especial con los Países Bajos e Inglaterra, parecen demasiado relevantes como para ser ignorados. Una historia que los incluya en su construcción y que determine con claridad su rol es, pues, necesaria.

Bibliografía
Barrera-Osorio, A. (2006). Books of Nature. In Experiencing nature: The Spanish American empire and the early scientific revolution (p. 102). Austin, TX: University of Texas Press.
Bullón-Fernández, M. (2007). Introduction: Not All Roads Lead to Rome: Anglo-Iberian Exchanges in the Middle Ages. In M. Bullón-Fernández (Ed.), England and Iberia in the Middle Ages, 12th-15th century: Cultural, literary, and political exchanges (pp. 2-10). New York: Palgrave Macmillan.
Casado, H. (2008). Los flujos de información en las redes comerciales castellanas de los siglos XV y XVI. Investigaciones De Historia Económica, 4(10), 35-68. Retrieved October 15, 2012, from http://www.aehe.net/publicaciones/ihe/archivos/ihe10/AR_Casado_Alonso_N10_Pp35-68grande.pdf
Colón, C. (2000). Primer viaje a las Indias. In Diario de a bordo (1st ed., pp. 110-115). Madrid: Dastin.
Cook, H. J. (2007). An information economy. In Matters of exchange: Commerce, medicine, and science in the Dutch Golden Age (pp. 42-82). New Haven, CT: Yale University Press.
De Acosta, J. (2002). Historia Natural y Moral de las Indias (p. 282). Madrid: Dastin.
López de Gomara, F., & Gurría, J. (1979). Que no solo es el mundo habitable, sino también habitado. In Historia general de las Indias y Vida de Hernán Cortés. Retrieved October 15, 2012, from http://books.google.com.co/books?id=v7UngQD90WIC&pg=PA13&lpg=PA13&dq=plinio+vida+imposible+zonas+t%C3%B3rridas&source=bl&ots=WxRezWziNS&sig=5eCmqgHTR0V7VfbBnAOXKvqcbi8&hl=es-419&sa=X&ei=gLR8ULflFoTs9ATKhIHoCQ&ved=0CCAQ6AEwAA#v=onepage&q=plinio%20vida%20imposible%20zonas%20t%C3%B3rridas&f=false
Lupher, D. A. (2003). Romans in a New World: Classical models in sixteenth-century Spanish America. Ann Arbor, MI: University of Michigan Press.
Nieto, M. (2009). Ciencia, Imperio, Modernidad y Eurocentrismo: El mundo Atlántico del siglo XVI y la comprensión del Nuevo Mundo. Historia Crítica, edición especial.
Turnbull, D. (1996). Cartography and science in early modern Europe: Mapping the construction of knowledge spaces. Imago Mundi, 48(1), 5-24. doi: 10.1080/03085699608592830

Estudios sociales de la ciencia: crítica a algunos extravíos.

Este ensayo pretende hacer un recorrido por los desarrollos recientes en los estudios sociales de la ciencia y criticar algunos de sus excesos. Para lograr este objetivo se hará un recuento de las últimas tendencias en sociología e historia. Además se examinarán algunas de las que parecen más cuestionables: el relativismo de Feyerabend y la interpretación unidireccional de la relación entre la ciencia del mundo desarrollado y la del mundo en desarrollo. 

Un fenómeno joven 

El estudio del rol de diferentes instituciones sociales en la producción del conocimiento es un acontecimiento relativamente reciente: la historia de la ciencia, entendida como un esfuerzo por develar el rol de las prácticas humanas, los intereses particulares y las preferencias de algunos grupos poderosos y no como una ceremonia con el objetivo de enaltecer los hitos de la comunidad científica de Occidente, tiene poco más de medio siglo. Sólo a partir de la década de los sesenta se consideró estándar el análisis de la ciencia desde los estudios sociales (Burke, 2002). Como lo sugiere Nieto (1995), la emergencia de este enfoque tiene que ver con la esterilidad de otras propuestas para explicar el devenir del conocimiento científico. Concretamente, sugiere que el fracaso de las demarcaciones formales y de los criterios a-históricos, planteados por Popper y los miembros del Círculo de Viena, fue una motivación para construir una nueva historia, esta vez, desde una comprensión crítica. 

Este intento ha estado marcado por el surgimiento de varias interpretaciones, cada una de ellas con su propio matiz sobre el rol de los mecanismos sociales en el tema de marras. En Nieto (1995) se pueden identificar al menos dos grandes disciplinas aportando a este proyecto: La filosofía y la sociología. 

En primer lugar estuvieron los aportes filosóficos casi paralelos y similares de Ludwig Fleck y Thomas Khun. Estos establecieron que los hechos científicos eran el resultado de una construcción que se deriva de un conjunto de relaciones sociales propias de una comunidad específica. Este conjunto de expresiones, derivadas de interacciones entre individuos, suele estar asociada a paradigmas que, dada la naturaleza revolucionaria de los procesos que los construyen, suelen ser inconmensurables. Por este motivo, no se puede pensar en el desarrollo científico como una jovial marcha del progreso sino como un algo discontinuo. Por otra parte, emergieron propuestas más radicales como el relativismo anárquico de Feyereband, que serán criticadas con detalle más adelante. 

En segunda instancia, la contribución de la sociología tuvo un enfoque distinto pues más que buscar estudiar la naturaleza social del conocimiento, focalizó sus esfuerzos en entender los procesos de construcción de este, sin preocuparse por su carácter verdadero o racional. Esta propuesta de investigación fue desarrollada por varias escuelas, pero fue liderada por el “Programa Fuerte de Sociología de Edimburgo”, cuya metodología presupuestaba algunos principios que terminaron en la supresión de la diferencia entre creencia y conocimiento. Esto convierte la creación de este último en algo eminentemente social, mundano como cualquier otra actividad humana y vulnerable a grupos de interés. En últimas, como diría Foucault, el poder está en todos lados. 

Un resultado necesario de estas conclusiones es que las aspiraciones de algunos grupos débiles por aportar a la construcción de la ciencia pueden truncarse por no poder ajustarse al juego de convenciones propuestos por las gentes dominantes. Concretamente, Nieto (1995) comenta que los intentos de ciencia del tercer mundo y de algunos grupos vulnerables (como mujeres e individuos no caucásicos) están expuestos a este riesgo. En el caso de los esfuerzos científicos de los países en desarrollo, la materialización de esta contingencia no sería más que una prueba del carácter político de la ciencia y su uso como herramienta de dominación y explotación. En general, esto podría abrir la puerta a una interpretación histórica en la que los llamados vectores de conocimiento van en una sola dirección: centro - periferia. Sin embargo, los procesos de expansión de la ciencia han sido más complejos. 

Los extravíos 

Se ha hecho un recuento de las propuestas que las ciencias sociales han desarrollado para dar cuenta del desarrollo científico de los últimos tiempos. Como está expresado en este ensayo, esta travesía para lograr una historia social del conocimiento está justificada. Sin embargo, este esfuerzo no está exento de caer en despropósitos e interpretaciones que pueden no sólo atentar contra algunos conceptos lógicos sino también contra la evidencia empírica misma. Específicamente, se busca criticar dos extravíos: El relativismo anárquico, cuya justificación social es cuestionable y tambalea al examinarle a la luz de algunos conceptos lógicos, y la interpretación que sugiere una relación unidireccional entre centro y periferia en lo que se refiere a asuntos de ciencia. 

El relativismo de Feyerabend 

Contra el Método, publicado por Feyerabend (1975), propuso una serie de tesis sobre la historia de la ciencia que fueron más que controversiales (Gutting, 2003). Específicamente, el argumento principal del libro es que no existen criterios metodológicos bien demarcados que sean útiles para describir el progreso del conocimiento, pues la complejidad de la historia de la ciencia es tal que si se insiste en buscarlos –como lo hizo Popper- no se obtendrán resultados. En otras palabras, el puerto de llegada de esa travesía no sería otro más que el de la esterilidad. Por otra parte, si fuera cierto que la ciencia se determinara por tales reglas estructurales, la creación de nuevas teorías sería demasiado complicada y restringida, limitando el desarrollo del conocimiento mismo. 

Naturalmente, estos argumentos abren la puerta a lo que hizo famoso a Feyerabend: El relativismo epistemológico. La lógica es simple: Si no existen reglas ni métodos generales aceptables, ¿qué tiene de especial la ciencia cuando se le compara con otras tradiciones? La respuesta es sencilla: Nada. De esta forma, el científico investigador de una Universidad de la Ivy League no es, pues, diferente al chamán de una tribu extraviada en la selva amazónica. Excepto, es claro, si se tiene en cuenta que hay factores históricos que han impulsado la dominancia de uno y la irrelevancia del otro. Como diría el mismo Feyerabend (1978), el espectáculo ha sido amañado a su favor. En todo caso, la justificación política del relativismo es más que explicita en Feyerabend (1991), cuando afirmó que la intención del movimiento era proteger a las minorías de las acciones de los que se creen dueños de la verdad. 

Sus posiciones radicales le han merecido tanta fama como críticas. Específicamente, sus fundaciones lógicas han sido uno de los puntos débiles más atacados: En su libro contra el constructivismo y el relativismo, Boghossian (2007) se pregunta si existe espacio para esas corrientes pues es claro que existen hechos –como la existencia de los dinosaurios en la tierra- que no pueden ser construcciones sociales. Este problema, denominado de causación, se deriva de que son independientes de nuestra existencia y concepciones mentales particulares. Adicionalmente, si es estrictamente cierto que los hechos se construyen únicamente a través de mecanismos sociales, diferentes comunidades con intereses distintos podrían construir hechos diferentes y contradictorios relacionados con exactamente los mismos fenómenos, violando el principio lógico de no contradicción. Es decir, que algo no puede existir y no existir de forma simultánea en el mismo mundo. 

Pero más allá de los problemas de lógica estructural, la teoría de Feyerabend merece una crítica política desde la misma propuesta metodológica del “Programa Fuerte de Edimburgo”: Si su interés (y justificación última), como abiertamente lo ha reconocido Feyerabend, era proteger a las minorías de aquellos que pretendían ser dueños de la verdad y lo que motivó ese esfuerzo fue eso, sin consideraciones adicionales, ¿es esta una propuesta que debería ser tomada seriamente por la comunidad de estudios sociales de la ciencia? En últimas, esta no sería más que una propuesta al servicio de los débiles. Y aunque esta pudiera parecer una justificación de peso, ¿no la pondría al mismo nivel de las abstracciones construidas por el establecimiento para defender la misma ciencia occidental?. 

La relación centro-periferia 

Obnubilado por un eurocentrismo desconcertante, Hegel (2004) decía que los americanos eran como niños, ajenos a cualquier tipo de fines superiores y dominados por la naturaleza. Como sugiere Nieto (2010), la opinión hegeliana no era la excepción en la Europa de la ilustración. En todo caso, esta sugestión, examinada a la luz de las conclusiones sociológicas ya revisadas, puede caer en la tentación de predecir la expansión de la ciencia a través del globo como un proceso unidireccional, de iluminados a equivocados o, si se quiere aceptar el pesimismo hegeliano, a desinteresados. No obstante, las dinámicas de expansión de la ciencia occidental parecen haber sido mucho más complejas y ricas en retroalimentación de lo que se esperaría de una síntesis de los planteamientos recién expuestos. 

A modo de ejemplo, Nieto (2010) muestra que la obra de Alexander Von Humboldt incorporó elementos de lo que podríamos llamar conocimiento americano a marcos de referencia europeos. Naturalmente, esto implica que sigue existiendo una relación de poder asimétrica pues el objeto sigue siendo caracterizar conocimiento americano en términos de la universalidad de los estándares de Europa. Sin embargo, esta relación es distinta a la que uno podría esperar de gentes intelectualmente inertes como las que proponía Hegel cuando se refería a los habitantes de nuestro continente. 

En segundo lugar, Elshakry (2010) describe que los procesos de expansión de la ciencia occidental en China y Egipto, naciones con importantes tradiciones intelectuales, habrían sido de carácter primordialmente sincrético. De esta manera, las instituciones de enseñanza occidentales que se asentaron en los países de marras ofrecían estructuras curriculares con contenidos de origen europeo y nativo de forma simultánea. La composición de la planta profesoral era coherente con esa propuesta de enseñanza y se buscaban puntos de encuentro entre ambas tradiciones de conocimiento.. 

En últimas, lo que estos ejemplos sugieren es que es sensato proponer que la expansión de la ciencia no ha seguido un proceso unidireccional. Esto no implica, al menos de forma inmediata, que esta haya estado exenta de perturbaciones sociales. Al contrario, y como se deriva de una comparación de los ejemplos recién planteados, se vuelve un problema más interesante pues surge la pregunta de por qué el proceso en América fue menos sincrético que en Oriente. Esta es una tarea para los estudiosos sociales del conocimiento que se escapa al objetivo y alcance de este ensayo. 

Conclusión 

Los estudios sociales del conocimiento son un fenómeno relativamente reciente. No obstante lo anterior, se han desarrollado propuestas de investigación que ya han arrojado algunas conclusiones y que permiten entender mejor el desarrollo de la ciencia. Este esfuerzo, justificado en la esterilidad de sesudos intentos previos, no ha estado exento de problemas e interpretaciones que son cuestionables. Un par, tal vez los más sobresalientes, han sido criticados en este ensayo. En primer lugar, llaman la atención la débil justificación política y los problemas conceptuales del relativismo de Feyereband pues desenmascaran algunas fragilidades de esta teoría. En segunda instancia, la posibilidad de una interpretación unidireccional de la relación entre los centros globales de conocimiento y la periferia es problemático cuando se contrasta con la evidencia. De cualquier forma, las dinámicas de interacción entre centros de conocimiento y periferia pueden ser muy complejas y supeditarlas a una interpretación de ese tipo no sólo puede ser empíricamente cuestionable sino también limitante desde el punto de vista conceptual y teórico: A pesar de lo que pensara Hegel (2004), no parece muy razonable afirmar que el mundo extra-europeo está lleno sólo de niños. 

En suma, los estudios sociales del conocimiento han tenido un desarrollo remarcable en el último siglo. Aún así, existen algunas posiciones que merecen ser cuestionadas para permitir el desenvolvimiento de mejores teorías que respondan a los interrogantes que subsisten en este campo de estudio. 

Referencias 

Boghossian, P. A. (2007). Fear of knowledge: Against relativism and constructivism. Oxford: Clarendon Press. 

Burke, P. (2002). Sociología e Historias del Conocimiento: Introducción. En Historia Social del Conocimiento: De Gutemberg a Diderot. (pp. 11-31). Barcelona: Paidós. 

Elshakry, M. (2010). When Science Became Western: Historiographical Reflections. Isis, 101(1), 98-109. doi: 10.1086/652691 

Feyerabend, P. (1975). Against method. Londres: Verso. 

Feyerabend, P. (1978). Science in a free society. Londres: New Left Books. 

Feyerabend, P. (1991). Three dialogues on knowledge. Cambridge, MA: Blackwell. 

Hegel, G. W. (2004). Lecciones sobre la Filosofía de la Historia Universal. Madrid: Alianza. 

Nieto, M. (1995). Poder y Conocimiento Científico: Nuevas Tendencias en Historiografía de la Ciencia. Historia Crítica, (10), 3-13. 

Nieto, M. (2010). El Nuevo Mundo y Europa. En Americanismo y eurocentrismo: Alexander von Humboldt y su paso por el Nuevo Reino de Granada (pp. 92-118). Bogotá, D.C.: Ediciones UniAndes. 

Preston, J. (1997, Agosto 26). Paul Feyerabend. En Stanford Encyclopedia of Philosophy. Consultado en Agosto 21, 2012, en http://plato.stanford.edu/entries/feyerabend/

La caída de la economía del secuestro: Una explicación microeconómica.

El estudio de la economía criminal es un fenómeno relativamente reciente pues sólo fue hace cuatro décadas que Gary Becker inició, por accidente, una reflexión sobre las motivaciones racionales de los individuos que violan la ley. De esta forma y a pesar de la juventud de esta rama de la ciencia económica, se han desarrollado numerosos estudios que buscan responder, desde una perspectiva de costes y beneficios, por qué las personas deciden tomar decisiones y ejecutar acciones que son socialmente indeseables. Este ensayo, siguiendo esta línea de análisis y utilizando las herramientas aprendidas durante el semestre, pretende dar explicaciones a la fuerte caída en el número de secuestros extorsivos perpetrados en Colombia durante la última década y, adicionalmente, al desplome en los pagos medios efectuados a los secuestradores para devolver a la libertad a un cautivo.[1]

El número de secuestros reportados a las autoridades colombianas se contrajo dramáticamente en la última década. Según el Ministerio de Defensa (2011), en 1999 fueron recibidos 3204 reportes de casos de privaciones de la libertad, de los cuales 2587 tenían fines extorsivos –es decir, que hay una expectativa de remuneración explícita por parte de los captores- . Mientras tanto, en 2010 los guarismos fueron, respectivamente, 282 y 188, lo que implica que hubo una reducción de 91,2% en el número total de raptos y del 92,8% en los ilícitos con un claro objetivo de ganancias monetarias. Adicionalmente, según la Policía Nacional de Colombia (2010) y Briggs (2002) el pago promedio pactado para finalizar un cautiverio pasó de aproximadamente $365.797.771[2] en 1999 a $272.247.619 en 2007. Entonces, conociendo estas espectaculares variaciones, ¿existe algún aporte de la teoría microeconómica para ayudar a entender estos fenómenos? La respuesta a este interrogante es afirmativa: Como se mostrará en los párrafos subsiguientes, el cambio en el número de secuestrados y el precio promedio de las transacciones puede interpretarse como el resultado de transformaciones en la demanda, asociados a la mejora de un sustituto gratuito al proceso de negociación por libertad, y modificaciones en la configuración de costos de los captores, derivadas de las pérdidas masivas de territorio en los últimos años que destruyeron economías de escala.

La demanda: La mejora de un sustituto.


Según el Banco Mundial (2010), la percepción de los individuos sobre la efectividad del gobierno de Colombia para hacer el efectivo el imperio de la ley en el territorio nacional ha mejorado sustancialmente en la última década. De esta forma, la calificación que ha recibido el país ha pasado de -0.93 en el 2000 a -0.33 en el 2010, siendo -2.5 la menor evaluación posible y 2.5 la más alta. Existe cierto consenso relativo a que esta mejora se debe al fortalecimiento de las capacidades de la Fuerza Pública y su capacidad para desarrollar operaciones sofisticadas contra actores violentos con poderosas chequeras y un know how perfeccionado por varios años (Ortiz, 2011). Esta mejora cualitativa en la forma en que se combate a los violentos –y la correspondiente percepción ciudadana de que eso efectivamente sucede en la práctica- ha permitido que los interesados en negociar la libertad de un individuo tengan una alternativa cada vez más viable para terminar con el cautiverio de una persona: El rescate[3]Este cambio en las preferencias tuvo como consecuencia que, dada la mejora en la calidad (se volvió una alternativa menos riesgosa) de ese sustituto gratuito, la demanda a la que se enfrentan los raptores se contrajo y, consecuentemente, la disponibilidad a pagar de los consumidores cayó, lo que redujo el poder de negociación de los secuestradores, su poder de mercado y, eventualmente, las entradas que podrían obtener al convenir una suma para efectuar una transacción. A su vez, y asumiendo una estructura de costos constante, esto implica que los captores estarían dispuestos a colocar menos unidades en el mercado –es decir, efectuar menos secuestros en el mediano plazo- pues su ingreso marginal sería más pequeño.

La estructura de costos.


Según Briggs (2001), la carencia de control territorial por parte del Estado es una variable relevante para que el secuestro prospere como negocio puesto que es indispensable para que las organizaciones criminales puedan construir redes e infraestructura que les permitan tener holgura en sus operaciones y, al final del día, tener poder de negociación a la hora de pactar algún trato con individuos interesados en la libertad de un cautivo. En Colombia, y como se mencionó brevemente en el apartado anterior, este problema ha venido disminuyendo en la última década. De esta manera, según el Ministerio de Defensa, el ataque a poblaciones –un termómetro aceptable de qué tanto control tiene el Gobierno sobre el territorio nacional- pasó de 85 en el año 2000 a 1 en 2010. Este hecho de fondo tuvo implicaciones relevantes para estos empresarios del crimen pues las estructuras que habían soportado el negocio se vieron afectadas de forma notable: En una afamada crónica sobre el secuestro en Colombia publicada en la revista de The New York Times, Semple (2001) relata cómo las FARC habían logrado construir una organización tan maquiavélica como milimétrica para manejar el negocio del secuestro desde el páramo del Sumapaz. Hoy en día, no sobra recordarlo, en esa misma región existe un Batallón de Alta Montaña del Ejército Nacional. 

En términos generales, la destrucción de las redes y la infraestructura que los señores del secuestro habían construido se tradujo en un aumento en los costes marginales que se deben asumir para privar de la libertad a alguien pues ya no sólo era mucho más riesgoso de efectuar –con el progreso del control territorial, el número de capturados con cargos de secuestro llegó a 694 en 2009 (Policía Nacional de Colombia, 2010)-, sino más costoso de realizar y sostener pues los arreglos organizacionales (las tecnologías de producción, podríamos llamarlas también con un poco de cinismo) –como la Oficina del Secuestro de las FARC en el Sumapaz- que permitían quitarle la libertad a más individuos sin mayor preocupación por el lugar en el que se deberían pernoctar o por lo que iban a recibir para subsistir –es decir, economías de escala- desaparecieron. Esto implica que, asumiendo una curva de ingresos marginales invariada y dado el incremento en los costes marginales, los captores estarían dispuestos a colocar menos unidades en el mercado que en la situación anterior. 

Conclusión

Según Caplan (2010), los secuestradores secuestran por que los beneficios exceden los costos de hacerlo. Y para enfrentar el problema sólo hace falta hacer un par de cosas: Disminuir los ingresos y aumentar los costes, para reducir las utilidades. Como vimos en este artículo, nuestro país ha logrado hacer ambas cosas, permitiendo que los captores pierdan poder de negociación –y eventualmente ingresos- y haciendo más difícil la labor de secuestrar, impulsando hacia arriba los costos de hacerlo. Y en buena hora sucedió, pues ya Colombia no sólo era tristemente célebre por convertirse en la mayor nación exportadora de cocaína, sino también por haber engendrado la industria del secuestro más eficiente del planeta. Afortunadamente, y por las leyes de oferta y demanda, uno de esos dos títulos ya es historia. 


Referencias 


Banco Mundial. (2010). Worldwide Governance Indicators 2010 (Rep.). Consultado en Noviembre 23, 2011, en http://info.worldbank.org/governance/wgi/pdf/wgidataset.xls


Briggs, R. (2001). A Rational Problem with Rational Causes. En The kidnapping business. Consultado en Noviembre 23, 2011, en http://fpc.org.uk/fsblob/46.pdf


Briggs, R. (2002, July 1). Hostage Inc. Foreign Policy. Consultado Noviembre 23, 2011, en http://www.foreignpolicy.com/articles/2002/07/01/prime_numbers_hostage_inc?page=0,0


Caplan, B. (2010, June 29). The Strange Political Economy of Kidnapping [post de blog]. Consultado en Noviembre 23, 2011, en http://econlog.econlib.org/archives/2010/06/the_strange_pol.html


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Ortiz, R. D. (2011, Agosto 13). Una "tercera fase" contra las Farc | ELESPECTADOR.COM. Noticias | ELESPECTADOR.COM. Consultado en Noviembre 23, 2011, en http://www.elespectador.com/impreso/nacional/articulo-291702-una-tercera-fase-contra-farc


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Semple, K. (2001, June 03). The Kidnapping Economy in Colombia - NYTimes.com. The New York Times - Breaking News, World News & Multimedia. Consultado en Noviembre 23, 2011, en http://www.nytimes.com/2001/06/03/magazine/03KIDNAPPING.html?scp=1


[1] Para lograr el objetivo de este artículo, se ha asumido que la industria del secuestro tiene una estructura de funcionamiento productiva propia de un monopolio que discrimina perfectamente precios pues hay dos elementos analíticos que permiten pensar que es razonable suponerlo: En primer lugar, una vez una persona es retenida, inclusive teniendo en cuenta los recientes avances de las ciencias genéticas, es complicado encontrar una persona que suplante, exactamente, todas las funciones sociales del individuo que perdió la libertad. Esto implica que no pueden existir más ofertantes que aquellos que retuvieron al cautivo por primera vez. Y, en segunda instancia, existe un proceso de negociación donde los captores intentan explotar la máxima disponibilidad a pagar de los interesados en que el secuestrado sea liberado.

[2] Pesos constantes de 2007. Las series provienen de fuentes diferentes pero su comparación contribuye, grosso modo, a generar una noción sobre lo que ha sucedido con el precio de la transacción promedio.

[3] Según el Ministerio de Defensa (2011) en 1999 por cada 100 secuestros se efectuaban 15, 51 rescates mientras que 2010 esa cifra fue exactamente del 35,46.

Elucubración Pequeña sobre la Reforma a la Educación del Gobierno

En estos días de revuelta estudiantil y, después de varios días de desconexión de la realidad nacional, me pareció interesante elucubrar sobre la reforma a la Educación Superior que el gobierno ha empezado a socializar. Después de examinar varios posibles escenarios (de rosas y claveles), hubo uno intermedio que -de lejos- parece plausible: Que, al mismo tiempo, pase lo que los muchachos que bloquean avenidas (y lanzan explosivos) dicen y lo que los tecnocratas del gobierno proyectan. Esto, en hechos aterrizados, no significa mas que más cupos y menor calidad. Sin embargo, ¿es eso estructuralmente indeseable?. Naturalmente, no es el óptimo que uno desearía (más cupos y más calidad), pero ¿está tan mal para esta nación con necesidades tan variadas y restricciones tan amplias?.

En primer lugar, lo primero que se me ocurrió fue buscar experiencias internacionales para revisar si hay alguna referencia. Pero no recuerdo nada en particular y es complicado encontrar un programa gubernamental que enuncie que aumentó la oferta de opciones académicas al tiempo que descuidó la calidad de los programas. Le escribí a un amigo que es entendido en el tema y tal vez sepa algo que pueda enriquecer la discusión. En segunda instancia, y ante la imposibilidad temporal de concluir cosas con la primera herramienta, pareció interesante elucubrar un rato. El punto más relevante que pasó por mi cabeza fue que en ese nuevo equilibrio (menos calidad, más cupos) podrían -dependiendo de la magnitud de la pérdida de calidad y del aumento de la oferta de cupos)- existir ganancias, en términos globales para la sociedad. Por ejemplo, el stock global de capital humano de toda la economía podría crecer más rápido pues tendríamos mucha más gente con determinada cantidad de capital humano, aunque su capital humano per cápita fuera más pequeño. Adicionalmente, si hay más personas con títulos universitarios, una de las fuerzas que generan desigualdad (la exclusividad de estar en la Universidad) podría atenuarse.

Utopía y paranoia.

Columna publicada en el periódico La Campana de Popayán, en Agosto de 2010.
En la anterior edición de este periódico el columnista Gabriel Bustamante, palabras más, palabras menos, expuso que la Tutela es el único mecanismo que ha hecho posible cumplir con los derechos constitucionales de una gran parte de la población colombiana, siendo, según su argumento, que el Neoliberalismo acabó con la posibilidad de hacer cumplir las leyes y normas constitucionales que garantizaban un Estado Social de Derecho.
Sin embargo, cabe hacerse algunas preguntas: ¿Acaso el Estado Social de Derecho ya existía previamente, y permitía el cumplimiento cabal de las leyes y normas que satisfacen los derechos humanos de todos los colombianos? ¿Acaso la Tutela no generó distorsiones en las prioridades del gasto del Estado? ¿Acaso algunos fallos obligados por las tutelas no generaron incentivos inesperados en el sector Salud, que terminaron por beneficiar de forma inesperada a las EPSs? O acaso ¿Algunas reformas a la ley inspiradas en estos mecanismos de ayuda a sujetos vulnerables no generaron resultados totalmente contrarios a los esperados?
La idea según la cual la justicia y la redistribución dependen más de la voluntad de los gobernantes y hombres de poder que del control y predicción de ciertos incentivos y de ciertas acciones involuntarias ha dado sustento desde hace décadas a lo que el filósofo Alemán Karl Popper (1945) llamó la teoría de la conspiración de la sociedad. Según esta teoría, un fenómeno social se explica cuando se descubre a los hombres o grupos humanos interesados en que suceda este fenómeno. Por ejemplo, la dificultad del Estado y sus gobernantes para redistribuir riqueza y generar justicia se explica solamente porque se supone que hay un grupo económico o político con mucho poder que ha llevado a cabo acciones necesarias para debilitar cualquier acción que propenda por la redistribución o la justicia. Este tipo de teorías suelen exponer una utopía social previa al fenómeno o conflicto social que quieren explicar, y suponen que esta utopía puede lograrse siempre y cuando quienes creen son los causantes de un mal dejen de tener la intención de perpetuarlo. Por ello plantearon la teoría del Neoliberalismo como una teoría política o de poder, y nunca buscaron entender el fenómeno económico y social que hizo viable y necesario al libre mercado, más allá de cualquier posición moralizante, no muy diferente de aquellas posiciones religiosas que culpaban al Demonio por los actos egoístas de los hombres. No parece extraño también que en el campo de la normatividad (del derecho, la legislación y la interpretación de las leyes) haya sido tradicional el suponer que toda acción humana voluntaria tiene consecuencias sociales voluntarias. Que toda norma es el producto de un buen razonamiento, y que este debería hacerse realidad con la mayor premura y facilidad. Pero resulta que, como sabiamente lo explica Popper, en el mundo social las acciones humanas intencionales tienden a tener repercusiones sociales no intencionales. El mundo económico suele explicar las paradojas por el comportamiento caprichoso, no de los hombres con poder, sino de los incentivos que son difíciles de prever cuando hay reformas al gasto y a la inversión a través de leyes que siguen siendo nuevas y que tienen efectos inesperados que los congresistas, miembros de la constituyente y magistrados no suelen tener presentes, porque no suelen analizar la posibilidad de estos efectos inesperados. Cabe resaltar, otra vez, los efectos inesperados de las tutelas como principales beneficiadoras de las EPSs, aumentando sus ingresos para seguir invirtiendo en la tercerización del servicio en Salud. También los efectos inesperados de las leyes de subsidio a madres cabeza de hogar, que solo aumentaron la tasa de adolescentes embarazadas; Los subsidios a las madres cabeza de familia, que solo aumentaron los divorcios racionales; Y los subsidios a las escuelas en las regiones con poca cobertura, situación que disminuyó las transferencias a escuelas municipales con mayor cobertura.
Como sabiamente ha resaltado Jon Elster, profesor en sociología de la Universidad de Columbia, las constituciones cobran vida y son efectivas, no solo si están “bien escritas”, de forma acorde al derecho internacional. Su valor no está solo en su coherencia normativa, su carácter racional o en sus intenciones humanitarias. Las constituciones cobran vida si son eficientes en lo económico y si facilitan la toma de decisiones en los niveles locales. Pero la Tutela parece tener efectos contrarios a lo esperado.

El boom minero-energético y la reforma al sistema de regalías

Después de importantes reformas institucionales que han alentado masivas inversiones en los últimos años (Country Profile: Colombia, 2010) y unos precios internacionales que siguen encaminados en una tendencia alcista de largo plazo (World Oil Outlook, 2010), las perspectivas del sector minero-energético colombiano parecen ser muy buenas. Y a pesar de las implicaciones directas positivas (el crecimiento el producto), hay algunas externalidades negativas asociadas a la expansión de esta parte de la economía que pueden convertirse en obstáculos importantes para el desarrollo del país en el largo plazo. Como veremos más adelante, la evidencia internacional muestra que estas consecuencias pueden gestionarse, de tal manera que su impacto se minimice. En este artículo exploraremos los rasgos generales del marco institucional de distribución de regalías, evaluaremos sus efectos recientes sobre el bienestar de los ciudadanos que viven en las poblaciones beneficiadas por las mismas e intentaremos responder si es adecuado para la nueva realidad minero-energética que va a enfrentar Colombia en el mediano plazo. Adicionalmente, describiremos y comentaremos la propuesta de política pública del gobierno para reformar el Sistema de Regalías Colombiano. 


i.) El problema 


a.) El Sistema de Regalías Actual: Arquitectura, evolución y evaluación

La infraestructura institucional que soporta al actual Sistema de Regalías, en términos generales, descansa sobre la Constitución Política de 1991 que reza que el Estado es propiertario del subsuelo y, consecuentemente, de los recursos naturales no-renovables que allí se encuentren. Por ello, cuando algún privado explote el subsuelo, el Estado debe recibir una contraprestación económica. Los montos de estas transferencias varían de acuerdo al tipo de recurso no-renovable explotado[1]. Los destinos de estas transacciones no han sido constantes siempre dadas las eventuales reformas, pero según cifras del Ministerio de Hacienda (2010), en promedio desde 1994 hasta 2009, los departamentos productores han recibido un 49% de los giros, mientras que los municipios productores un 23%, los municipios portuarios un 7% y el Fondo Nacional de Regalías un 21%[2]. El monto total girado por concepto de regalías en el mismo período fue de $42.2 billones de pesos constantes de 2009, de los cuales $33.3 fueron directas y $8.9 indirectas. La cantidad de dinero anual transferido ha venido creciendo consistentemente desde aproximadamente $0.5 billones en 1994 hasta $4 billones en 2009. Adicionalmente, es relevante mencionar que los receptores de estas rentas son altamente concentrados: Tan sólo 8 departamentos han recibido el 80.5% de los recursos girados desde 1994 a 2009. 

Teniendo en cuenta esta breve descripción de la arquitectura institucional y la evolución del Sistema de Regalías, es conveniente preguntarse: ¿Ha funcionado?. Esta es una pregunta robusta y cuya respuesta tiene implicaciones de política pública profundas, especialmente a la luz de las perspectivas de mediano plazo del sector minero-energético en Colombia (que exploraremos más adelante). Para intentar responderla con las herramientas conceptuales disponibles, compararemos el desempeño social de los 8 departamentos que acaparan más de 4/5 de los recursos de regalías con el promedio nacional. Para evaluar esto utilizaremos el Índice de Necesidades Básicas Insatisfechas (NBI) derivado de los censos poblacionales de 1993 y 2005. 


Fuente: DANE 

En el gráfico hay 3 barras por cada departamento. La primera muestra la pobreza por NBI en 1993, mientras que la segunda en 2005. La tercera muestra la reducción porcentual entre la primera y la segunda. 

Llama la atención, sin lugar a dudas, la enorme volatilidad de las diferentes barras entre departamentos. Esto implica que hay regiones que han sido más exitosas que otras reduciendo la pobreza. Para eliminar estas variaciones y hacer una comparación que sea sencilla de analizar, se han promediado de forma ponderada los indicadores en los departamentos receptores de regalías, de tal manera que se pueda comparar con el average nacional. Los resultados de esta comparación son reveladores: No hay casi diferencias entre el promediado nacional y el de departamentos receptores (“Promedio” en la gráfica). Esto, si se tiene en cuenta que los departamentos receptores evaluados han recibido aproximadamente $26.8 billones de pesos de 2009 desde 1994, revela el primer gran problema del actual Sistema de Regalías Colombiano: La ineficiencia. Básicamente las regiones que se han visto beneficiadas por las royalties originadas en la extracción de petróleo e hidrocarburos han hecho lo mismo (al menos a nivel agregado), en términos de reducción de pobreza por NBI, que las que regiones que no. Este punto se ve reforzado por el análisis que los tecnócratas del Ministerio de Hacienda (2010) hacen al observar la evolución de las coberturas mínimas en todo el país y en los departamentos receptores: A pesar de las regalías, estos departamentos, en promedio, siguen estando por debajo de las metas objetivo impuestas hace unos años y muy cerca de la media nacional (a pesar de haber contado con recursos mucho mayores). 

Otro punto relevante para la discusión del Sistema de Regalías Colombiano es el de la equidad: Han sido los dineros originados en regalías repartidos de una manera equitativa?. Para responder esto, hay que tener en cuenta que por mandato de la Constitución Política, los recursos del subsuelo son propiedad del Estado y, como en teoría, el Estado somos todos los colombianos, los beneficios nos deberían llegar a todos. O al menos, debería existir cierta proporcionalidad entre lo repartido y los que en teoría deberíamos ser los receptores. Ahora, ha existido eso? Según las cifras del Departamento Nacional de Planeación, plasmadas en la siguiente gráfica, no: Un sólo departamento (que tiene el 0,7% de la población nacional) ha recibido poco menos de ¼ de todos los frutos de las regalías. 



Fuente: DNP 

De esta manera, queda demostrado que el Sistema de Regalías Colombiano no ha funcionado bien en los años recientes. Como quedó planteado arriba, no sólo tiene problemas de eficiencia, sino también de equidad. Estos inconvenientes que de por sí son bastante serios, pueden multiplicarse y hacerse más graves en el futuro, especialmente cuando se consideran las perspectivas de mediano plazo del sector minero-energético colombiano, que implicarán muchas más regalías, en tanto los volúmenes de producción y los precios internacionales de las materias primas serán mucho más altos. 


b.) Lo que se viene 

Ante un panorama minero-energético cada vez más sombrío, en el año 2003 la administración Uribe inició una profunda reforma a la arquitectura institucional asociada a los procesos de exploración y perforación de hidrocarburos[3], con el fin de incentivar la inversión privada y asegurar la autosuficiencia energética nacional en el largo plazo. A grandes rasgos, el gobierno implementó incentivos tributarios, mejoró las condiciones de los contratos para el sector privado, creó la Agencia Nacional de Hidrocarburos (entidad que gestiona la política petrolera colombiana) y se comprometió a proveer un ambiente de seguridad robusto, pre-requisito para la operación exitosa de las compañías del sector. Eventualmente, las reformas han tenido los efectos esperados (Country Profile: Colombia, 2010) Según cifras del Ministerio de Minas y Energía (2010), los pozos de exploración petrolera, por ejemplo, pasaron de 10 en 2002 a 98 en 2008. Y aunque el crecimiento en la actividad minero-energética ha sido importante en los años recientes[4], este tal vez sea sólo el comienzo de una gran expansión, pues según estimaciones del Gobierno Nacional, de 2010 a 2015 se esperan U$57.697 millones de dólares de nuevas inversiones para el sector. Este dinero, sin lugar a dudas implicará una mayor producción pues aproximadamente la mitad está destinada a nuevas perforaciones petroleras y la construcción de nueva infraestructura minera. De esta manera podemos deducir el primer gran rasgo del panorama a mediano plazo del sector minero-energético colombiano: Mucha más producción. 

La segunda gran característica, sin lugar a dudas, es la consolidación de la tendencia alcista en los precios de los commodities que exportamos. Según el World Oil Outlook (2010), la OPEC, por ejemplo, espera que los precios del barril de crudo se sitúen alrededor de los U$85 hasta 2020 y los U$106 hacia 2030, niveles que son elevados, especialmente a la luz de sus históricos. Este fenómeno encuentra explicación en el fuerte incremento de la demanda de materias primas de las economías emergentes, especialmente la de China (World Energy Outlook, 2010). 

Así, queda claro que las perspectivas del sector minero-energético colombiano son bastante positivas, pues combinarán dos fuerzas que impulsarán su crecimiento: Mucha más producción y precios elevados para esa producción. Ahora, ¿cuáles son las implicaciones? 


c.) Los riesgos de “Lo que se viene” 

Las implicaciones para la sociedad colombiana de este inevitable boom minero-energético son amplias y profundas. En primer lugar, hay una consencuencia obvia y positiva: El producto va a crecer porque esa actividad económica en particular se va a expandir. No obstante lo anterior, la experiencia internacional nos demuestra que este tipo de auges vienen acompañados por problemas que pueden anular las ganancias directas asociadas a la expansión directa de la actividad minero-energética. Mencionaremos los riesgos más representativos de estos booms a continuación. 

  • Aparición de secuestradores de rentas: Cuando hay incrementos sustanciales en los ingresos de alguna institución en particular, empiezan a aparecer presiones ejercidas por diferentes grupos de interés que tienen como objetivo último apropiarse de las nuevas rentas[5]. Esto es particularmente relevante para la discusión actual pues se espera que los ingresos de la Nación por el concepto de regalías aumenten de $9.3 billones en 2011 a aproximadamente $23 billones en 2021 (León, 2010). Cabe anotar que estos grupos de interés buscan, valga la redundancia, proteger sus intereses, no los de la sociedad en general. 

    Adicionalmente, en el caso colombiano puede existir una particularidad y es el tipo de buscadores de renta: Ya hemos presenciado cómo los grupos armados ilegales se han apropiado de recursos de regalías para financiar sus expansiones operacionales. Ortiz (2006) identifica en este tipo dineros uno de los tres “orígenes financieros” del incremento en las operaciones de las FARC y el ELN en la década de los noventa. Adicionalmente, Ross (2004) menciona que hay consenso entre los académicos sobre la relación positiva entre la disponibilidad cercana de este tipo de recursos naturales (o de las regalías) y la duración de un conflicto armado. 

  • Manejo imprudente de las finanzas públicas: El Ministerio de Hacienda (2010) ha identificado que en épocas de bonanza, el comportamiento más habitual de los países beneficiados es apalancar los enormes flujos transitorios originados en el boom para emitir deuda y financiar diversos proyectos, lo que se vuelve insostenible cuando la bonanza se diluye y a los gobiernos sólo les quedan los buenos recuerdos y un stock de deuda más alto que antes de la bonanza. De esta manera, es imposible hacer una política fiscal anticíclica que vuelva más estable el ciclo de crecimiento económico.

  • Inestabilidad Macroeconómica: La entrada de flujos masivos de moneda extranjera por booms como el que se espera que el sector minero-energético experimente en los próximos años suele asociarse con varios problemas macroeconómicos. El más relevante y conocido se conoce como enfermedad holandesa y está asociado a la apreciación de la tasa de cambio dada la entrada masiva de moneda extranjera, que termina por afectar la competitividad de los sectores exportadores (que en el caso colombiano son intensivos en mano de obra), aumentar el consumo de bienes importados y, consecuentemente, deteriorar el balance de la cuenta corriente[6]. 

  • Profundización de los problemas actuales: En el caso Colombiano en particular, debería esperarse que, con una bonanza minero-energética y asumiendo que no se modificará la regulación existente, los problemas asociados a la distribución de regalías continúen y se vuelvan más profundos, en tanto la disponibilidad de recursos aumenta y la regulación que enfrentan los individuos no cambia. 

De esta manera, quedan planteados los problemas potenciales que una economía puede afrontar en un escenario de bonanza minero-energética. La experiencia internacional muestra que estas implicaciones potencialmente negativas pueden ser gestionadas, pues hay paises como Chile o el Perú que han logrado manejarlas y usar los ingresos de este tipo de booms para financiar responsablemente las necesidades de largo plazo de sus economías (infraestructura, por ejemplo). De igual manera, hay arquetipos que nos recuerdan que estos problemas son amenazas reales: Lamentablemente, existen numerosos ejemplos para soportar este argumento: Venezuela, Nigería, etc. (Álvarez & Hanson, 2009) y (“Feeling the heat”, 2010). 

Conscientes del punto anterior, funcionarios del Gobierno Nacional han propuesto una amplia reforma al Sistema de Regalías para intentar solucionar los problemas que describimos anteriormente (inequidad y eficiencia, especialmente) y atajar los inconvenientes potenciales que acabamos de mencionar.


ii.) La respuesta del gobierno 

La reforma propuesta por la Administración Santos cambia las reglas del juego de la distribución de regalías, pues elimina la estructura actual de pagos directos, girados a municipios y departamentos, e indirectos, que enviados al Fondo Nacional de Regalías. De ser aprobado el proyecto de ley y teniendo en cuenta las modificaciones recientes que ha sufrido, se crearía el Sistema General de Regalías (SGR), que a su vez se dividiría en varios fondos: i.) Fondo de Ahorro Pensional Territorial, que absorbería un 10% del SGR, ii.) Fondo de Ciencia, Tecnología e Innovación, al que también se le asignaría un 10% del SGR, iii.) Fondo de Ahorro y Estabilización, sin un monto puntual específicado, que sería administrado por el Banco de la República y estaría orientado a construir la capacidad de hacer política fiscal contra-cíclica, iv.) Fondo de Desarrollo Regional, que sería utilizado para financiar proyectos de desarrollo regional formulados por en forma colegiada por autoridades del orden nacional, departamental y municipal, v.) Fondo de Compensación Regional, cuya función sería promover el desarrollo de las regiones más pobres del país (costeras, fronterizas y de periferia) y tendrá una vigencia de 30 años a partir de la promulgación del proyecto de ley. Adicionalmente, los dineros restantes quedarían disponibles para ser girados bajo la modalidad de regalías directas, como una compensación por los efectos ambientales nocivos que la extracción de recursos del subsuelo puedan generar. 


iii.) Comentarios y Conclusiones 


El proyecto de reforma constitucional presentado por el Gobierno Nacional parece caminar en la dirección correcta, si el objetivo es atacar las falencias del actual Sistema de Regalías y prevenir los problemas que suelen acompañar a las bonanzas de productos básicos. En primer lugar, es importante destacar que la distribución de las rentas va a ser mucho más equitativa y consciente de la realidad nacional, pues el dinero ya no se va a destinar en proporciones tan elevadas únicamente a las regiones productoras: El Fondo de Compensación Regional es una herramienta que puede convertirse, en el largo plazo, en una fuerza relevante para cerrar las profundas brechas que existen dentro de las regiones de Colombia. Adicionalmente, el Fondo de Desarrollo Regional podrá financiar proyectos de interés de las regiones con la supervisión del Gobierno Nacional, lo que es positivo desde el punto de vista de los departamentos y municipios, pues podrán ejecutar sus proyectos, y desde el de la sociedad en general, pues i.) estas iniciativas contarán con la supervisión de la Autoridad Central, lo que en principio sería positivo, al menos a la luz de los problemas descritos anteriormente - -ineficiencia e inequidad- y ii.) la formulación de grandes proyectos puede generar economías de escala que pueden hacer que se mejore la eficiencia del dinero gastado. En segunda instancia, es necesario mencionar que el Fondo de Ahorro y Estabilización puede ser no sólo un instrumento para neutralizar a los secuestradores de rentas y evitar presiones sobre alcistas sobre el tipo de cambio, sino también para revitalizar el concepto de política contra-cíclica en el país, que es tan relevante para la reducción de la volatilidad macroeconómica, que a su vez se asocia con un menor crecimiento del producto en el largo plazo (Larraín & Parro, 2008). Y finalmente, la creación del Fondo de Ciencia, Tecnología e Innovación senta un precedente importante para la financiación de iniciativas que puede ser importantes para el desarrollo de largo plazo de Colombia y que en este momento cuentan con escasas alternivas de fondeo. No obstante lo anterior, hay algunos puntos sobre los cuales todavía existen dudas. Por ejemplo, no tenemos todavía definidos criterios de evaluación que nos permitan saber que tan eficiente va a ser esta nueva arquitectura institucional. De igual forma, no hay certeza sobre los entes que evaluarán y supervisarán a los agentes gubernamentales que ganarán poder con el nuevo Sistema General de Regalías. Y tampoco hay nuevos elementos de control para las regalías directas, que por motivos de real politik, resucitaron, ya que habían sido eliminadas en el proyecto de ley original. 

En conclusión, la iniciativa del gobierno es plausible porque camina en la dirección correcta: Ataca los problemas que hoy caracterizan a nuestro sistema de regalías y crea cierta institucionalidad que nos ayudaría a minimizar las externalidades negativas que suelen acompañar a las bonanzas de productos primarios. Y si bien hay algunos interrogantes que todavía deben resolverse, la reforma parece bien concebida y debería funcionar pues ha sido diseñada teniendo en cuenta experiencias internacionales como la de Chile o Perú. Sin embargo, sólo la historia y el pasar del tiempo podrán determinar con exactitud el nivel de éxito de esta iniciativa. 


iv.) Bibliografía

- Alvarez, C., & Hanson, S. (2009, Febrero 9). Venezuela´s Oil Based Economy. Council on Foreign Relations. Recuperado Diciembre 02,2010, de http://www.cfr.org/publication/12089/venezuelas_oilbased_economy.html#p4
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- Colombia, Ministerio de Minas y Energía. (2010, Julio). Balance de Gobierno 2002-2010 - Ministerio de Minas y Energía. Recuperado en Diciembre 1, 2010, de http://www.trabajohechosycorazon.com/docs/sep_minminas.pdf
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- Estados Unidos, US Energy Information Administration. (2010, Marzo). Country Profile: Colombia. Recuperado en Diciembre 1, 2010, from http://www.eia.doe.gov/emeu/cabs/Colombia/pdf.pdf
- Feeling the heat. (2010, Mayo 13). The Economist. Recuperado en Diciembre 2, 2010, de http://www.economist.com/node/16104226
- Larraín, F., & Parro, F. (2008). Chile menos volátil [Abstract]. Trimestre Económico, 75(299), 563-596. Recuperado Diciembre 3, 2010, de http://econpapers.repec.org/article/eltjournl/v_3a75_3ay_3a2008_3ai_3a299_3ap_3a563-596.htm
- León, J. (2010, Septiembre 1). Las cinco piezas que Santos mueve con la Ley de Regalías. La Silla Vacía. Recuperado en Diciembre 1, 2010, de http://www.lasillavacia.com/historia/17711
- Ministerio de Hacienda y Crédito Público. (2010, Noviembre 24). Cámara aprueba en cuarto debate Acto Legislativo de Regalías [Press release]. Recuperado en Diciembre 2, 2010, de http://www.minhacienda.gov.co/portal/page/portal/95E293C169287727E040090A20006C94
- Ortiz, R. (2006). La Guerrilla Mutante. En F. Leal (Ed.), Colombia en la encrucijada. Bogotá: Norma-UniAndes.
- ¿Qué es el Fondo Nacional de Regalías? (2008). Ministerio de Minas y Energía. Recuperado en Diciembre 1, 2010, de http://www.minminas.gov.co/minminas/gas.jsp?cargaHome=3&id_categoria=124&id_subcategoria=280
- Ross, M. (2004). What Do We Know About Natural Resources and Civil War? Journal of Peace Research, 41(3), 337-356. Recuperado Diciembre 2, 2010, de JSTOR.
- Vera, J. (2009). La política petrolera de Colombia y sus resultados [PDF]. Bogotá: Ministerio de Minas y Energía.
-Tornell, A., & Lane, P. (1999). The Voracity Effect [Abstract]. American Economic Review,89(1), 22-46. Recuperado Diciembre 1, 2010, de http://ideas.repec.org/a/aea/aecrev/v89y1999i1p22-46.html
- World Energy Outlook 2010 (Publicación). (2010, Noviembre 9). Recuperado en Diciembre 01, 2010, del sitio web de la International Energy Agency: http://www.worldenergyoutlook.org/docs/weo2010/key_graphs.pdf
- World Oil Outlook 2010 (Publicación). (2010). Recuperado Diciembre 1, 2010, del sitio web de la OPEC: http://www.opec.org/opec_web/static_files_project/media/downloads/publications/WOO_2010.pdf

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[1] Para definiciones más detalladas, las proporciones están definidas en los artículos 31 al 48 de la Ley 141 de 1994. Algunas modificaciones recientes se han promulgado en los artículos 20 al 22 y 27 al 29 de la Ley 756 de 2002 y el artículo 3 de la Ley 1283 de 2009. También vale la pena mencionar que desde la Ley 141 se establecieron las “coberturas mínimas” que son objetivos de cubrimiento en servicios básicos cuya consecución se debe efectuar, en parte, con dinero de las regalías. Los municipios y departamentos sólo dispondrán del 40% de los ingresos que tengan por giros de regalías para financiar proyectos de inversión no relacionados con los servicios báscis hasta que cumplan con estos objetivos.


[2] De acuerdo con el Ministerio de Minas y Energías (2008) el Fondo Nacional de Regalías es el receptor de las llamadas regalías indirectas, es decir, las que no reciben los municipios y departamentos productores. Sus fondos se utilizan para financiar o co-financiar proyectos que tienen como objeto aumentar el stock de infraestructura de gas combustible en Colombia. Eventualmente se ha usado para financiar otros proyectos de diversos tipos.


[3] Los detalles del panorama minero-energético que afrontaba el país en 2002, así como los detalles de las reformas institucionales realizadas, puede encontrarse en Vera (2009). De igual manera, la US Energy Information Administration (2010) ofrece un resumen documentado del sector minero-energético colombiano.


[4] Según el Ministerio de Minas y Energía (2010), entre 2002 y 2009, la producción de carbón aumentó 87%, la de ferroníquel un 17.7%, la de platino un 40.5% y la de oro un 65.9%.


[5] Esto se conoce como Efecto Voracidad ó Voracity Effect y es desarrollado por Tornell & Lane (1999).


[6] El Ministerio de Hacienda (2010) hace un recuento de otros efectos macroeconómicos asociados a las bonanzas de bienes primarios.