Todos los seres humanos crecemos con signos que marcan a otros seres humanos. Y muchas veces, la vida se trata de estigmas: Del típico muchacho estudioso con gafas y vida social relativamente nula. O de la muchacha agraciada, poco interesada en sus deberes académicos y extasiada con los placeres de la carne. O de los padres de familia que dicen que la tecnología los atropella. En fin, la cantidad de comportamientos comunes, estereotipos y prototipos es infinita. Sin embargo, hay algunos que se repiten con más regularidad y certeza que otros. Creo que uno de ellos, por lo menos en las sociedades latinoamericanas, es el los universitarios subversivos: Muchos de ellos estudian en una universidad sostenida por el Estado, odian al sistema y se hinchan de rabia cuando ven algunas de sus capacidades. También luchan porque su voz no sea silenciada, cuando es prácticamente un hecho que en el fatídico –e hipotético- día en que lleguen al poder, su primera acción sería censurar la libertad de expresión. Algunos inundan, con ayuda de sus contrapartes, los foros de la nueva prensa electrónica con insultos, improperios y muchas (muchísimas) letras mayúsculas. Otros, con experticias más elocuentes, son el motor renovador del discurso miserabilista que tiene el control del debate en este país. En fin, esas son las características de los universitarios subversivos.
Algunos opinadores de sectores políticos afines a estos grupos de adolescentes alucinados han afirmado, en repetidas ocasiones, que vincular o proponer la ecuación Universidad Pública=Subversión es un equívoco. Y pueden tener algo de razón, teniendo en cuenta que estas ecuaciones sociológicas suelen tener sus importantes excepciones. Pero de cualquier manera, esa ecuación, en general, puede tener cierta validez: Sólo hay que empezar porque las universidades –y en especial las públicas- son parte clave de las estrategias macabras del terrorismo para extender sus tentáculos en las ciudades, fruto del resquebrajamiento de su poder en el campo. O que muchos de los movimientos guerrilleros que surgieron en América Latina en el tardío siglo XX tuvieron entre ojos a esos centros de educación. El mismo Ernesto Guevara decía algo por acá. En últimas, negar la existencia de la correlación es un imposible. Hasta los últimos videos de algún@s encapuchados incitando a unirse a movimientos hermanos de las FARC, puede servir de evidencia. Finalmente, los únicos que los hacen son ciertos analistas afiliados a la causa. Algunos analistas que "Ven lo que quieren ver. Oyen lo que quieren oír. Y casi siempre dicen la misma cosa”, para citar a Alejandro Gaviria.
En todo caso, a mí de estos universitarios subversivos no me molesta su existencia. Finalmente, son el resultado de algo que yo también critico con mucha regularidad (la falta de oportunidades, un aparato burocrático lento e ineficiente, etc…) y alabo con mucha confidencia (la libertad de expresión). Lo que me enerva del asunto es el ruido que hacen. En últimas, son como los del PDA: Poquitos, pero bullosos. Su forma de expresión, lo que dicen y como pretenden caricaturizar de manera diabólica y acomodada la realidad colombiana. Sus pancartas lanzando piropos a terroristas como las FARC y condenando a otros como los paramilitares. En fin, parte de toda esa horrible jerga de la que hablaba George Orwell cuando se refería a la ambivalencia de algunos sectores europeos de izquierda. Pero ante la indignación y el cólera que generan todas estas manifestaciones pifiadas de nuestra sociedad, como antídoto solo queda la reflexión y la pasividad, pues el activismo y la gritería solo sirve para darles más aliento. Para perpetuar el dolor de cabeza político. Entonces, la inacción, por lo menos, puede ser más efectiva, pues la futilidad de sus argumentos y las falacias de sus historias –como su cobardía para enfrentar el debate de frente- harán que se callen solos.
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Imperios y globalización
Siempre me ha causado curiosidad la hipótesis de los movimientos anti-globalización de que el mundo tiene a dividirse en dos partes: Los malos son los imperios millonarios que poseen lujos, bellas avenidas y viven secuestrados por los medios de comunicación. Los buenos son aquellos que sostienen a aquel mundo arrogante y opulento, mientras son explotados y viven moribundos. Y así, por siempre, el orden se perpetua. Los pobres siempre serán pobres (y más pobres) y vivirán en la miseria y los ricos siempre serán más ricos y disfrutarán más de sus beneficios terrenales, mientras se frotan las manos y ven como saquean y explotan cada vez más a los explotados.Pero como cosa rara, creo que esto carece de algún rigor y no es más que un conjunto de juicios sociológicos acomodados para adoctrinar a nosotros, los muchachos del tercer mundo.
Me parece que el mejor ejemplo es la reciente adquisición, por parte de la multinacional Tata de India (una antigua colonia del flamante Imperio Británico) de Jaguar, un símbolo de la exquisitez y la clase inglesa, y de Land Rover, un ícono del poderío militar de antaño.
Para explicarme quiero preguntar: Tiene sentido, en un mundo como el que plantean los movimientos anti-globalización, que los símbolos y las empresas de los opresores pasen a manos de los oprimidos?. Yo creo que no.
Otro buen ejemplo es el de los famosos Fondos de Riqueza Soberana, que pertenecen a los gobiernos de algunos países que se han beneficiado de los altos precios de los commodities, que son mayoritariamente países pobres. Ellos buscan rendimientos para sus reservas excesivas y a veces se parquean en los bonos del Tesoro de los Estados Unidos. En pocas palabras, pueden ser los dueños de la deuda de la nación que suele ser el blanco de las satanizaciones cuando se habla de globalización.
Lo que debe quedar claro es que en un mundo como el de hoy, es diferente al que plantean mis contemporáneos revoltosos: En su utopía trágica (para justificar sus revoluciones), el orden nunca cambia y en este mundo terrenal y verdadero, el cambio, como lo han demostrado los indios, los chinos y hasta los irlandeses, es el pan de todos los días.
Sobre los origenes del "mamertismo"...
Mucho se ha discutido sobre el orígen de los "mamertos". Algunos como Jaime Ruíz dicen que son fruto del perverso y parcializado manejo ideológico que dan los profesores en las universidades. Otros como Alejandro Gaviria argumentan que son víctimas de un modelo sociológico que han escuchado siempre, donde se sienten víctimas del sistema, son bastante pesimistas y exageran las desigualdades (reales) de una manera indignante. Tan indignante que solo cabe en los discursos populistas y de la extrema izquierda.
Yo le creo a Alejandro más que a Jaime porque dudo que las universidades tengan miles de muñequitos manejados como títeres, no sólo porque es absurdo (en medio de la juventud irreverente y hasta indiferente en algunos casos) sino también porque a esa edad las bases ideológicas están muy cimentadas y cambiarlas resulta difícil.
Yo creo que el problema (si así se le puede llamar) viene de más atras. De los años de pasividad política, de la adolescencia temprana, de la secundaria media, antes de prepararse para la universidad.
Creo que el "mamertismo" tiene origen allí porque esos años, como ya dije, son de pasividad política, de repetición de "Los ideales de Marx eran...." ó "el injusto capitalismo de la revolución industrial" y de lectura de poetas y autores mamertos como William Ospina, Arturo Alape y Ernesto Sabato, quienes no vacilan en criticar al "capitalismo salvaje" ó a la "globalización" y hacer melancólicas metáforas de porque el mundo es pobre, mientras ignoran grandes exitos del capitalismo en paises como República Checa e Irlanda.
Esa insistencia de melancolía, de pesimismo y destructivismo sistémico termina por colarse en las mentes de los "mamertos" del futuro porque no les interesa pensar más allá de sus narices (al menos en política) (Por preferencias claramente dirigidas por las hormonas juveniles). Entonces, van por el camino fácil de pensar lo que otros piensan sin saber aún de otros puntos de vista como Oppenheimer y Baghwati.
Además, yo creo que los docentes apoyan esto con el fin de "incentivar el sentido crítico".
Que bueno sería que ese sentido fuera crítico y no destructivo.
Yo le creo a Alejandro más que a Jaime porque dudo que las universidades tengan miles de muñequitos manejados como títeres, no sólo porque es absurdo (en medio de la juventud irreverente y hasta indiferente en algunos casos) sino también porque a esa edad las bases ideológicas están muy cimentadas y cambiarlas resulta difícil.
Yo creo que el problema (si así se le puede llamar) viene de más atras. De los años de pasividad política, de la adolescencia temprana, de la secundaria media, antes de prepararse para la universidad.
Creo que el "mamertismo" tiene origen allí porque esos años, como ya dije, son de pasividad política, de repetición de "Los ideales de Marx eran...." ó "el injusto capitalismo de la revolución industrial" y de lectura de poetas y autores mamertos como William Ospina, Arturo Alape y Ernesto Sabato, quienes no vacilan en criticar al "capitalismo salvaje" ó a la "globalización" y hacer melancólicas metáforas de porque el mundo es pobre, mientras ignoran grandes exitos del capitalismo en paises como República Checa e Irlanda.
Esa insistencia de melancolía, de pesimismo y destructivismo sistémico termina por colarse en las mentes de los "mamertos" del futuro porque no les interesa pensar más allá de sus narices (al menos en política) (Por preferencias claramente dirigidas por las hormonas juveniles). Entonces, van por el camino fácil de pensar lo que otros piensan sin saber aún de otros puntos de vista como Oppenheimer y Baghwati.
Además, yo creo que los docentes apoyan esto con el fin de "incentivar el sentido crítico".
Que bueno sería que ese sentido fuera crítico y no destructivo.
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