Necesidad de cambio

El gobierno de Álvaro Uribe se encuentra, es difícil afirmar lo contrario, en uno de los peores momentos desde que asumió como Presidente hace ya más de 6 años. Las fortalezas que generalmente servían para sustentar algunos éxitos se han, lastimosamente, ensombrecido con el pasar del tiempo: La economía colombiana seguramente crecerá menos del 3% el año que entra, pues se mezclarán varios hechos negativos: Crédito más caro adentro y afuera, reducción en el crecimiento de todas las economías alrededor del globo y los precios de las materias primas con tendencia a la baja. Por otro lado, el panorama en el tema de la seguridad es cada vez más estático: Da la sensación de que el progreso ha llegado a un punto muerto. Caen cabecillas de las FARC. Caen líderes de bandas emergentes. Pero el sentimiento de inseguridad permanece, sigue intacto. Y eso lo confirma, inclusive, la tasa de homicidios, que parece haberse detenido después de una espectacular desplomada de 60 a 30 por cada cien mil habitantes en pocos años.
Y más preocupante que los guarismos y las cifras que hacen pronosticar un año difícil en el 2009, es la actitud que el Gobierno ha asumido: Es incapaz de reconocer que no estamos inmunes frente a una crisis de proporciones gigantescas. O que el nuevo enemigo en la batalla por la legitimidad del Estado y las Instituciones no es necesariamente el desgastado terrorismo fariano, sino, tal vez el surgimiento de nuevas formas de violencia urbana. La respuesta a los nuevos interrogantes que azotan a la sociedad colombiana se limita a repetir lo mismo en los mismos escenarios de siempre: Confianza inversionista, responsabilidad social empresarial y seguridad democrática en los congresos gremiales. Pero nunca hay un viraje. Ni siquiera en las formas: Todo se repite, y los remedios que sirvieron para palear y subsanar algunas heridas del pasado no necesariamente tendrán la misma efectividad con los nuevos retos. Y tal vez por esa misma necesidad de nuevas políticas públicas, es necesario un cambio de gobierno. Nuevos burócratas con propuestas atrevidas para que nuestra economía retome el dinamismo con el que venía creciendo. Nuevas ideas para reducir la informalidad y aumentar la cobertura del sistema contributivo en salud. Nuevos ministros que definan políticas integrales que puedan enfrentar las nuevas hordas de ladrones y asesinos urbanos que empiezan a manosear nuestras libertades.
Una nueva reelección presidencial es inconveniente e inadecuada por muchos motivos. Existen razones constitucionales y de equilibrio de poder que son importantes. Pero tal vez, la imperativa es la incapacidad de generar nuevas respuestas a nuevos fenómenos, sí se mantienen los mismos gobernantes. Por eso tan importante es buscar un cambio...

2 comentarios:

juan francisco muñoz dijo...

creo que el tiempo va mostrando que Uribe nunca tuvo propuestas tan "refrescantes" e innovadoras despùés de todo. El problema de su política, esque es su propia obsesión, y la verdad, es que no solo se ha vuelto poco efectiva, sino también aburrida. También creo que por eso es que Uribe siempre necesitó de escuderos. Cuando una "batalla" se quiere librar con las mismas armas de siempre, es necesaria una guardia vehemente y adoctrinada.

Luis Felipe Jaramillo dijo...

JF:

Yo sí creo que alguna vez las propuestas de Uribe fueron innovadoras. O por lo menos, oportunas. Claro que eso fue muy al comienzo del gobierno, antes de que por todo eso del real politik tuviera que mezclarse y rebajarse a las prácticas y propuestas de la política tradicional.