Para citar un ejemplo claro aunque extraño, vale la pena citar la revolución silenciosa de los teléfonos móviles: El celular pasó de ser un bien poco popular hace 5 años a ser el regalopor excelencia para los niños de las clases menos favorecidas. Pero no nos dimos cuenta. O tal vez sí, pero jamás advertimos de los grandes cambios que esa nueva realidad nos ha traído -y nos traerá-. Creemos todavía, como cualquier comunicado del Polo Democrático, que estamos estancados. O que nada mejora. Que la famosa sensación de crisis, de la que tanto hablan algunos extranjeros que visitan nuestro país, es cierta. Pero eso, sinceramente no lo creo. La tesis derrotista contrasta con el libro Mi fuga hacia la libertad de Jhon Frank Pinchao, donde -con la facultad del antes y el después- relata su sorpresa por ver a los transeúntes con pequeños celulares, dejando atrás selectos y pesados teléfonos, muy bien conocidos como las panelas. Y así con muchos aspectos de la vida cotidiana: Quién se hubiera imaginado en Ciudad Salitre, en Bogotá, hace 10 años el primer Trade Mart de América Latina?. Ó que Marriott instalaría dos hoteles en la capital de Colombia, otrora famosa por su suciedad y desorganización urbanística?. O que el tiempo de viaje entre las capitales secundarias y la arrogante Santa Fé sería de tan sólo minutos, antes días y meses?. En fin, los ejemplos abundan. De pronto lo que hay que dejar claro es que tal vez de eso se trata la vida: De ver que hemos progresado; Tal vez no tendremos las mejores cifras sociales o económicas, pero hemos mejorado, digan lo que digan l@s profetas de las crisis. En últimas, el asunto se trata de empinarse en el camino y ver hacia atrás, nuestra historia. Ver que no nos hemos estancado; Sí, que hemos sufrido. Pero que a pesar de todas las dificultades, como escribiría el poeta Cavafis, seguimos adelante.
Sorpresas
Para citar un ejemplo claro aunque extraño, vale la pena citar la revolución silenciosa de los teléfonos móviles: El celular pasó de ser un bien poco popular hace 5 años a ser el regalopor excelencia para los niños de las clases menos favorecidas. Pero no nos dimos cuenta. O tal vez sí, pero jamás advertimos de los grandes cambios que esa nueva realidad nos ha traído -y nos traerá-. Creemos todavía, como cualquier comunicado del Polo Democrático, que estamos estancados. O que nada mejora. Que la famosa sensación de crisis, de la que tanto hablan algunos extranjeros que visitan nuestro país, es cierta. Pero eso, sinceramente no lo creo. La tesis derrotista contrasta con el libro Mi fuga hacia la libertad de Jhon Frank Pinchao, donde -con la facultad del antes y el después- relata su sorpresa por ver a los transeúntes con pequeños celulares, dejando atrás selectos y pesados teléfonos, muy bien conocidos como las panelas. Y así con muchos aspectos de la vida cotidiana: Quién se hubiera imaginado en Ciudad Salitre, en Bogotá, hace 10 años el primer Trade Mart de América Latina?. Ó que Marriott instalaría dos hoteles en la capital de Colombia, otrora famosa por su suciedad y desorganización urbanística?. O que el tiempo de viaje entre las capitales secundarias y la arrogante Santa Fé sería de tan sólo minutos, antes días y meses?. En fin, los ejemplos abundan. De pronto lo que hay que dejar claro es que tal vez de eso se trata la vida: De ver que hemos progresado; Tal vez no tendremos las mejores cifras sociales o económicas, pero hemos mejorado, digan lo que digan l@s profetas de las crisis. En últimas, el asunto se trata de empinarse en el camino y ver hacia atrás, nuestra historia. Ver que no nos hemos estancado; Sí, que hemos sufrido. Pero que a pesar de todas las dificultades, como escribiría el poeta Cavafis, seguimos adelante.
Plan Perfecto
Columna Comentada: Es el comercio, estúpido.
Doce países que integran el continente suramericano dejaron constituida el 23 de mayo pasado en Brasilia, capital de Brasil, la Unión de Naciones Suramericanas, Unasur. Por donde quiera que se la mire, y como se la quiera mirar, se trata de la fecha histórica más importante en la vida de esas doce naciones. Es el punto de llegada de una meta que se habían propuesto desde 1810 los forjadores de la Independencia.
Fue el gran sueño de Simón Bolívar, que se esforzaron por hacer realidad en los siglos Diecinueve y Veinte varios de los grandes estadistas de Nuestra América, y que siempre, de alguna manera, fracasó saboteado, bien por las potencias europeas, bien por la potencia estadounidense, para cuyos intereses la unidad de América Latina no es una buena cosa; pero Unasur también marca el punto de partida hacia una meta superior, la creación de una nueva potencia en el mundo, no una potencia militar, no una potencia para competir, sino una potencia para cooperar, para brindarse apoyo entre las hermanas naciones que la componen, para intercambiar sus capacidades, su creatividad, sus recursos en beneficio de todos y de cada uno.
Luis Inacio Lula da Silva, presidente de Brasil, y anfitrión de las doce naciones participantes en la histórica reunión, dijo que "Los progresos en los campos económico y sociopolítico nos dan creciente proyección en el nuevo mundo multipolar que se está constituyendo", por lo cual "Unasur será parte de nuestros proyectos nacionales de desarrollo en un continente de democracia, justicia y paz. Constituiremos nuestra unión en la base de los exitosos procesos de integración del Mercosur [Mercado Común del Sur] y de la Comunidad Andina de Naciones [CAN] donde más de 300 millones de personas se benefician de una base de crecimiento económico e inclusión social. Dejamos atrás una historia de aislacionismos recíprocos".
Apenas comienza el camino. Dejar atrás una historia de aislacionismos recíprocos es fácil de decir. Llevarlo a la práctica va a requerir esfuerzos colosales y una sinceridad a toda prueba por parte de las naciones que se han comprometido en esta cita con la historia. Y no tanto porque los unasureños -como en adelante será el gentilicio adicional de los nativos de América del Sur¿ no tengamos la intención de romper nuestro aislamiento recíproco, sino porque los norteños harán lo posible para evitar que superemos ese aislacionismo. Quieren que el Sur siga mirando al Norte -como los esclavos miran a sus amos¿y por consiguiente detestan que el Sur mire al Sur.Para comenzar, es imprescindible que las naciones de Unasur tomen cuanto antes la determinación de abolir las visas y hacer que la circulación de nacionales unasureños sea libre de un extremo a otro del continente suramericano. Al mismo tiempo, debe implantarse una visa general para cualquier ciudadano de cualquier nación por fuera de Unasur (salvo cuando se establezcan convenios), y que esta visa tenga validez en todas las naciones de Unasur, sin importar cuál la expida. Si no empezamos por ahí, no empezamos.
Enseguida habrá que implementar programas de conocimiento mutuo, grandes paquetes turísticos que faciliten los viajes, que nos permitan conocer las muchas cosas maravillosas, en paisajes, en cultura, en calidad humana, en diversiones, en tantos aspectos, que nuestro continente les ofrece a sus habitantes, y que paradójicamente los europeos y los estadounidenses conocen ya muy bien y mucho mejor que los propios suramericanos, debido a ese aislacionismo recíproco que el presidente Lula da Silva propone dejar atrás. Después vendrá, como corolario natural, la moneda común.
Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Colombia, Ecuador, Guyana, Paraguay, Perú, Surinam, Uruguay y Venezuela se han puesto en Unasur una cita con la historia. El que no la cumpla será arrojado al basurero de la historia.
En este contexto, resulta extravagante que Colombia y Ecuador no reanuden sin dilación sus relaciones plenas.
Esta columna de Enrique Santos Molano ha resultado muy romántica. De hecho, se podría mimetizar, sin dificultad, con la parafernalia de los discursos que algunos presidentes latinoamericanos pronunciaron en esa cumbre en Brasilia. Y, tal vez, ese es el error del autor: Pensar -y escribir- como los mandatarios: Caer en el juego de las ilusiones que ofrece la política. Argumentar con el simplismo iluso que caracteriza tanto a los políticos cuando las cosas no trascienden del papel. Y es que, personalmente, creo que esto de Unasur es poco más que eso: papel. Porque la verdadera integración es la económica y por allí debería empezar todo el asunto: Tratados de Libre Comercio entre los países ce América Latina. Después sí el aspecto político, que ya es más de forma y de fachada y no repetir los errores que se han cometido con Mercosur y la CAN. Pero no al revés, como pretenden nuestros presidentes y el consabido columnista.
Responsabilidad, genes y calentamiento global.
Siempre me han causado curiosidad los escritos de los mis compañeros sobre la tierra o el cambio climático. Siempre que se escribe sobre esto, es una buena oportunidad para pintar pajaritos en el aire. Para soñar con lo que probablemente nunca será y prometer futuros brillantes. Pero bueno, esto no tiene pretensiones verídicas, sino exponer algunos puntos que pueden ser ahora importantes para hablar con las paredes y reclamarle soluciones al gobierno, y en el futuro lagrimoso para tener una prueba de que nos preocupamos, pero que no hicimos nada. Ojalá me equivoque.
Para hablar de responsabilidad en temas ambientales, vale empezar por los que son iguales al que escribe esta ponencia: los individuos. Cuál es su papel en salvar a este mundo frívolo de las garras de sus propios excesos? Uno podría decir que es clave y que nos podríamos salvar de muchas catástrofes si actuáramos por convicción (cambiar las bombillas incandescentes, bajarle a la intensidad de los aires acondicionados en estas cálidas tierras, etc.). Pero hay que tener en cuenta, que eso de hacer las cosas porque sabemos que nos hacen bien no ha tenido mucho éxito en la historia: No hace falta recordar al paciente que saben que es mejor ir al médico para prevenir una enfermedad terminal, pero que por simple terquedad no lo hace. Y así ha pasado con guerras, crisis económicas y hasta matrimonios.
En segundo lugar, es importante mencionar, a la que se supone es una de las bases de nuestra sociedad occidental: la familia. Y tenemos que preguntarnos lo mismo que en el párrafo anterior.
En esencia, soy escéptico frente al papel del grupo familiar en la solución de los problemas que puede estar afrontando el planeta, ya que finalmente, si el bello y optimista mundo de las acciones por convencimiento y ciudadanía existiera, serían los individuos y no los grupos sociales los que podrían ayudar a hacer frente a los problemas climáticos que el planeta vano y desgarrador resguarda. Además, hay soportes para decir que son los amigos, mas no los padres, los que tienen influencia decisiva sobre algunos comportamientos y valores que los jóvenes adquirimos.
En tercer lugar cabe hablar del Estado y del gobierno. En términos prácticos, la labor de los gobernantes debería resumirse a ser visionarios: Ver los problemas que se vienen y prevenirlos en el futuro cercano, o antes de que hagan daño. Pero eso parece algo iluso, en especial por aquello de las lentitudes burocráticas y la naturaleza de la política. En todo caso, si eso fuera cierto, el papel del Estado no debería ser el de imponer regulaciones costosas y eco-radicales, sino ofrecer incentivos y alternativas que sean económicamente viables y ambientalmente aceptables, como por ejemplo, las tecnologías verdes, que mezclan eficiencia económica (algunas pueden reducir hasta en un 30% el costo de la energía) y ambiental.
Subjetivismo

Estos días le he escuchado a mi profesor de Sociales que las verdades son relativas. Y todo el cuento que vemos en clase termina en que todos tenemos la razón, porque todo es subjetivo y relativo a cada individuo. Yo, personalmente, no estoy de acuerdo. Hay, por lo menos, algunas verdades que no pueden ser relativas. Por ejemplo: Los Nazis eran unos terroristas y mataron a millones de judíos, que las FARC emplean métodos terroristas o que Irlanda antes era el país más pobre de Europa y ahora es el más rico.
Si todo fuera relativo, prácticamente nada de lo que conocemos como civilización existiría. Cuesta imaginarnos que en la actual Alemania no se opongan a los neo-nazis, o que algunos de los físicos se pongan a mirar si la gravedad es relativa a lo que cada individuo piense.
Siempre habrá algo de fondo que es factual y que, seguramente, tendrá sus interpretaciones y matices, pero que ante todo, será verdad.
Imperios y globalización
Siempre me ha causado curiosidad la hipótesis de los movimientos anti-globalización de que el mundo tiene a dividirse en dos partes: Los malos son los imperios millonarios que poseen lujos, bellas avenidas y viven secuestrados por los medios de comunicación. Los buenos son aquellos que sostienen a aquel mundo arrogante y opulento, mientras son explotados y viven moribundos. Y así, por siempre, el orden se perpetua. Los pobres siempre serán pobres (y más pobres) y vivirán en la miseria y los ricos siempre serán más ricos y disfrutarán más de sus beneficios terrenales, mientras se frotan las manos y ven como saquean y explotan cada vez más a los explotados.Pero como cosa rara, creo que esto carece de algún rigor y no es más que un conjunto de juicios sociológicos acomodados para adoctrinar a nosotros, los muchachos del tercer mundo.
Me parece que el mejor ejemplo es la reciente adquisición, por parte de la multinacional Tata de India (una antigua colonia del flamante Imperio Británico) de Jaguar, un símbolo de la exquisitez y la clase inglesa, y de Land Rover, un ícono del poderío militar de antaño.
Para explicarme quiero preguntar: Tiene sentido, en un mundo como el que plantean los movimientos anti-globalización, que los símbolos y las empresas de los opresores pasen a manos de los oprimidos?. Yo creo que no.
Otro buen ejemplo es el de los famosos Fondos de Riqueza Soberana, que pertenecen a los gobiernos de algunos países que se han beneficiado de los altos precios de los commodities, que son mayoritariamente países pobres. Ellos buscan rendimientos para sus reservas excesivas y a veces se parquean en los bonos del Tesoro de los Estados Unidos. En pocas palabras, pueden ser los dueños de la deuda de la nación que suele ser el blanco de las satanizaciones cuando se habla de globalización.
Lo que debe quedar claro es que en un mundo como el de hoy, es diferente al que plantean mis contemporáneos revoltosos: En su utopía trágica (para justificar sus revoluciones), el orden nunca cambia y en este mundo terrenal y verdadero, el cambio, como lo han demostrado los indios, los chinos y hasta los irlandeses, es el pan de todos los días.
Entre Gerentes y Economistas...
Ayer, en medio de las novenas, hablaba con un primo de mi papá, que es Gerente de una empresa de confecciones en Medellín. También hace parte de la Junta Directiva de Coltejer y otras aglomeraciones. Hablabamos de la gente, y lo difícil que era trabajar en equipo. Después de algunos minutos de hablar cháchara, llegamos a un punto importante: Los incentivos. Sin entrar en detalles, el entendía eso como plata, dinero. Nada más. Sin pretender titularme de economista (u otra cosa) creo que hay muchos más tipos de incentivos. No se nos deben olvidar los incentivos sociales, culturales y hasta los inútiles morales.
El ejemplo, creo que es bien ilustrativo: Los gerentes y los administradores tienen una visión demasiada reducida del mundo. Están demasiado ocupados mirando como maximizar la productividad de sus balances. En cambio, los economistas de verdad (y en especial los burocratas), tienen que ver más allá de los informes corporativos, así sea solo para que los discursos de los políticos no se vuelvan papel y tengan un poco de relieve. Tienen que ser más profundos y ver un poquito más de la sociedad y los individuos.... Por eso quiero ser un economista, así no sea tan bien remunerado como un gerente.
Sobre Facebook...
Yo creo que soy de los primeros, pero para quitarme la etiqueta, me dejé vencer por la presión social: Me registré como usuario de Facebook. Y bueno, fue interesante por algunos días ver como se pueden interactuar con más gente en la inexistencia, u observar lo curioso que se siente que reconocidos académicos tengan cuentas en Facebook. Pero en fin, pasados los días (y más las aplicaciones y simbolitos estúpidos que son típicos de estas redes) ya la fiebre se calmó: Me da lo mismo vivir con o sin o Facebook. Y no es por desidia de la tecnología que tanto aprecio. Es más bien porque no le encuentro el fascinante sentido que mis contemporáneos tanto aprecian. Yo por ahora, encuentro cosas más fascinantes y agradables que mandarme emoticons y pokes: Leer un libro, caminar después de la lluvia y montar en bicicleta los domingos en medio del sol. Y bueno, hablar con otra persona.
La globalización es buena....
- Si la globalización sólo admitiera la cultura americana o británica, Jorge Celedón no hubiera ganado un premio Grammy y no podría llevar un ritmo como el vallenato (muy poco anglo) a tierras más lejanas que Mompox. Vea la nota aquí.
- Si la globalización implica que las compañias multinacionales sean irresponsables, entonces, ¿Porqué Cerrejón (cuyos dueños son nada más y nada menos que BHPBilliton y AngloAmerican, dos pesos pesadísimos del mundo de la minería) está invirtiendo en manejar responsablemente sus emisiones de CO2 y reforestar las areas de las cuales ya ha sacado carbón?. Vea la nota aquí.
Poca retórica, acciones puntuales
Ese parece ser el lema ideal de cualquier campaña, bien sea política, deportiva o hasta ambiental. Sin embargo, estas letras con caras sonrientes e inspiración reformista, pocas veces se cumplen y nunca pasan de las pancartas gigantes y de los presupuestos de publicidad. Un buen ejemplo es la posición del G8 entorno al calentamiento global: Muchas promesas de acción, metas globales para los próximos 100 años y largos y elocuentes discursos, pero poco de obras puntuales.
Mucha retórica y pocas acciones puntuales. La escena parece ser común: La ineficiencia de los políticos para sacar adelante proyectos que puedan cambiar verdaderamente este mundo un desorganizado y sucio.
Al parecer, la sociedad occidental va a tener que trastear las responsabilidades del Estado al sector privado y a los individuos por la ineficacia de la burocracia para solucionar un problema que, a grandes, rasgos se ve que nos afecta ahora y lo en los próximos 100 años. O más sofisticadamente, en el corto y largo plazo.
Si es así, nuestra tarea no espera. Como consumidores debemos exigir que las empresas nos vendan productos “verdes” y amigables con el medio ambiente. En el hogar debemos ser más racionales a la hora de usar la electricidad y el agua caliente cuando nos bañamos, usar lo menos posible los aerosoles y hacer el esfuerzo por comprar de esos bombillos ahorradores. En el carro, bajarle al aire acondicionado y cuando tengamos posibilidades, comprar autos híbridos o con un menor consumo de combustibles. A la hora de ir a votar en las urnas, tratar de escoger un candidato que tenga algún tipo de conciencia ambiental, y cuando este gane, hacer la veeduría ciudadana necesaria para ver que lo que habla no era una cuestión de coyuntura por ganar votos de algunos hombres obsesionados con los temas de la vida y el ambiente. Y finalmente, educar o debatir en nuestras casas sobre los efectos del cambio climático en nuestro diario vivir.
Nada de esto es difícil. Si uno se pone a analizar bien, es cuestión de cambiar unos hábitos negativos que las comodidades de la libertad nos han permitido tener.
Esta lucha es necesaria y requiere solo de algunos cambios en nuestros hábitos. Nada es radical. No se propone que volvamos a la edad de piedra, que dejemos de usar carros o que en los Estados Unidos se dejen de usar los aires acondicionados. Simplemente, son propuestas para que los individuos y las empresas enfrentemos algo que la burocracia arrogante, a pesar de muchas pruebas, no ha querido tomar en cuenta, inclusive de sus tremendas implicaciones sobre nuestras vidas, las de nuestros hijos y todas las generaciones de allí en adelante.
Peñalosa: Una campaña exitosa
A mi me da una impresión de que el candidato está al alcance de la mano, que no es lejano y arrogante como nos dicen que es.
Con esto, Peñalosa seguramente se ganará el voto de muchas personas (como yo, que estoy emocionado) más o menos jóvenes y metidas mucho en el cuento de la red. Para mí, esto se sale de lo normal y va a ser algo muy exitoso.
Para que este buen éxito siga, el grupo de locos que acompañan al alcalde (perdòn, creativos) debe inventarse algo para que este alegría y emoción llegue a los demás bogotanos que no saben de estas maravillas de la post-modernidad.
La Sociedad Ideal*
El propósito de este ensayo no es dar respuestas perfectas, aplicar al modelo de algún soñador social a Colombia ó escribir el libreto de un reinado de belleza. Más bien, es un esfuerzo para comunicar desde un punto de vista no tan idealizado, como sería una sociedad ideal, o al menos, algo más acercado a eso de lo que tenemos hoy en día.
***
Quisiera hacer especial énfasis en la movilidad en todas sus dimensiones: La económica, la social, la cultural y la política. Simplemente por el hecho de que una sociedad móvil y dinámica puede afrontar cambios y soluciones a problemas de una forma menos traumática y más rápida que una rígida que se guíe por principios que muchas veces no se pueden ajustar a las distintas situaciones y retos que el destino nos puede plantear.
Siguiendo en ese orden de ideas, creo que es necesario descartar el socialismo como opción para Colombia, no sólo porque no poseemos evidencia que sugiera que exista la llamada “solidaridad proletaria”, sino también porque es un sistema rígido, que una vez alcanza su estado utópico, se estanca y que además, no permite la libre expresión de los individuos, que de una u otra manera, pueden llegar a impulsar cambios en la sociedad mediante la comunicación de sus inconformidades y ese bien tan preciado llamado libertad.
El orden económico debe ser absolutamente móvil: Quién nace pobre, puede morir rico, ó por lo menos en condiciones mejores a las de la pobreza. Quién nace rico, debe contribuir a la sociedad para mantenerse en su estado y no convertirse en un parásito social. Para eso, debemos premiar a la libre iniciativa (para crear empresas), fortalecer el sistema financiero y sus instituciones (con el fin de que las mayorías puedan acceder de una manera relativamente económica al crédito y que las empresas tengan un mejor acceso a nuevos recursos) y disminuir los impuestos al trabajo (de tal manera que sea relativamente atractivo trabajar en la formalidad frente a la informalidad o el desempleo subsidiado). Además, no debemos perder tiempo en la discusión ideológica de que si el Estado debe o no desaparecer. Más bien, es necesario que lo redefinamos: Que sea una herramienta de los ciudadanos para exigir justicia y un brazo de la sociedad para ayudar a los que el mercado, en sus fallas, no puede asistir.
Y esa asistencia debe servir para que salgan de la pobreza en el futuro, no para que sigan siendo una carga para el Estado. La forma más fácil de hacer eso es con la educación, porque es la potencial liquidadora de la desigualdad salarial (dentro de las limitaciones del capitalismo), una de las causas de la desigualdad social.
Además, un pueblo educado de cierta manera, es un pueblo libre y con mejores herramientas para ejercer sus derechos democráticos.
Es imposible dejar de hablar de conflicto armado cuando uno se refiere a Colombia. Y es triste, además, el panorama no es muy alentador. Sin embargo, tengo esperanzas de morir con una Colombia en paz. Y estoy convencido de que así será si atacamos la pobreza y el desempleo rural con estímulos a las empresas que inviertan allí, continuamos con las políticas de recuperación de la soberanía nacional sobre grupos ilegales y hacemos del respeto por la libertad, la vida y la propiedad de los demás otro de los imperativos de nuestras vidas.
Después de todo este texto, de estas palabras que expresan ilusión, esperanza y frustración a la vez, sólo me queda por decir que deseo una Colombia donde la gente rica pueda respirar con tranquilidad, los pobres tengan la oportunidad de progresar, seamos capaces de afrontar cambios y logremos eso que hace dos siglos algunos malolientes franceses gritaron: ¡Libertad, igualdad y fraternidad¡
NOTA: Es probable que este ensayo carezca de cimiento científico o académico, pero la naturaleza del mismo lo permite.
