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Pequeñas diferencias (ii)

Mi entrada anterior (Pequeñas diferencias, Enero 23 de 2009) ha sido, por poco, la más comentada en este blog: Hasta el momento, ha tenido 9 comentarios, lo cual supera con creces el 90% de los posts (sin comentarios) y con comodidad al 10% restante (de 1 a 8 comentarios). Este hecho me ha causado cierta curiosidad, pues las columnas que más se comentan son generalmente las más polémicas. Y la intención, al escribir era todo menos polemizar: Al contrario, era una crítica, por lo menos parcial, a las constantes y repetitivas disyuntivas y dicotomías que se nos pretenden imponer todos los días entre hombres y mujeres. Un intento por dejar las riñas y ponernos, sólo una vez, en un mismo nivel, así este fuera vergonzoso (la realidad de la genética y la racionalidad de la supervivencia son poco joviales). Evidentemente, fracasé en la labor. Aún no sé si se dió por malinterpretación o por algún bache retórico. Tal vez me quedaré esperando esa respuesta, inclusive antes de que hombres y mujeres arreglen sus diferencias...

Pequeñas diferencias

Hombres y mujeres parecen empecinados en recalcar sus diferencias. En aumentar sus discrepancias. En resaltar sus incompatibilidades. Por ejemplo, todos los machos que alguna vez hemos usado el e-mail, en algún instante, hemos recibido alguna cadena con una dosis de orgullo masculino que deja ver, por lo menos entre letras, nuestra aparente superioridad sobre las hembras. Nuestra increíble habilidad para alistarnos rápido antes de una fiesta, que contrasta con la parsimonia de ellas para maquillarse y peinarse. En últimas, el mensaje es una inyección ineludible para nuestro desgastado ego varonil. Y las mujeres no se quedan atrás: Las bandejas de entrada de las señoras generalmente están invadidas por mensajes que replican las bien repetidas ideas sobre la ineptitud de los señores. O nuestros parecidos con los cerdos. O nuestra tragedia evolutiva, al parecernos más los Homo Sapiens a los simios que las Homo Sapiens a las poco libidinosas micas. En fin, la lista es larga y el intercambio de insultos oscila entre lo más cómico y los ofensivo. Pero el asunto es que el enfoque que usan los criticones de lado y lado es errado: Buscar con tanto ahínco las diferencias entre ambos sexos es, en el mejor de los casos, improductivo. En el peor, poco saludable. Al final, lo que dice Florence Thomas, una convencida y ruidosa feminista radicada en Colombia, es tan absurdo como lo que pretende decir el arisco que se refiere –y trata- a las mujeres como hembras.

Por ejemplo, las mujeres siempre han sido estereotipadas como las románticas de los cuentos amorosos. La luna es bella, y ellas la miran. Mientras tanto, los hombres hemos sido invariablemente etiquetados como unos seres rígidos y extremadamente racionales. La luna es bella, ellas la miran y nosotros refunfuñamos porque nos parece lo más normal. Pero a veces los estereotipos engañan, y las mujeres no quedan muy bien paradas como representantes de la sensibilidad: Un reciente estudio de la Universidad de New Castle, llevado a cabo en China y que involucró a más de 5.000 personas, reveló que el número de orgasmos que una mujer tiene en una relación sexual está directamente relacionado con la chequera y los ingresos del hombre en cuestión. Y más revelador aún: El mundano componente monetario tiene preponderancia sobre otras características esperadas del hombre perfecto (amor, pasión, técnica, etc…).
Por el mismo lado, los estudios del economista Tim Harford sugieren racionalidad (y muy poca sensibilidad) por parte de las mujeres a la hora de escoger pareja: En las ciudades grandes como Nueva York o Bogotá, el número de señoritas agraciadas y bien preparadas excede con presteza el número de hombres atractivos y con buenas chequeras. Dado el poder de la escasez que obtienen los señores, estos sacan provecho y van por la mejor opción. Mientras que en áreas rurales, donde el número de machos es mayor al de mujeres, estas actúan igual que los hombres: Obtienen ventaja mediante el poder que les da ser escazas. Y no se acuerdan de pobres diablos (como el autor) que no tienen mucho que ofrecer. Mucho menos los lerdos gorditos con gafas como Piggy, personaje de El Señor de las Moscas de William Golding.

En últimas, como muestran los ejemplos, las mujeres no se comportan de maneras tan diferentes a los hombres. El mismo estudio de la Universidad de New Castle habla de la existencia de un patrón genético y evolutivo común para los dos sexos: Estamos genéticamente predispuestos para explotarnos los unos a los otros sin piedad para conseguir las mejores oportunidades de supervivencia de nuestros genes. Que finalmente, no somos tan diferentes. Que es más cuestión de parafernalia y lugares comunes. Y que después de todo, no estaría tan mal seguir la letra de la canción de Arjona que escucho en este momento: Nosotros con el machismo / ustedes al feminismo... y al final / la historia termina en par / pues de pareja vinimos y en pareja / hay que terminar...

Elecciones Insípidas

Las elecciones presidenciales de este año en los Estados Unidos me han parecido muy aburridas. Extremadamente insípidas. Desaboridas en exceso. Desproporcionadamente secas. Y muy especialmente, sí traemos a colación el hecho de que son parecidas a todas las campañas anteriores: Ataques personales de ambos lados y técnicas recurrentes de la ciencia publicitaria: Hombres sonrientes, lugares comunes (los chicos malos de Wall Street, la necesidad de un cambio en Washington, etc…), las tradicionales ovaciones colectivas después de la mención de los lemas bien aprendidos (Change We can belive in ó Country first) y la exaltación, bien remachada, de los valores propios de la nación norteamericana: Disciplina, trabajo y perseverancia. Los de siempre, por antonomasia. En últimas, no sobra recordarlo, esta es una elección más: Tal vez no por su contexto de crisis, sino por su contenido y las formas ya bien revisadas en el pasado de cómo se están haciendo las cosas. Y tal vez por eso me tiñe un poco de desesperanza: A pesar de que haya un cambio, es probable que las cosas sigan muy parecidas. Por ejemplo, la disposición de ambos candidatos para reformar las chuzadas a llamadas telefónicas y muchos otros poderes del gobierno federal que violan algunos derechos inherentes de los seres humanos, es nula . Es muy probable, tal vez un hecho, que cierren o reformen Guantánamo. O que dejen de capturar a individuos calificados como terroristas, por puras sospechas y caprichos de idiotas –como diría Thomas Friedman - sentados en una silla en la oficina Oval. Pero en suma, las expectativas de cambios verdaderos y soluciones prácticas a los problemas que agobian a esa gran nación parecen ser sólo ilusiones, pues además del actual derrumbe de la economía, hay muchos otros problemas: Los ghettos, los empleados blue collar dejados de lado por la nueva economía globalizada de alta tecnología, un sistema de educación media deficiente, el quebrado sistema de seguridad social y las guerras sin fin aparente, como Irak y Afganistán. Y las soluciones a esos problemas pueden estar planteadas, pero son imposibles de aplicar por el mismo ambiente político que reina en el país del norte. Por ejemplo, para enfrentar los problemas del sistema de seguridad social, se podrían aumentar los impuestos a la nómina en un 90% o disminuir los beneficios sociales en un 110%. Algo complicado, mucho más con el actual contexto político. Una lástima.

Y mientras tanto, los que esperamos esos cambios y seguimos a los que probablemente sabrán solucionar muchos de esos asuntos -tecnócratas, generalmente-, seguiremos esperando. Escribiendo. Tratando de hacer ruido. Para ver si algún día la sensatez llega. Aunque, teniendo en cuenta algunas experiencias en otros asuntos, la sensatez llega tarde. Y muchos más si es en los políticos....

El dolor y las victorias

Muchas veces una escucha a la gente decir que cuando algún triunfo es propio se suele disfrutar más. Que el tufillo de victoria es mucho más notorio y mucho más placentero cuando se hace con el esfuerzo propio. Cuando uno la suda, para usar la jerga popular. Personalmente puedo testificar a favor de esta tesis. Recuerdo la grandeza que se siente salir premiado al final de un año académico con una medallita simbólica o algún ademán barato por el estilo. O resolver un problema de trigonometría uno mismo, sin ayuda de los demás. O hacer una exposición de un tema al cual uno es aficionado con señorío y buenos fundamentos, resultados del esfuerzo por buscar literatura y autores especializados. Y así muchos ejemplos, que esbozan de manera variada aunque certera la verdad sobre los triunfos esforzados. Sobre los partidos de la vida ganados en la vida definidos por nuestra propia excelencia, por nuestro propio esfuerzo. Sin embargo, esta experiencia tan regada y aceptada suele prestarse para malas interpretaciones. La más común, no cabe duda, es la que plantea la ecuación esfuerzo=sufrimiento. Como esta frase planteada en un ejercicio de religión: Los que sufren mucho, es para que luego de alcanzar su perfección, gocen mucho más todavía. A mí me parece que la tesis planteada, en el mejor de los casos, puede ser peligrosa, pues puede llevar a miles de individuos que la encuentren en uno de esos libros de Walter Riso, a irse por los caminos más escabrosos y más montañosos. Puede llevar a las aberraciones más absurdas, como las del Opus Dei y la famosa autoflagelación que practican sus miembros. O del famoso aparato que cada vez que los hombres de la comunidad sienten impulsos sexuales, transmite una adecuada dosis de electricidad y aturdimiento a los apaciguados miembros masculinos del ombligo para abajo. Y así, ejemplos por montón que muestran que la afición por el dolor no sólo es impráctica y sin sentido, sino también aberrante. Entonces, no sobra recordar que la tesis planteada no puede ser esfuerzo=dolor. Que sudar la camisa no es lo mismo que arañarse la camisa o cortarse las venas. Que el tufillo de la victoria esforzada no es el mismo al de aberraciones que, productos de lavados de cerebro, producen placeres equivocados. Que la vida es de pasitos y de constancia. No de destrucción. Y mucho menos de dolor.

* Para clase de religión.

Un paralelo

Se nos ha encomendado escribir un ensayo cuyo objeto sea hacer una comparación entre la situación política que actualmente vive la sociedad colombiana y  toda la horrible parafernalia que rodeó a la Argentina de mediados de los años setenta en adelante basados en la lectura de la novela El mar y la serpiente de la escritora argentina Paula Bombara. El libro relata la triste y melancólica historia de una pequeña niña que pierde a su papá idealista por la espantosa y efectiva labor de la Triple A. Casi pierde a su madre, pero por los vaivenes de las burocracias sin control, logra salir y reconstruir una vida digna, aunque con sus bemoles emocionales.

Al principio, me pareció que hacer el paralelo entre la Colombia del presente y la nación gaucha del pasado era un desatino, pues son épocas irrefutablemente diferentes: Hoy, por fortuna, nuestro país vive una de los mejores ciclos económicos de su historia republicana, mientras que la Argentina de entonces padecía una situación decadente, fruto del populismo peronista.

Hoy, por fortuna, Colombia tiene en sus ciudades principales tasas de homicidios más bajas que Washington D.C. o Atlanta. En los setentas, el terror se apoderó de la sociedad argentina, cuando miles de personas eran sacadas de noche de sus casas, embutidos en camiones, rematados en celdas con bombillas ahorradoras que generan esa molesta luz blanca y violadores, en el mejor de los casos; en el peor, torturadores profesionales y asesinos. De cualquier manera, la mayoría terminaba en un sitio desconocido, rodeado de tierra y huesos ajenos, siendo violado su íntimo e inviolable derecho a ser sepultado con dignidad.

Hoy, sin tanta fortuna, Colombia se encuentra bajo una especie de monotonía ideológica, donde el Presidente Uribe no tiene muchos críticos serios y poco –o ningún– contrincante político de peso que puede ofrecer algunos cambios que la sociedad colombiana necesita. En Argentina, no cabe duda, lo que había era disparidad en las creencias políticas de la gente. Se podría decir que el pueblo argentino apoyó el Proceso de Reorganización Nacional –la denominación oficial a la dictadura militar que empezó el 24 de Marzo de 1976- al principio, como una solución desesperada a problemáticas profundas generadas por malas elecciones y burocracias ineficientes. Pero de allí en adelante, no había certeza de qué modelo debería seguir el país gaucho. Entonces, de cualquier manera, resulta impreciso comparar la Colombia del presente con la Argentina del pasado.

Reflexionando, se me ocurre que una comparación más plausible y lógica podría ser la de la Colombia del pasado con la Argentina del pasado. Pero no necesariamente la Colombia de 1976 con la Argentina de 1976, pues a pesar de estar ambos decepcionados del mundo de la política y toda la parafernalia del establecimiento –Colombia con la derrota de Rojas Pinilla y Argentina con lo ya mencionado previamente–, lo que siguió a ese fatídico año fue muy diferente en ambos países. Argentina se embarcó en un vuelo sin retorno hacia la oscuridad, mientras que Colombia abordó una lenta barca hacía la estabilidad partidista, el surgimiento de algunos movimientos terroristas en el campo y el clientelismo político. De tal manera, pues, es impreciso comparar a países diferentes en épocas no homologables. Entonces, mi propuesta es comparar la Colombia de 1994 a 2002. La Colombia que sufrió con el ineficiente gobierno de Ernesto Samper y el sonso estilo de Andrés Pastrana.
  • La política y la institucionalidad
América Latina, a diferencia de Norteamérica, ha sido un continente inestable desde que escribe su propia historia. Colombia no es la excepción, y así mismo, es una paradoja dentro del continente pues es un país que ha sido azotado por fenómenos tan comunes como la violencia política, el clientelismo y el caudillismo. Pero –como pocos o ninguno– ha sido capaz de construir un sistema democrático estable que ha sabido resistir los ataques de varios dictadores en potencia. Sin embargo, eso no significa que la democracia colombiana  se haya inmunizado frente a embrollos políticos. Por ejemplo, un momento crítico para la institucionalidad nacional fue cuando en 1994, el recién posesionado Presidente Ernesto Samper Pizano fue acusado de hacer un canje con los hermanos Rodríguez Orejuela. De cambiar dineros calientes para una campaña necesitada por la voluntad política para inhibir actos de extradición a los Estados Unidos. O a finales del gobierno de Andrés Pastrana, cuando Colombia hacia maromas para quedar en los primeros puestos de la lista de Estados Fallidos de la Revista Foreign Affairs. Y no era para menos, pues más del 20% de los municipios de nuestro país estaban por fuera del área de influencia del Estado y lejos del Imperio de la Ley, siendo gobernados por grupos terroristas, como la guerrilla de las FARC y los paramilitares. Las cifras de desplazamiento y asesinatos eran solo comparables con las guerras africanas –que ahora parecen tan lejanas–: 423.000 y 29.000 personas, respectivamente.

En Argentina, la situación era similar, pues el terror abordaba a la sociedad entera. Por un lado, el terrorismo guerrillero, encabezado por el Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP) ocupó violentamente más de 52 pueblos, robó 166 bancos y recibió más de 176 millones de dólares por secuestrar a más de 185 personas, que en su mayoría –y si no eran personas importantes– eran devueltos muertos. El terrorismo de derecha se hacía sentir con más fuerza, pero con mucho menos ruido. Su primera representación fue la Alianza Anticomunista Argentina (Triple A), a quien la Comisión Nacional sobre la Desaparición de  personas le atribuye centenares de  desapariciones hechas de manera silenciosa, en las noches y sin dejar rastro alguno. Más tarde, después del golpe de Estado del 24 de Marzo de 1976, el asunto se hizo más severo, pues ahora contaba con el respaldo de los nuevos jefes: los militares.

Parecería que la situación es igual. Sin embargo, vale la pena hacer una precisión respecto a la posición del gobierno colombiano frente a los grupos paramilitares, pues muchos lectores –tal vez con exceso de perspicacia- pensarán que es fácil igualar las dos actitudes: Siempre fue de rechazo. Al menos, en términos oficiales. Sin embargo, no extraña ver a tantos políticos regionales tras las rejas, pues una cosa era el comunicado que se leía en el Palacio de Nariño en medio de una fría y lluviosa tarde bogotana y otra la que se hacía en las regiones, tal vez fruto de la misma debilidad institucional a la que Colombia llegó. Mientras tanto, en Argentina, la violación fue mucho más sistemática y se podría interpretar como política de Estado. El sólo hecho de que Argentina se uniera al sistema Cóndor, una iniciativa chilena con el apoyo logístico de la CIA cuyo fin era borrar –literalmente– a todos los grupos de izquierda del cono sur y de América Latina mediante operaciones de inteligencia de élite y atentados terroristas en varias regiones del mundo, me parece muy elocuente.

Finalmente, yo no sé qué tan exacto haya sido este paralelo. Tal vez peco en exagerar algunas fuentes o, quien quita, acomodar algunos hechos para que mis argumentos suenen más plausibles. Tal vez no. Sólo sé que es fruto de una profunda ignorancia en el capítulo argentino de las dictaduras del cono sur. Probablemente me hubiera ido mejor con Chile, país que conozco mejor. De cualquier manera, quisiera terminar este ensayo –con el que no estoy satisfecho–  afirmando que las cosas pueden mejorar y que las malas, por perversas que sean, pasan y se van: Colombia, nadie lo creería hace unos años, pasó de ser un con casi 29.000 asesinatos y 2.900 secuestros en 2002 a 17.200 asesinatos y 580 secuestros en 2007. Los grupos paramilitares se han desmantelado y las guerrillas están al borde de ser derrotadas. No es suficiente, lo sabemos. Y debemos trabajar para subsanar varias heridas que están sin subsanar y son frutos de nuestros propios errores del pasado. Pero, ya está bueno de discursos miserabilistas: El país ha mejorado. Personalmente, pasar de una cuasi-dictadura del terror a una democracia en apuros en menos de 6 años a mi me parece, de por sí, un gran logro.


COMENTARIOS
No estoy satisfecho con este ensayo. Tal vez le falta profundidad conceptual a la hora de concluir y cuando se habla del gobierno colombiano y los nexos con los paramilitares. Tengo que ampliar eso. Acepto comentarios.

Sorpresas

Estos días no se porque he escrito tan poquito. Probablemente me cansé de hablar de lo mismo o de recibir pocos comentarios, pues ya sabrán los bloggers y los escritores que uno escribe para que lo comenten. O al menos lo lean un poco y no sean sólo estudiantes de secundaria sin imaginación buscando "cómo es una sociedad ideal". O tocayos haciendo el tan común ejercicio egocéntrico de buscar su nombre en Google. O venezolanos buscando profecías sobre su país. Y hasta inquisidores de la globalización buscando conclusiones sobre Dónde está la franja amarilla? del poeta Ospina. Pero bueno, seguiré escribiendo por inercia. O por no botar a la basura tantos minutos invertidos, textos poco célebres y por seguir buscando enriquecerme intelecualmente en el acto. Y esperando la voz de personas nuevas. O al menos, para saber quienes me leen por interés y no por las bondades del PageRank de Google.

***
El secuestro es una acción, por parte de cualquier actor, punible. Eso es obvio. Y, retando a las sociologías ruidosas de algunos opinadores, así lo ha ratificado el pueblo de Colombia este 20 de Julio. Y esta misma fecha -y la motivación que la misma tiene esta vez en particular- me ha llevado a reflexionar un poco sobre lo buenas que pueden ser algunas personas para juzgar el progreso de algo, cuando están lejos de ellas por un buen tiempo: Cuando no son susceptibles de captar la gradualidad que la lentitud del avance trae consigo mismo. A aquellos que, por ciertas limitaciones infortunadas, solo ven el antes y el después. Estas personas, para nuestro caso, son los secuestrados.

Para citar un ejemplo claro aunque extraño, vale la pena citar la revolución silenciosa de los teléfonos móviles: El celular pasó de ser un bien poco popular hace 5 años a ser el regalopor excelencia para los niños de las clases menos favorecidas. Pero no nos dimos cuenta. O tal vez sí, pero jamás advertimos de los grandes cambios que esa nueva realidad nos ha traído -y nos traerá-. Creemos todavía, como cualquier comunicado del Polo Democrático, que estamos estancados. O que nada mejora. Que la famosa sensación de crisis, de la que tanto hablan algunos extranjeros que visitan nuestro país, es cierta. Pero eso, sinceramente no lo creo. La tesis derrotista contrasta con el libro Mi fuga hacia la libertad de Jhon Frank Pinchao, donde -con la facultad del antes y el después- relata su sorpresa por ver a los transeúntes con pequeños celulares, dejando atrás selectos y pesados teléfonos, muy bien conocidos como las panelas. Y así con muchos aspectos de la vida cotidiana: Quién se hubiera imaginado en Ciudad Salitre, en Bogotá, hace 10 años el primer Trade Mart de América Latina?. Ó que Marriott instalaría dos hoteles en la capital de Colombia, otrora famosa por su suciedad y desorganización urbanística?. O que el tiempo de viaje entre las capitales secundarias y la arrogante Santa Fé sería de tan sólo minutos, antes días y meses?. En fin, los ejemplos abundan. De pronto lo que hay que dejar claro es que tal vez de eso se trata la vida: De ver que hemos progresado; Tal vez no tendremos las mejores cifras sociales o económicas, pero hemos mejorado, digan lo que digan l@s profetas de las crisis. En últimas, el asunto se trata de empinarse en el camino y ver hacia atrás, nuestra historia. Ver que no nos hemos estancado; Sí, que hemos sufrido. Pero que a pesar de todas las dificultades, como escribiría el poeta Cavafis, seguimos adelante.

Imperios y globalización

Siempre me ha causado curiosidad la hipótesis de los movimientos anti-globalización de que el mundo tiene a dividirse en dos partes: Los malos son los imperios millonarios que poseen lujos, bellas avenidas y viven secuestrados por los medios de comunicación. Los buenos son aquellos que sostienen a aquel mundo arrogante y opulento, mientras son explotados y viven moribundos. Y así, por siempre, el orden se perpetua. Los pobres siempre serán pobres (y más pobres) y vivirán en la miseria y los ricos siempre serán más ricos y disfrutarán más de sus beneficios terrenales, mientras se frotan las manos y ven como saquean y explotan cada vez más a los explotados.
Pero como cosa rara, creo que esto carece de algún rigor y no es más que un conjunto de juicios sociológicos acomodados para adoctrinar a nosotros, los muchachos del tercer mundo.
Me parece que el mejor ejemplo es la reciente adquisición, por parte de la multinacional Tata de India (una antigua colonia del flamante Imperio Británico) de Jaguar, un símbolo de la exquisitez y la clase inglesa, y de Land Rover, un ícono del poderío militar de antaño.
Para explicarme quiero preguntar: Tiene sentido, en un mundo como el que plantean los movimientos anti-globalización, que los símbolos y las empresas de los opresores pasen a manos de los oprimidos?. Yo creo que no.

Otro buen ejemplo es el de los famosos Fondos de Riqueza Soberana, que pertenecen a los gobiernos de algunos países que se han beneficiado de los altos precios de los commodities, que son mayoritariamente países pobres. Ellos buscan rendimientos para sus reservas excesivas y a veces se parquean en los bonos del Tesoro de los Estados Unidos. En pocas palabras, pueden ser los dueños de la deuda de la nación que suele ser el blanco de las satanizaciones cuando se habla de globalización.

Lo que debe quedar claro es que en un mundo como el de hoy, es diferente al que plantean mis contemporáneos revoltosos: En su utopía trágica (para justificar sus revoluciones), el orden nunca cambia y en este mundo terrenal y verdadero, el cambio, como lo han demostrado los indios, los chinos y hasta los irlandeses, es el pan de todos los días.

Nuestros Héroes



Este post es una invitación para hacer un pequeño homenaje a los guerreros de la democracia en Colombia. No sólo esta vez a los señores de las medallitas brillantes en el estribo izquierdo de su pecho; No. Quisiera que esta vez fuera para los que simplemente cargan su apellido en tela barata y calurosa, para los que no tienen burbujas contaminantes ni sillas en cuero, pero sí furgones con tablas de palo, para los que seguramente tendrán una pensión de tan sólo $400.000 o $500.000 mientras sus jefecitos tendrán varias veces esa cifra, por menos años de servicio y en labores menos arduas. Para ellos, los que están detrás de nuestra felicidad actual y los que defienden las libertades del pueblo, a cargo de su vida familiar y su propia felicidad. Y así, ya saben de quienes hablo, de los que han hecho el trabajo sucio en esta guerra contra el terror, a los que criticamos con tanta veracidad desde nuestros sillones y nuestro TV plano, mientras que ellos están partiendose para que podamos abrir la boca sin mucho miedo de terminar en la morgue. Que barbaridad.

Semana Santa en la costa...



Los últimos 4 días de la Semana Santa los disfruté en la costa atlántica colombiana, en Santa Marta. Algunas impresiones rápidas de lo que fué este fugaz paso por la bahía más linda de América.

  1. Economía al tope: Ven la foto de arriba?. Bueno, no es una foto de las playas de Rio de Janeiro en una temporada de verano con bellas garotas al final; Es la captura de la zona del Rodadero en Santa Marta, hoy domingo al medio día, antes de partir para la casa.
    A mi esto me parece muy elocuente respecto al estado de nuestra economía, y dudo de que sea obligatorio decir porqué.
    Entre otras cosas, los restaurantes (de todo tipo) y los servicios en la playa (auto-subsidios a la flojera caribeña) estaban a toda hora ocupados o demorados: Es irritante esperar 45 minutos por un desayuno o que el mesero te ignore 10 minutos antes de atenderte, pero bueno: Qué puedes hacer? Nada. Todos están así y no estamos preparados para tantos turistas!.

  2. Turismo de clase mundial: Se ha vuelto común escuchar a nuestros burócratas de gobierno hablar de sectores o cluster de talla mundial, de esos que pueden competir globalmente. Mi lamentable concepto es que no tenemos una industria turística de tal magnitud (a excepción del Eje Cafetero, que puede ser muy interesante y Cartagena). Por lo menos, en la costa atlántica, todo lo pone la naturaleza: En el Cabo de la Vela hay cabañas, pero no poseen agua ni luz (a eso de mediados de 2007); La parte más playera del Parque Tairona es muy rústica: Sólo se pueden comprar determinadas cosas (cuanto podrían sacarnos a los turistas!!) y la infrastructura y la organización, aunque ha mejorado sustancialmente, todavía es muy improvisada (oppsss.. caribe, quería decir): Me llamó la atención un mirador que le dicen "7 olas" y tiene una bella vista al mar. Su gran problema, es que no hay un lugar donde apoyarse para verlo con tranquilidad o unas escaleras para subirlo sin temor a romperse un hueso. Por ejemplo, mi papá, por falta de una baranda, casi se va a un despeñadero de más de 50 metros de alto.
    Otra es el Acuario de Santa Marta: Es sucio y muy rústico. Uno trata de quitarse algunas gafas de arrogancia para no comparar con otros acuarios, pero es imposible criticar su mal estado. Mis papás me dijeron que por lo que veían, no le habían hecho nada para mejorar en los últimos 10 años. Y es una lástima, especialmente porque tenemos que competir con todo el resto del globo y no tenemos nada que ofrecer.
    Ante nuestras quejas, penas y desaires solo me queda responder con mi derrotismo preferido cuando se habla de la costa: Macondo, Macondo...

Los árbitros de la moral


Ya todos sabemos que pasó con Ashley Dupre (la nena de la izquierda) y el ex-Gobernador de Nueva York, Eliot Spitzer. Un lío de faldas con varios ceros de por medio. Pero bueno, ante todo este show mediático, quisiera recordar una cosita:


Art. 12: Nadie será objeto de injerencias arbitrarias en su vida privada, su familia, su domicilio o su correspondencia…

Me he copiado este artículo de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, una de las joyas de la civilización con el fin de hacer una reflexión a lo que está pasando con el señor Spitzer: Quiénes somos (y son los medios) para juzgarle su vida íntima?. El tiene un derecho, bien claro y expresado, a la intimidad. Yo no quiero que me tilden de impulsor del mercado de prostitutas de lujo, pero nadie tiene el derecho de violar los derechos de los demás y en especial, si es el de su vida privada.

Probablemente, uno podría decir que el comportamiento de Spitzer (la bestia llena de testosterona dentro de mí lucha contra el razonable para escribir esto) es indeseable, porque es una figura pública de cierto nivel y debería ser ejemplo. Pero de eso a lo que hemos visto (busquen Ashley en Google News y salen casi 35.000 artículos relacionados con el escándalo... osea, casi 35.000 violaciones deliberadas de los derechos de Dupré y Spitzer) hay muchísimo trecho.

En últimas, parece que los que pontifican sobre lo que es y lo que no es, se han reproducido por todo el mundo. Que lástima. Vale la pena preguntarles si no tuvieron alguna vez malos pensamientos...

Post Scriptum: La semana pasada en el blog de Alejandro Gaviria, surgió una discusión un poco estúpida, pero a la vez cómica: Está buena la presidenta de Argentina? Algunos sugirieron que sí. Por favor, que barbaridad... sino miren esta bella mujer de arriba. Comparable?. Diganme ustedes.

Las ventajas de un sistema financiero sano

Prefacio

Esto no es lo típico que publico en este blog. Siempre hablo de política y trato de tocar la economía, pero nunca me he metido de fondo a hablar de esos apasionantes temas, por una razón: pena. Pero de alguna u otra manera, eso tiene que terminar. Como por ejemplo cuando uno, no sé, le tiene miedo a lanzarse a la piscina por primera vez. Y el hecho, es que todo gran nadador ha tenido que pasar por el primer chaparrón. Este creo, será mi primer intento por escribir bien: Con argumentos contundentes y objetividad. Ojalá funcione.
Para probar, voy a asumir por Sistema Financiero, Sistema Financiero Bancario. El Sistema Financiero no Bancario, lo dejaré de lado, sobretodo, porque hay más experiencias y anécdotas relativas al primero, que al segundo y una de las directrices del concurso es que exista cierta coherencia entre vida real y teoría.

El tema no ha sido uno escogido al azar: Hace un par de años el Banco de la República viene haciendo un concurso de ensayos llamado “De la banca escolar a la banca central” en el cuál participan miles de jóvenes e instituciones educativas de nivel medio ó vocacional. Yo he deseado participar en este concurso desde 7 grado, pero como cosa rara, la edad ha sido mi más grande impedimento. Y sólo hasta este año, ya en grado 10, puedo participar. Sin embargo (y como si fuera poco… para aumentar mi frustración) el BanRep no ha publicado nada relativo al concurso este año. Entonces quiero, así sea de manera casi anónima y sin premios (porque este tema fue el del 2007), participar con mi punto de vista. Es, en últimas, una especie de pago de una vieja deuda (sin intereses) conmigo mismo.

***

Antes de empezar con la retahíla de bellezas y maravillas que un sistema financiero[1] sano puede traer a la sociedad, me parece imperativo señalar, a grandes rasgos, como sería un verdadero sistema sano.

Vale la pena comenzar por desmentir una de las frases que siempre está en boca de políticos o en el material de mercadeo de las instituciones bancarias o crediticias: Crédito para todos.
Sí, yo sé que suena feo y puede que mi correo electrónico se llene de mensajes con epítetos ofensivos, pero es mejor la sinceridad y la coherencia que los abrazos y las sonrisas basados en mentiras o despropósitos. Antes de comenzar, vale la pena aclarar que negar que sea “para todos” no significa que a la gente de bajos recursos no se le pueda prestar dinero.
En esencia, los bancos no deben entregar efectivo a gente que no puede o no quiere pagar, porque si las entidades se vuelven un cajero automático sin fondo que saca plata sin criterios bien establecidos (que en muchas condiciones pueden restringir la oferta de crédito), llegará un momento futuro en que, por los naturales movimientos en la política monetaria, estas personas a quienes se les entregó capital sin criterio alguno, terminarán por dejar de pagar. Y empezarán a aparecer desbalances: El banco perderá, la persona (con mucha probabilidad) dejará sus bienes y, si esto es generalizado, puede terminar en una crisis crediticia como la que actualmente viven los Estados Unidos.

En conclusión, y para no alargar demasiado algo que no le incumbe a este texto, un sistema financiero verdaderamente sano será aquel que le dé a sus usuarios y miembros estímulos fuertes para lograr equilibrios: Ni regulaciones demasiado pro-prestamista, que pueden llevar a hacer muy poco atractivo y difícil el acceso al sistema, ni tampoco muy pro-usuario, que seguramente terminarían en la falta de capital para prestar, que a su vez, llevaría a un encarecimiento desmedido y peligroso de los intereses.

Suponiendo que tales incentivos existen, y que el sistema es el adecuado, parece práctico clasificar los beneficios de un acceso al crédito y a los mercados financieros en dos: i) Ventajas en el corto y mediano plazo y ii) Ventajas en el largo plazo.

· Ventajas en el corto y mediano plazo:

En lapsos de tiempo relativamente pequeños, el sano funcionamiento del sistema financiero puede tener dos grandes efectos positivos: i) Estimulación de la demanda agregada, a través del consumo respaldado por crédito y cuando es posible que el sistema le llegue a las clases populares y medias ii) mejoramiento en la calidad de vida de estos mismos sectores sociales.

Cuando la expansión del crédito es muy generosa, grandes masas podrán endeudarse, comprar más cosas y generar empleo, así este sea de mediana duración. Un buen ejemplo para estos casos es el de Colombia y su sector automotriz: Durante los últimos 3 años, nuestro país ha gozado de buena liquidez financiera y los bancos han prestado dinero. Muchos colombianos han optado (entre otros motivos, por ejemplo la depreciación del dólar americano) por comprar un auto nuevo, y las cifras del sector han vuelto a los números negros, después de estar en rojos durante algunos años. El guarismo más elocuente es: En 1999, año de una crisis económica sin precedentes, la industria vendió menos de 70.000 autos. En 2007, la cifra superó los 250.000 y más o menos, tres de cada cuatro automóviles se compraron con algún tipo de crédito. Por supuesto, eso significó que para evitar un desajuste entre oferta y demanda, la primera se tuviera que reacomodar: Sofasa-Renault y General Motors – Colmotores aumentaron de 2 a 3 sus turnos diarios y cada una amplió su planta de trabajadores en unos 300 o 400 trabajadores. En conclusión: el crédito influyó sobre la creación de empleos.

Otro buen ejemplo, puede ser el de Isabel, la señora que alguna vez reciente le ayudó a mi mamá con los oficios hogareños. Su caso es revelador y emocionante al tiempo: Ella, por sus limitados recursos económicos no tiene casa propia, menos carro, tampoco nevera y su única posesión material parece ser un radio que la despierte para salir a trabajar todos los días desde el frío sur capitalino y un televisor pequeño para entretenerse en las noches frías, que se hacen más difíciles por el trajín laboral de todos los días. Siempre creció y vivió con la idea de que “los bancos están solo para quitarle la casa y las cositas a la gente pobre”, por lo que siempre (además de altos intereses, arrogancia, etc…) se había negado a la posibilidad de pedir un préstamo para comprar algo que le pudiera ayudar a mejorar su calidad de vida.
Imaginemos una vida moderna sin nevera. ¿Les parece posible? Bueno, a Isabel le tocaba. Tenía problemas con la calidad de los alimentos que consumía y lo que compraba no duraba. En conclusión, vivía como en algo parecido a la edad de piedra. Es de resaltar la conjugación en pasado del verbo vivir: Por la recomendación de algún vecino que se aventuró en un crédito con Codensa e impulsada por su necesidad de tener alimentos frescos y que se pudieran consumir, se arriesgó: Por intereses que son compatibles con lo que ella puede pagar, y por $80.000 mensuales, por fin cumplió su sueño de tener nevera. Sin un sistema financiero, Isabel no habría podido lograr su sueño.

Otro buen ejemplo de ventajas, puede ser el de las empresas, en todos sus tamaños. Con el acceso al crédito se pueden financiar proyectos de ampliación de planta y de mejoramiento de productividad.

  • Ventajas en el largo plazo

Si uno se limita a las ventajas de corto y mediano plazo, el sistema financiero tiene efectos que no son apreciables para la vida de un país o un territorio: Si bien es cierto que puede ser fundamental a la hora de mejorar la calidad de vida de los pobres, esto último no significa un rompimiento de los círculos viciosos de pobreza: Alguien puede tener un Televisor Plasma de 100”, pero si no gana un buen salario y tiene un trabajo formal y estable, seguirá en la penuria. Entonces, la pregunta es: ¿Qué debe hacer para romper con los círculos de pobreza? Muchos años de debates entre economistas, sociólogos y políticos parecen haber llegado a una respuesta para esa pregunta: La educación. Y tiene lógica, porque alguien capacitado puede acceder a oportunidades que otra persona que no tenga algún tipo de estudios. El problema es que a veces, los individuos no pueden costear los gastos que implican cierto nivel de educación, como por ejemplo, la universitaria. Y allí es donde el sistema financiero y crediticio puede participar activamente, prestándoles a los estudiantes. En últimas, si los pobres no podían acceder a la educación, y en algún tiempo, si podrán, significará un gran avance en materia de formación. Y los bancos habrán ayudado a reducir una de los causas de las desigualdades sociales y salariales.

Pero bueno, como es costumbre con los seres humanos, no todo es color de rosa: El capital humano no depende (como las casas o los carros) de pagar o no pagar una cuenta bancaria. De nuevo vamos al tema de las regulaciones: Si el sistema es regulado de una manera eficiente y se ingenian sistemas de titulación condicionada (no sé, se me ocurren títulos y certificados que caducan cada 6 meses y su expedición se condiciona a estar a paz y salvo con la entidad bancaria o crediticia que expidió el préstamo), se puede mejorar mucho.



[1] Se asume por sistema financiero, el sistema financiero bancario (SFB). Se asume el sistema financiero no bancario, como los mercados de acciones y renta, como soporte muy importante a la estabilidad y sostenibilidad del SFB.

Contribuciones a campañas y decisiones gubernamentales

Desde que me empezó a gustar la política, siempre he observado las elecciones en los Estados Unidos. Probablemente inicié mirando, con poca profundidad, las elecciones presidenciales del 2004, que ganó el actual Presidente George Bush. Después seguí, ya con más ánimos, las parlamentarias de 2006 que le devolvieron el control de la Cámara de Representantes y el Senado al Partido Demócrata. Y ahora, estoy pendiente (ya viendo muchos debates y dedicándole alguna cantidad considerable de tiempo) de las actuales primarias, en especial, las del partido del burro, no de las del elefante.
En general, lo que siempre me ha llamado la atención, es la facilidad con que uno puede contribuir y "ser parte" de los dueños de las campañas: Sólo necesitas una tarjeta de crédito y tu dirección de residencia. Y eso me parece sensacional porque ha ayudado a crear en los políticos de Estados Unidos una mayor receptividad frente a lo que la gente piensa y quiere que hagan. Y así, los que hacen política, son más dependientes de los ciudadanos (por ejemplo, Barack Obama va a completar cerca de 1 millón de donantes ciudadanos) que de las empresas y de los intereses particulares de las mismas. A mí me gustaría que algo parecido pasara en Colombia, porque aquí contribuir es más difícil, o por lo menos, menos fácil.
Si nos dan la oportunidad, podríamos colaborar contra la excesivo poder de algunos en las decisiones del gobierno. Ojalá pueda ser en el 2010.

Sobre los purificadores de la lengua...

Siempre me han causado curiosidad aquellas personas que buscan el racismo de las palabras: los aficionados a la perfección inalcanzable. Los Jaimes Ruices de expresiones exactas y cuadriculaciones de las expresiones culturales. Como los Nazis de la lengua que buscan la excelencia y la pureza de las expresiones de antaño. En fin, los purificadores del lenguaje.

A ellos no los leo ni les presto atención: Son ilusos y miopes: Miran nuestro español como algo que debe quedar intacto (libre de barbarismos, dice mi profesora de español), siendo que las raíces de muchas palabras y de la famosa riqueza de nuestro idioma proviene precisamente de la mezcla de años y años (y de barbarismos y barbarismos) que hubo en la península ibérica entre ibéricos, árabes, franceses, etc.
También es molesto que ignoran la naturaleza progresiva de la cultura: Como si los fríjoles no fueran buenos con Coca-Cola o los negros no se hubieran mezclado con los blancos y mestizos en América.

Y para terminar, me parece aceptable hacer una pequeña analogía entre los curas puritanos y los purificadores de la lengua. En últimas, buscan lo mismo: Pureza. Sólo que unos en los papiros y hojas de colegio, y otros en la mente. También ignoran cosas parecidas: La naturaleza del hombre. Y finalmente, caen en el mismo mal: el moralismo.

Entre Gerentes y Economistas...

Muchas veces he visto que la gente del común confunde a los Gerentes y los Administradores de Empresas con los economistas. A los líderes del management con los escritores de papers sobre desigualdad salarial y dinámica de la tasa de cambio. Algo, que puede ser cómico. Pero, me parece que este pequeño fallo es algo injusto con los economistas. Es como confundir a un ingeniero con un físico o algo por el estilo.

Ayer, en medio de las novenas, hablaba con un primo de mi papá, que es Gerente de una empresa de confecciones en Medellín. También hace parte de la Junta Directiva de Coltejer y otras aglomeraciones. Hablabamos de la gente, y lo difícil que era trabajar en equipo. Después de algunos minutos de hablar cháchara, llegamos a un punto importante: Los incentivos. Sin entrar en detalles, el entendía eso como plata, dinero. Nada más. Sin pretender titularme de economista (u otra cosa) creo que hay muchos más tipos de incentivos. No se nos deben olvidar los incentivos sociales, culturales y hasta los inútiles morales.

El ejemplo, creo que es bien ilustrativo: Los gerentes y los administradores tienen una visión demasiada reducida del mundo. Están demasiado ocupados mirando como maximizar la productividad de sus balances. En cambio, los economistas de verdad (y en especial los burocratas), tienen que ver más allá de los informes corporativos, así sea solo para que los discursos de los políticos no se vuelvan papel y tengan un poco de relieve. Tienen que ser más profundos y ver un poquito más de la sociedad y los individuos.... Por eso quiero ser un economista, así no sea tan bien remunerado como un gerente.

Sobre Facebook...


En estos días está de moda tener una cuente de Facebook o de MySpace. Quién no la tiene?. No sé, probablemente algunos nerds que dicen que no sirve para nada y algún despistado de la tecnología.
Yo creo que soy de los primeros, pero para quitarme la etiqueta, me dejé vencer por la presión social: Me registré como usuario de Facebook. Y bueno, fue interesante por algunos días ver como se pueden interactuar con más gente en la inexistencia, u observar lo curioso que se siente que reconocidos académicos tengan cuentas en Facebook. Pero en fin, pasados los días (y más las aplicaciones y simbolitos estúpidos que son típicos de estas redes) ya la fiebre se calmó: Me da lo mismo vivir con o sin o Facebook. Y no es por desidia de la tecnología que tanto aprecio. Es más bien porque no le encuentro el fascinante sentido que mis contemporáneos tanto aprecian. Yo por ahora, encuentro cosas más fascinantes y agradables que mandarme emoticons y pokes: Leer un libro, caminar después de la lluvia y montar en bicicleta los domingos en medio del sol. Y bueno, hablar con otra persona.

La globalización es buena....

Dos de los aspectos que más se critican de la globalización son i) la supuesta irresponsabilidad y monopolización de los mercados por partes de gigantes empresas y ii) la eliminación de culturas distintas a la anglosajona. Aquí hay dos links que muestran que lo que dicen de la mundialización es simplemente algo más en el ruido de pensamientos sin base.

  • Si la globalización sólo admitiera la cultura americana o británica, Jorge Celedón no hubiera ganado un premio Grammy y no podría llevar un ritmo como el vallenato (muy poco anglo) a tierras más lejanas que Mompox. Vea la nota aquí.
  • Si la globalización implica que las compañias multinacionales sean irresponsables, entonces, ¿Porqué Cerrejón (cuyos dueños son nada más y nada menos que BHPBilliton y AngloAmerican, dos pesos pesadísimos del mundo de la minería) está invirtiendo en manejar responsablemente sus emisiones de CO2 y reforestar las areas de las cuales ya ha sacado carbón?. Vea la nota aquí.
Probablemente existan casos de empresas irresponsables ó de culturas suprimidas, pero son aislados. Y es por la falta de globalización que esto sucede: Si existiera una verdadera sociedad global en muchas partes del mundo, la información podría fluir libremente y se podría culpar a los culpables por sus fallas y actos de mala fé. Y en el caso de la cultura, es la mundialización la que ha permitido que muchas culturas no se queden enterradas y su valor se pierda por siempre. Le debemos que podamos comprar y escuchar música o cuadros y telas de África.

Una lucha milenaria... *

Es probablemente el tópico que más atención ha recibido a lo largo de toda la historia. De él todo se ha dicho y siempre está vigente.Es un tema apasionante en el cual se pueden identificar dos aspectos bastante marcados: Lo primero, es que lo más cómico (ó triste, no se sabe) de todo, es que no se ha llegado a una conclusión que pueda ser aceptada por la mayoría de las gentes. Es algo que todavía sigue, como una discusión interminable; y lo segundo, es que este es un debate que se ha democratizado verdaderamente. Por ejemplo, uno puede escuchar hablar del tema a una vendedora ambulante que ha leído el Génesis y cree en él ciegamente, o a un estudiante de biología que se sabe las mil y una teorías científicamente válidas para refutar argumentos fantasiosos y creencias sin mayores bases racionales. Los actores son irreconciliables. Como el agua y el aceite, para usar la jerga popular.Y este tópico, no puede caber la menor duda, ha sido el del origen de la vida.Su discusión, caricaturizada, puede tomarse como una lucha milenaria. Algo así como la eterna disyuntiva entre el bien y el mal. O mejor, entre el “bien científico”, que es representado por las teorías y los estudios que el mundo libre y moderno nos ha dejado conocer, y el “mal idealista”, que es impulsado por el viejo globo y la ignorancia de las masas.
Este “bien científico” (o materialismo) siempre se ha basado en pruebas empíricas, objetos verificables o afirmaciones racionales. Por ejemplo, la teoría de Darwin es bastante coherente con la forma de actuar instintiva de los seres humanos. Otro buen modelo de materialismo son los coacervados de Oparin, que no salieron por voluntad divina o algo por el estilo. Por el contrario, fue el resultado de la unión de varios coloides, que a su vez, venían de otro tipo de sustancias más primitivas.
El otro actor es el “mal idealista”. Este siempre ha dado sus declaraciones con base en supuestos y a cosas que se espera que hayan pasado. También a discursos donde toda la obra está sujeta a la fe y la certeza frente a los hechos predicados es casi nula.

Las afirmaciones idealistas no tienen sustento empírico, siempre se hicieron en tiempos de atraso científico y mucho querer filosófico. En épocas con tan poco desarrollo técnico, que lo objetivo no parecía posible y lo subjetivo tenía toda la atención.
La gran mayoría de pensadores de este estilo, como Aristóteles o Platón, jamás tuvieron acceso a herramientas relativamente nuevas (como el microscopio, cuya versión más simple está desde el siglo XVII) que permiten estudiar a fondo las ciencias y ver más allá de lo que nuestros ojos ven. En consecuencia, nunca supieron de la “micro vida” y por tanto, siempre pensaron ignorando lo que no podían ignorar para hablar de biología.
Ya para terminar, me parece importante recalcar en la importancia de las pruebas y la veracidad empírica a la hora de debatir estos temas tan trascendentes para la humanidad. El idealismo ha hablado por hablar durante siglos y ha causado tremendos retrocesos en los pensamientos del ser humano. El materialismo, con ayuda de las ciencias técnicas, ha aportado una riqueza indiscutible al debate del origen de la vida. Pero hasta el momento, no hemos llegado a ningún lado: La discusión sigue en su punto inicial desde hace más de 300 o 400 años. Por el bien intelectual de la humanidad, es necesario llamar a la reflexión a nuestros agentes para la realización de un nuevo debate. Y que este, de una vez y para siempre, sea sensato.

Bibliografía

Oparin, A. (1927). ¿Qué es la vida? En A. Oparin, El Origen de la Vida (págs. 6-8). Ciudad de México: Editores Mexicanos Unidos.

The Economist. (1 de Noviembre de 2007). Special Reports: Stop in the name... Recuperado el 4 de Noviembre de 2007, de The Economist Online: http://www.economist.com/specialreports/displaystory.cfm?story_id=10015177

The Economist. (2007). The Origin of Speakies. The Economist , 385 (8551), 112.

Sobre los renovadores literarios… *

El mundo era bello, el horizonte soleado y el porvenir brillante. Los países de las Américas progresaban: Los Estados Unidos crecían y se convertían en la potencia mundial más trascendente. América Latina iba mucho más lenta, pero de todas maneras, caminaba. Las libertades se extendían y la democracia parecía consolidarse, o por lo menos, no flaqueaba tanto. El fortalecimiento del comercio internacional favoreció a nuestros países y el crecimiento económico generó algunas luces de industrialización, a pesar de que seguíamos (y seguimos) peligrosamente dependientes de la economía primaria de extracción de materias primas.
Pero todo no pudo ser maravilloso y sonriente para el mundo. La prosperidad no fue perpetua. El horizonte ya no era tan soleado y más bien parecía que una tormenta iba a inundar nuestro frágil modelo económico y social. Y entonces, lo que pasó… pasó.El exceso de producción en todo el mundo, combinado con malas noticias de demanda en los Estados Unidos, y el default de la deuda soberana de Alemania generaron un pánico especulativo tremendo que hizo que los inversionistas, en efecto manada, vendieran todas sus acciones y los precios de estas, lógicamente, se vinieran al piso. Cientos de empresas quebraron. Miles de desempleados aparecieron de la nada. El fantasma del drama social reapareció. Las economías del continente americano sufrieron una severa contracción. Por ejemplo, Colombia cayó un 4,5%.Entonces, el sueño de una sociedad globalizada pasó de nuevo a vitrinas. La decepción por el comercio se generalizó. La interconexión mundial se desvaneció. La necesidad de estimular la producción interna significó altos aranceles y clausura de mercados. Por ejemplo, los Estados Unidos, empezaron a intentar la generación de bienestar material por la vía del crecimiento endógeno. Y lo mismo se puede decir de América Latina, que desde allí se encaminó por la famosa (y ya hemos visto, fallida) sustitución de importaciones y el nacionalismo económico: Hacer lo propio y depender de nadie más que de nosotros mismos.
Ese pensamiento cerrado, al parecer tuvo bastante influencia en otras áreas de la sociedad. Los pensamientos de “independencia”, al parecer, no se limitaron a la economía y el comercio. En la parte cultural, y especialmente literaria, surgió un movimiento de aires renovadores y con ganas de encaminarse hacia nuevas e inexploradas experiencias. Ellos eran, como describí arriba, los renovadores literarios.
De ellos, los más avezados fueron los espíritus emblemáticos de América Latina en el siglo XX. Sería tonto decir que Borges, Rulfo, Sábato o Carpentier no fueron el mejor ejemplo de lo que la sociedad latina quería y significaba en su determinado momento: Cosas nuevas y propias. La búsqueda de nuestra identidad, “las gafas propias al leer”, aprovechar nuestra magia y tener la posibilidad de ir más allá de lo racional e incursionar en lo maravilloso y la fraternidad inherente a nuestra mezclada y tribulada raza Latina.
Y al parecer, lo lograron. Fueron los precursores del mayor boom literario que los ojos de América vieron. Guiaron la forma de pensar de más de una generación en su pueblo, y por último, y sin tanto brillo, nos aislaron de otras riquezas culturales foráneas que no debimos olvidar.

* Ensayo realizado para la clase de Español.

La globalización y los pobres: un vistazo rápido a la mortalidad infantil...

Ayer Alejandro Gaviria publicó un post en su blog sobre la evolución del mercado laboral para las mujeres, su participación del total de empleados, etc... Probablemente lo mejor fué un tool que se llama GapMinder y que nos muestra una variedad en indicadores sociales y económicos desde 1975. Está muy bueno. Esto coincidió con un debate que tuve en clase de sociales hoy sobre "multiculturalidad". La verdad, terminé hablando de comercio y globalización y sus efectos en la cultura. Algunos de mis compañeros del ala más mamerta hablablan de que a parte de que la globalización "era mala para la cultura", también ha sido nefasta para la calidad de vida las personas. Yo siempre he opinado lo distinto, pero no tenía unos datos o un gráfico hecho que me permitiera argumentar con hechos verídicos. Entonces, este tool me cae como anillo al dedo.

Algunos de mis compañeros hablaban de que para los países subdesarrollados, la globalización había sido nefasta y planteaban la típica caricatura: El Tío Sam con el látigo sobre los pobres latinos que no tenían otra más que comprar sus productos y así por los siglos de los siglos, amén.

Entonces, para mirar que los beneficios de la globalización no habían sido meramente económicos y habían llegado a otras áreas "más humanas", traté de hacerle un análisis macro a la Tasa de Mortalidad Infantil, que se muestra en estas gráficas. La primera, es de 1975, cuando apenas existía un mundo ligeramente interconectado y estabamos divididos en los dos bloques antagónicos que ya sabemos cuales son. La segunda, es en 2004, donde el proceso de globalización está mucho más desarrollado.


En esta gráfica, se puede observar que la Tasa está practicamente definida por el nivel socioeconómico del país. Los rojos son los países ricos de la OECD y están abajo. Los azules son los paises pobres como los Africanos y Haití y están más arriba, dode la tasa de mortalidad es mucho más alta.


En esta segunda gráfica es donde debemos juzgar el "papel humano de la globalización". La tendencia, para los países ( OECD y no OECD, medios y medios bajos en ingreso) es de haber mejorado sus tasas de mortalidad infantil.
Por ejemplo, el promedio entre el máximo y el mínimo de los países ricos pasó de 25 a menos de 10. El de los medio-alto pasó de casi 90 a poco más de 50. Los de medio-bajo pasó de 130 a menos de 80. Los más pobres cambio de 235 a 162.

En todos existe una reducción agresiva. Un cambio para bien. Una mejora global. Pero bueno, para los "desargumentadores", sólo será basura estadística. Ojalá esto sirviera para que el debate fuera más sensato...

Poca retórica, acciones puntuales

Ese parece ser el lema ideal de cualquier campaña, bien sea política, deportiva o hasta ambiental. Sin embargo, estas letras con caras sonrientes e inspiración reformista, pocas veces se cumplen y nunca pasan de las pancartas gigantes y de los presupuestos de publicidad. Un buen ejemplo es la posición del G8 entorno al calentamiento global: Muchas promesas de acción, metas globales para los próximos 100 años y largos y elocuentes discursos, pero poco de obras puntuales.
Mucha retórica y pocas acciones puntuales. La escena parece ser común: La ineficiencia de los políticos para sacar adelante proyectos que puedan cambiar verdaderamente este mundo un desorganizado y sucio.

Al parecer, la sociedad occidental va a tener que trastear las responsabilidades del Estado al sector privado y a los individuos por la ineficacia de la burocracia para solucionar un problema que, a grandes, rasgos se ve que nos afecta ahora y lo en los próximos 100 años. O más sofisticadamente, en el corto y largo plazo.

Si es así, nuestra tarea no espera. Como consumidores debemos exigir que las empresas nos vendan productos “verdes” y amigables con el medio ambiente. En el hogar debemos ser más racionales a la hora de usar la electricidad y el agua caliente cuando nos bañamos, usar lo menos posible los aerosoles y hacer el esfuerzo por comprar de esos bombillos ahorradores. En el carro, bajarle al aire acondicionado y cuando tengamos posibilidades, comprar autos híbridos o con un menor consumo de combustibles. A la hora de ir a votar en las urnas, tratar de escoger un candidato que tenga algún tipo de conciencia ambiental, y cuando este gane, hacer la veeduría ciudadana necesaria para ver que lo que habla no era una cuestión de coyuntura por ganar votos de algunos hombres obsesionados con los temas de la vida y el ambiente. Y finalmente, educar o debatir en nuestras casas sobre los efectos del cambio climático en nuestro diario vivir.
Nada de esto es difícil. Si uno se pone a analizar bien, es cuestión de cambiar unos hábitos negativos que las comodidades de la libertad nos han permitido tener.

Esta lucha es necesaria y requiere solo de algunos cambios en nuestros hábitos. Nada es radical. No se propone que volvamos a la edad de piedra, que dejemos de usar carros o que en los Estados Unidos se dejen de usar los aires acondicionados. Simplemente, son propuestas para que los individuos y las empresas enfrentemos algo que la burocracia arrogante, a pesar de muchas pruebas, no ha querido tomar en cuenta, inclusive de sus tremendas implicaciones sobre nuestras vidas, las de nuestros hijos y todas las generaciones de allí en adelante.