Columna Comentada: Es el comercio, estúpido.

Doce países que integran el continente suramericano dejaron constituida el 23 de mayo pasado en Brasilia, capital de Brasil, la Unión de Naciones Suramericanas, Unasur. Por donde quiera que se la mire, y como se la quiera mirar, se trata de la fecha histórica más importante en la vida de esas doce naciones. Es el punto de llegada de una meta que se habían propuesto desde 1810 los forjadores de la Independencia.

Fue el gran sueño de Simón Bolívar, que se esforzaron por hacer realidad en los siglos Diecinueve y Veinte varios de los grandes estadistas de Nuestra América, y que siempre, de alguna manera, fracasó saboteado, bien por las potencias europeas, bien por la potencia estadounidense, para cuyos intereses la unidad de América Latina no es una buena cosa; pero Unasur también marca el punto de partida hacia una meta superior, la creación de una nueva potencia en el mundo, no una potencia militar, no una potencia para competir, sino una potencia para cooperar, para brindarse apoyo entre las hermanas naciones que la componen, para intercambiar sus capacidades, su creatividad, sus recursos en beneficio de todos y de cada uno.

Luis Inacio Lula da Silva, presidente de Brasil, y anfitrión de las doce naciones participantes en la histórica reunión, dijo que "Los progresos en los campos económico y sociopolítico nos dan creciente proyección en el nuevo mundo multipolar que se está constituyendo", por lo cual "Unasur será parte de nuestros proyectos nacionales de desarrollo en un continente de democracia, justicia y paz. Constituiremos nuestra unión en la base de los exitosos procesos de integración del Mercosur [Mercado Común del Sur] y de la Comunidad Andina de Naciones [CAN] donde más de 300 millones de personas se benefician de una base de crecimiento económico e inclusión social. Dejamos atrás una historia de aislacionismos recíprocos".

Apenas comienza el camino. Dejar atrás una historia de aislacionismos recíprocos es fácil de decir. Llevarlo a la práctica va a requerir esfuerzos colosales y una sinceridad a toda prueba por parte de las naciones que se han comprometido en esta cita con la historia. Y no tanto porque los unasureños -como en adelante será el gentilicio adicional de los nativos de América del Sur¿ no tengamos la intención de romper nuestro aislamiento recíproco, sino porque los norteños harán lo posible para evitar que superemos ese aislacionismo. Quieren que el Sur siga mirando al Norte -como los esclavos miran a sus amos¿y por consiguiente detestan que el Sur mire al Sur.

Para comenzar, es imprescindible que las naciones de Unasur tomen cuanto antes la determinación de abolir las visas y hacer que la circulación de nacionales unasureños sea libre de un extremo a otro del continente suramericano. Al mismo tiempo, debe implantarse una visa general para cualquier ciudadano de cualquier nación por fuera de Unasur (salvo cuando se establezcan convenios), y que esta visa tenga validez en todas las naciones de Unasur, sin importar cuál la expida. Si no empezamos por ahí, no empezamos.

Enseguida habrá que implementar programas de conocimiento mutuo, grandes paquetes turísticos que faciliten los viajes, que nos permitan conocer las muchas cosas maravillosas, en paisajes, en cultura, en calidad humana, en diversiones, en tantos aspectos, que nuestro continente les ofrece a sus habitantes, y que paradójicamente los europeos y los estadounidenses conocen ya muy bien y mucho mejor que los propios suramericanos, debido a ese aislacionismo recíproco que el presidente Lula da Silva propone dejar atrás. Después vendrá, como corolario natural, la moneda común.

Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Colombia, Ecuador, Guyana, Paraguay, Perú, Surinam, Uruguay y Venezuela se han puesto en Unasur una cita con la historia. El que no la cumpla será arrojado al basurero de la historia.

En este contexto, resulta extravagante que Colombia y Ecuador no reanuden sin dilación sus relaciones plenas.

Esta columna de Enrique Santos Molano ha resultado muy romántica. De hecho, se podría mimetizar, sin dificultad, con la parafernalia de los discursos que algunos presidentes latinoamericanos pronunciaron en esa cumbre en Brasilia. Y, tal vez, ese es el error del autor: Pensar -y escribir- como los mandatarios: Caer en el juego de las ilusiones que ofrece la política. Argumentar con el simplismo iluso que caracteriza tanto a los políticos cuando las cosas no trascienden del papel. Y es que, personalmente, creo que esto de Unasur es poco más que eso: papel. Porque la verdadera integración es la económica y por allí debería empezar todo el asunto: Tratados de Libre Comercio entre los países ce América Latina. Después sí el aspecto político, que ya es más de forma y de fachada y no repetir los errores que se han cometido con Mercosur y la CAN. Pero no al revés, como pretenden nuestros presidentes y el consabido columnista.

4 comentarios:

Carlos dijo...

Los tratados de libre comercio complicaràn las cosas. Es mejor que simplemente se abran las fronteras para los productos y servicios de los paises de Unasur. Y ya esta. Como en la Union Europea.

Ibetoo-chan dijo...

Como si el libre comercio fuese la respuesta a tanto problema que hay en esta región, creo que un tratado de libre comercio no es solo "papel" y nos beneficiaria todos (los ricos) habitantes del planeta =D
En fin, solo es tu opinión, yo no diria eso por que en realidad no sé leer el futuro (creo) no tengo antecedentes historicos que confirmen tu propuesta, solo la union europea (que es un tratado similar que no ha fracasado)

Luis Felipe Jaramillo dijo...

Carlos:

Puedes tener razón. De pronto pequé de analizar muy a la carrera y poner como opción los tratados de libre comercio. Pero creo que hay un punto común y es el que para llegar a la verdadera integración, antes de los actos pomposos -muy al estilo Chávez y Cordoba- hay que trabajar en los lazos económicos.

Luis Felipe Jaramillo dijo...

ibetto-chan:

Es muy simple: Sin comercio no hay integración. Y nuestros fabulosos líderes han firmado pactos -y más pactos- y han asistido a numerosas cumbres durante muchísimos años y aún no hay resultados tangibles. Aún, la misma CAN está moribunda y el MERCOSUR está en el limbo. Y lo repito: Antes de pomposas cumbres, es mejor trabajar en aspectos económicos que definen la auténtica integración. Sugiero -de nuevo- esta columna, que vuelve a ganar vigencia, de Andrés Oppenheimer.