Responsabilidad, genes y calentamiento global.

Siempre me han causado curiosidad los escritos de los mis compañeros sobre la tierra o el cambio climático. Siempre que se escribe sobre esto, es una buena oportunidad para pintar pajaritos en el aire. Para soñar con lo que probablemente nunca será y prometer futuros brillantes. Pero bueno, esto no tiene pretensiones verídicas, sino exponer algunos puntos que pueden ser ahora importantes para hablar con las paredes y reclamarle soluciones al gobierno, y en el futuro lagrimoso para tener una prueba de que nos preocupamos, pero que no hicimos nada. Ojalá me equivoque.

Para hablar de responsabilidad en temas ambientales, vale empezar por los que son iguales al que escribe esta ponencia: los individuos. Cuál es su papel en salvar a este mundo frívolo de las garras de sus propios excesos? Uno podría decir que es clave y que nos podríamos salvar de muchas catástrofes si actuáramos por convicción (cambiar las bombillas incandescentes, bajarle a la intensidad de los aires acondicionados en estas cálidas tierras, etc.). Pero hay que tener en cuenta, que eso de hacer las cosas porque sabemos que nos hacen bien no ha tenido mucho éxito en la historia: No hace falta recordar al paciente que saben que es mejor ir al médico para prevenir una enfermedad terminal, pero que por simple terquedad no lo hace. Y así ha pasado con guerras, crisis económicas y hasta matrimonios.

En segundo lugar, es importante mencionar, a la que se supone es una de las bases de nuestra sociedad occidental: la familia. Y tenemos que preguntarnos lo mismo que en el párrafo anterior.
En esencia, soy escéptico frente al papel del grupo familiar en la solución de los problemas que puede estar afrontando el planeta, ya que finalmente, si el bello y optimista mundo de las acciones por convencimiento y ciudadanía existiera, serían los individuos y no los grupos sociales los que podrían ayudar a hacer frente a los problemas climáticos que el planeta vano y desgarrador resguarda. Además, hay soportes para decir que son los amigos, mas no los padres, los que tienen influencia decisiva sobre algunos comportamientos y valores que los jóvenes adquirimos.

En tercer lugar cabe hablar del Estado y del gobierno. En términos prácticos, la labor de los gobernantes debería resumirse a ser visionarios: Ver los problemas que se vienen y prevenirlos en el futuro cercano, o antes de que hagan daño. Pero eso parece algo iluso, en especial por aquello de las lentitudes burocráticas y la naturaleza de la política. En todo caso, si eso fuera cierto, el papel del Estado no debería ser el de imponer regulaciones costosas y eco-radicales, sino ofrecer incentivos y alternativas que sean económicamente viables y ambientalmente aceptables, como por ejemplo, las tecnologías verdes, que mezclan eficiencia económica (algunas pueden reducir hasta en un 30% el costo de la energía) y ambiental.