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No sirve para el sueñito...


Hoy, después de un calurosísimo día, llegué dispuesto a hacer lo que nunca suelo hacer: Regalarme un tiempito y pegarme una siesta. Para ello, como el sueño definitivo se me dificulta cuando no es de noche, se me ocurrió poner en mi iPod el último podcast de GPS, el programa de Fareed Zakaria en CNN. Me amenizaría el sueño, pues tal vez la temática sería tan aburrida -y tan común- que mis ojos empezarían a caer lentamente hasta llegar al letargo. Pero me equivoqué: Me retrasó el sueño 26 minutos. Vale la pena verlo.

Cambio climático...

En este blog he escrito varias veces pidiendo soluciones al calentamiento global: A veces criticando a la lenta burocracia de los países desarrollados, otras -ilusamente- exigiendo responsabilidades a los individuos y, más recientemente, mostrando actitudes derrotistas frente a los papeles de los entes de la sociedad en el problema. Y me parece que la última ha sido la más sensata de todas. Sin embargo, toda esa maraña de letras se basa en una premisa: El Cambio climático, y más exactamente el calentamiento global, es algo que existe. Y esa existencia se debe a factores antropogénicos. Y bueno, eso es lo que la mayoría de alumnos de primaria en adelante repetimos porque es con lo que nuestros maestros de biología, ciencias naturales y sociales nos adoctrinan todos los días.

En todo caso, hace ya varios días me tocó hacer una investigación sobre "problemas ambientales del mundo". Y -como buen revoltoso intelectual- me dió por buscar argumentos de peso (no lo que dice Ann Coulter) para refutar lo que nos vienen repitiendo y repitiendo desde que tenemos memoria. Pude encontrar varios enlaces interesantes que me hicieron cambiar radicalmente la visión del problema:

Todos vale la pena leerlos. Sin duda es otra visión a lo que nos presentan todos los días en todas partes. La invitación -no sé que tan estéril sea- es a revisar los documentos, y si se puede, revisar las posiciones personales. Yo pasé del típico pensamiento de Editorial de periódico escuelero a pensar que no podemos hacer nada para evitar el calentamiento global. No es música para los oídos de los voluntaristas ecológicos, pero bueno, es mejor que los grandes supuestos infudados.

Responsabilidad, genes y calentamiento global.

Siempre me han causado curiosidad los escritos de los mis compañeros sobre la tierra o el cambio climático. Siempre que se escribe sobre esto, es una buena oportunidad para pintar pajaritos en el aire. Para soñar con lo que probablemente nunca será y prometer futuros brillantes. Pero bueno, esto no tiene pretensiones verídicas, sino exponer algunos puntos que pueden ser ahora importantes para hablar con las paredes y reclamarle soluciones al gobierno, y en el futuro lagrimoso para tener una prueba de que nos preocupamos, pero que no hicimos nada. Ojalá me equivoque.

Para hablar de responsabilidad en temas ambientales, vale empezar por los que son iguales al que escribe esta ponencia: los individuos. Cuál es su papel en salvar a este mundo frívolo de las garras de sus propios excesos? Uno podría decir que es clave y que nos podríamos salvar de muchas catástrofes si actuáramos por convicción (cambiar las bombillas incandescentes, bajarle a la intensidad de los aires acondicionados en estas cálidas tierras, etc.). Pero hay que tener en cuenta, que eso de hacer las cosas porque sabemos que nos hacen bien no ha tenido mucho éxito en la historia: No hace falta recordar al paciente que saben que es mejor ir al médico para prevenir una enfermedad terminal, pero que por simple terquedad no lo hace. Y así ha pasado con guerras, crisis económicas y hasta matrimonios.

En segundo lugar, es importante mencionar, a la que se supone es una de las bases de nuestra sociedad occidental: la familia. Y tenemos que preguntarnos lo mismo que en el párrafo anterior.
En esencia, soy escéptico frente al papel del grupo familiar en la solución de los problemas que puede estar afrontando el planeta, ya que finalmente, si el bello y optimista mundo de las acciones por convencimiento y ciudadanía existiera, serían los individuos y no los grupos sociales los que podrían ayudar a hacer frente a los problemas climáticos que el planeta vano y desgarrador resguarda. Además, hay soportes para decir que son los amigos, mas no los padres, los que tienen influencia decisiva sobre algunos comportamientos y valores que los jóvenes adquirimos.

En tercer lugar cabe hablar del Estado y del gobierno. En términos prácticos, la labor de los gobernantes debería resumirse a ser visionarios: Ver los problemas que se vienen y prevenirlos en el futuro cercano, o antes de que hagan daño. Pero eso parece algo iluso, en especial por aquello de las lentitudes burocráticas y la naturaleza de la política. En todo caso, si eso fuera cierto, el papel del Estado no debería ser el de imponer regulaciones costosas y eco-radicales, sino ofrecer incentivos y alternativas que sean económicamente viables y ambientalmente aceptables, como por ejemplo, las tecnologías verdes, que mezclan eficiencia económica (algunas pueden reducir hasta en un 30% el costo de la energía) y ambiental.

La globalización es buena....

Dos de los aspectos que más se critican de la globalización son i) la supuesta irresponsabilidad y monopolización de los mercados por partes de gigantes empresas y ii) la eliminación de culturas distintas a la anglosajona. Aquí hay dos links que muestran que lo que dicen de la mundialización es simplemente algo más en el ruido de pensamientos sin base.

  • Si la globalización sólo admitiera la cultura americana o británica, Jorge Celedón no hubiera ganado un premio Grammy y no podría llevar un ritmo como el vallenato (muy poco anglo) a tierras más lejanas que Mompox. Vea la nota aquí.
  • Si la globalización implica que las compañias multinacionales sean irresponsables, entonces, ¿Porqué Cerrejón (cuyos dueños son nada más y nada menos que BHPBilliton y AngloAmerican, dos pesos pesadísimos del mundo de la minería) está invirtiendo en manejar responsablemente sus emisiones de CO2 y reforestar las areas de las cuales ya ha sacado carbón?. Vea la nota aquí.
Probablemente existan casos de empresas irresponsables ó de culturas suprimidas, pero son aislados. Y es por la falta de globalización que esto sucede: Si existiera una verdadera sociedad global en muchas partes del mundo, la información podría fluir libremente y se podría culpar a los culpables por sus fallas y actos de mala fé. Y en el caso de la cultura, es la mundialización la que ha permitido que muchas culturas no se queden enterradas y su valor se pierda por siempre. Le debemos que podamos comprar y escuchar música o cuadros y telas de África.

Poca retórica, acciones puntuales

Ese parece ser el lema ideal de cualquier campaña, bien sea política, deportiva o hasta ambiental. Sin embargo, estas letras con caras sonrientes e inspiración reformista, pocas veces se cumplen y nunca pasan de las pancartas gigantes y de los presupuestos de publicidad. Un buen ejemplo es la posición del G8 entorno al calentamiento global: Muchas promesas de acción, metas globales para los próximos 100 años y largos y elocuentes discursos, pero poco de obras puntuales.
Mucha retórica y pocas acciones puntuales. La escena parece ser común: La ineficiencia de los políticos para sacar adelante proyectos que puedan cambiar verdaderamente este mundo un desorganizado y sucio.

Al parecer, la sociedad occidental va a tener que trastear las responsabilidades del Estado al sector privado y a los individuos por la ineficacia de la burocracia para solucionar un problema que, a grandes, rasgos se ve que nos afecta ahora y lo en los próximos 100 años. O más sofisticadamente, en el corto y largo plazo.

Si es así, nuestra tarea no espera. Como consumidores debemos exigir que las empresas nos vendan productos “verdes” y amigables con el medio ambiente. En el hogar debemos ser más racionales a la hora de usar la electricidad y el agua caliente cuando nos bañamos, usar lo menos posible los aerosoles y hacer el esfuerzo por comprar de esos bombillos ahorradores. En el carro, bajarle al aire acondicionado y cuando tengamos posibilidades, comprar autos híbridos o con un menor consumo de combustibles. A la hora de ir a votar en las urnas, tratar de escoger un candidato que tenga algún tipo de conciencia ambiental, y cuando este gane, hacer la veeduría ciudadana necesaria para ver que lo que habla no era una cuestión de coyuntura por ganar votos de algunos hombres obsesionados con los temas de la vida y el ambiente. Y finalmente, educar o debatir en nuestras casas sobre los efectos del cambio climático en nuestro diario vivir.
Nada de esto es difícil. Si uno se pone a analizar bien, es cuestión de cambiar unos hábitos negativos que las comodidades de la libertad nos han permitido tener.

Esta lucha es necesaria y requiere solo de algunos cambios en nuestros hábitos. Nada es radical. No se propone que volvamos a la edad de piedra, que dejemos de usar carros o que en los Estados Unidos se dejen de usar los aires acondicionados. Simplemente, son propuestas para que los individuos y las empresas enfrentemos algo que la burocracia arrogante, a pesar de muchas pruebas, no ha querido tomar en cuenta, inclusive de sus tremendas implicaciones sobre nuestras vidas, las de nuestros hijos y todas las generaciones de allí en adelante.

Ensayo: Desarrollo sostenible, ventajas y limitaciones en una sociedad globalizada

Desarrollo sostenible, ventajas y limitaciones en una sociedad globalizada

El último lustro ha sido excepcional para el debate medioambiental: Hace 6 años en los libros de globalización más populares se olvidaba hacer referencia al cambio climático y sólo se hacía relato a las fallas de mercado y los alarmantes cambios en la desigualdad salarial. Hoy en día el tema tiene más audiencia, inclusive, en el gobierno de los Estados Unidos, el país más reacio a la firma de tratados de regulación de emisiones y a la propia existencia del calentamiento global. Tal vez esto ha ocurrido principalmente por la agenda que propone del ex-vicepresidente Al Gore con su película An Inconvenient Truth, el desastre del huracán Katrina (cuyo costo para el Gobierno Federal fue de cerca de US$150.000 millones, es decir, 1,5 veces el PIB de Colombia en 2006), el tsunami en Asia-Oceanía y la propia globalización de los medios de comunicación y con ello la información a la que tenemos derecho a recibir como ciudadanos del globo.

A partir de esto ha surgido con más intensidad el debate sobre qué hacer para prevenir que volvamos a cometer los mismos errores que la civilización cometió durante los pasados 2 ó 3 siglos para que las generaciones futuras no tengan preocuparse de lo mismo y puedan concentrarse en lo que les incumbe, a lo que llamamos desarrollo sostenible. Y mucho se ha dicho sobre este. Algunos propiamente han dicho que es una cantaleta de ambientalistas y nada más, aún cuando la evidencia empírica y científica sugiere que algo extraño pasa hoy en día en el planeta azul, además, argumentan que todo lo que sugieren los estudios para tomar acción contra el cambio climático (energías más eficientes, autos más pequeños, etc.…) terminaría por lastimar o por lo menos, ralentizar la economía mundial. Muestra de su ignorancia y de falta de apertura al debate es por ejemplo, cuando el Presidente Bush Padre en un discurso dijo que Al Gore (entonces pre-candidato presidencial por el partido Demócrata) era tan preocupado por el medio ambiente, que los americanos se llenarían de búhos y no tendrían empleos. Lo peor es que Bush ganó y su mandato terminó en una fuerte recesión.Las ventajas del desarrollo sostenible en sí son muchas, empezando porque un manejo adecuado de nuestro entorno nos garantiza que por lo menos tendremos un sitio estable a lo largo del tiempo en cuanto al clima y un sistema responsable en el largo plazo si nos referimos a la flora, fauna y al correcto ciclo de los ecosistemas. En teoría, las ventajas de un método para administrar de manera globalizada el entorno que nos rodea son que estas serían mundialmente compartidas y ejecutadas por todos, según nuestro grado de capacidad para enfrentar los posibles costos que el desarrollo sostenible puede generar, es decir, de una manera equitativa y justa.
Sin embargo, este panorama no llena los requerimientos de muchos políticos, que repito, argumentan que el costo de una sociedad sostenible significaría mucho en pérdida de empleos y crecimiento económico. Y muchos creemos que su visión es de muy de corto plazo. Según la ONU, hacer frente al problema del cambio climático y encaminarnos en dirección de un ambiente más sostenible costaría tan sólo 0,1% del PIB Mundial hasta el 2050 (principalmente por reducción de emisiones, inversiones en eficiencia y nuevos tipos de energía), donde se crearían nuevos empleos de investigación. Además, el valor que se enfrentaría gradualmente hasta el año ya mencionado, es mucho menor al que se debería pagar por cada desastre que se genere (mejor aún, se ahorrarían vidas) y el crecimiento económico que se pierda por las regulaciones ambientales sería poco comparado con la total parada de los medios de producción de un futuro y caótico mundo, donde nos lamentaríamos de no haber actuado antes cuando los costos relativos eran mucho menores para arreglar el problema.
Sin embargo, falta mucha conciencia relativa a los países más desarrollados, quienes tienen la mayor responsabilidad por sus grandes emisiones de gases, que según el sagrado principio de equidad, son los que deberían pagar más, al menos en un mundo de responsabilidades y acciones compartidas.

En conclusión, estamos enfrentados ante dos propuestas que la humanidad debe tomar: El de la acción en cuanto al desarrollo sostenible, con todas las limitaciones y sacrificios que en el futuro cercano significan (autos menos potentes y restricciones en el uso de la energía de cualquier origen) y las ventajas que en el largo plazo esperamos (mejor calidad de vida y un ambiente más sostenible) ó continuar con el actual modelo de hablar y no hacer nada, con todos los placeres que significan para los próximos 15 ó 20 años, pero con repercusiones probablemente irremediables e irreversibles para el resto de la historia.
Allí están, todo está por hacer, sólo la voluntad política de los pueblos y sistemas de gobierno globales más eficientes y justos podrán determinar nuestro futuro de la forma más correcta e inteligente.

Desarrollo Sostenible

En 1983, en una conferencia, la Comisión Mundial del Medio Ambiente de la ONU definió al desarrollo sostenible como “un desarrollo que satisfaga las necesidades del presente sin poner en peligro las capacidades de las generaciones futuras para atender sus propias necesidades”. Algo así como un progreso responsable del ahora que sea coherente con el adelanto de las futuras generaciones del planeta, y que les permita además, no sacrificar metas por arreglar problemas que les dejaron sus padres.
Los procesos productivos del presente no están encaminados hacia el aseguramiento de un futuro sano, al menos en el sentido ambiental; De hecho, las emisiones de gases de efecto invernadero se están incrementando de manera preocupante, impulsados especialmente por el espectacular crecimiento económico chino (Y con ello más y más industrias), autos ineficientes y subutilizados en los Estados Unidos, energía altamente ineficiente y un déficit decepcionante de voluntad política. Siendo esta última la más preocupante, no sólo por su falta de visión, sino también por su poca apertura a argumentos e investigaciones científicas y la negación a tomar medidas para ayudar a arreglar el problema con la excusa de los altísimos costos económicos para las industrias y nefastos efectos sobre el empleo.
Por fortuna, este déficit ha empezado a disminuir, especialmente y a la fuerza por dos lamentables catástrofes naturales como lo fueron el huracán Katrina y el tsunami en Asia-Oceanía. Sin embargo, el aumento de la voluntad política no ha significado un aumento importante en las acciones para frenar el problema ambiental que se viene.
Pero es de resaltar el esfuerzo del sector privado por ser más eficiente en las emisiones que produce. Muestras de esto, son Toyota y Honda, que han venido desarrollando automóviles híbridos y más eficientes en el consumo de combustible, lo que sin duda les ha representado un aumento en su participación en el mercado de autos globalmente frente a fabricantes de carros que son ineficientes en el asunto de los combustibles, como por ejemplo Ford y General Motors.
Sin embargo, estos esfuerzos son pocos. Mientras no exista una voluntad global (Como la que vimos en contra del terrorismo después del 11 de Septiembre) para retardar el avance del calentamiento global, poco importarán los esfuerzos aislados de algunos.
Se necesitan esfuerzos de apoyo a la investigación y desarrollo de nuevas tecnologías para nuevas formas de energía, o que por lo menos hagan más eficiente el uso de las actuales fuentes de energía.
Según el semanario londinense The Economist y el IPCC de la ONU (Intergovernmental Panel on Climate Change), la forma más eficiente de tomar acción en cuanto al calentamiento global es invertir en los siguientes sectores:
- Sistemas de calefacción y alumbrado: Estos sistemas son altamente ineficientes, por ello, cortar las emisiones de este sector no tendría un costo relativo alto, ya que si se invierte en mejorar la eficiencia general de esos sistemas, tanto las emisiones como los precios caerían. Además el IPCC argumenta que cortar el 30% de las emisiones de este sector no tendría costo.
- Transporte: Esta parte es más difícil porque las ventas de carros están por las nubes y la demanda por combustible es altamente inflexible. Si la gente quiere conducir, conduce, a menos de que los precios de la gasolina crecieran con descaro, sin embargo, tales niveles serían inaceptables para los políticos, es decir, prácticamente imposibles. Entonces, para controlar las emisiones en el sector de transportes, nuevas tecnologías, como bio-combustibles y autos eléctricos son necesarias.
- Generación de Energía: En este sector hay gran esperanza para recortar emisiones porque el costo de energías renovables, como la solar y la eólica, han venido cayendo a partir de la última década y la nuclear ha mejorado en eficiencia. La captura y almacenamiento de Carbono (Que consiste en re-inyectar el dióxido de carbono a la tierra) son también una buena opción, aunque las tecnologías de este último están en una etapa de desarrollo tecnológico menor.
Entonces, las soluciones tecnológicas para el cambio climático, están disponibles. El problema, es que los combustibles fósiles siguen siendo más económicos. Por fortuna, la economía viene al rescate. La quema de combustibles fósiles le trae un costo a la sociedad que no se ve reflejados en su precio. Con impuestos se puede lograr que esos costos no-reflejados existan y los bio-combustibles sean competitivos frente a los combustibles fósiles.
Además, el costo calculado de aplicar todas estas medidas para hacer frente responsablemente al calentamiento global según el IPCC es de tan sólo el 0,1% del Producto Interno Bruto Mundial por año hasta el 2050, es decir, en términos relativos, 1/20 del gasto mundial en defensa y en cifras absolutas a dólares de 2007, 450.000 millones de dólares, menos del gasto anual en defensa de los Estados Unidos.
Este gasto debe ser compartido y equitativamente distribuido de acuerdo al nivel de responsabilidad con el cambio climático. Es decir que, según las emisiones del 2005, los Estados Unidos deberían asumir un 30,3%, Europa un 27,7%, Sudeste Asiático un 12,3%, Rusia un 13,7%, América Latina un 3,8%, Japón un 3,7%, Medio Oriente un 2,6%, África un 2,5%, Canadá un 2,3% y por último Oceanía con un 1,1%.
Con todas las medidas y recomendaciones anunciadas, el mundo podría pensar que resolver el calentamiento global puede ser fácil. El problema, es, como ya dije anteriormente, que si esto no se aplica globalmente no va a funcionar. Ni siquiera si sólo algunos pocos y grandes países lo aplican. Todos lo necesitamos. En pocas palabras, tal como lo define el IPCC, la tecnología y la economía pueden contribuir bastante con la solución del problema, sin embargo, lo que sigue siendo tan difícil es la parte política.