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Actores transnacionales, sus roles y perspectivas de participación en el conflicto colombiano

En sus primeros años de existencia, el conflicto en Colombia se caracterizó por ser un asunto eminentemente doméstico, con una influencia relativamente limitada de agentes externos. Si bien se presentaron algunos casos de intervención extranjera en nuestra guerra, como el apoyo financiero y militar de Cuba al ELN en los años sesenta (Peters, 2009), estos nunca fueron lo suficientemente profundos y extensivos como para convertir a otros países en actores importantes y decisivos en nuestro teatro estratégico. Sin embargo, esto ha cambiado en las últimas décadas con el aumento de la actividad norteamericana justificada en el combate al tráfico de drogas y al terrorismo, y más recientemente con la aparición de proyectos expansionistas que son compatibles con las ideas de los grupos insurgentes en Colombia. Es el objetivo de este documento establecer con claridad quiénes son los actores transnacionales que han estado involucrados en nuestra guerra, qué está pasando con ellos en la actualidad, qué podemos esperar de ellos en el mediano plazo y sus implicaciones posibles para nuestro conflicto.

a.) ¿Quiénes son, cuál ha sido su rol y qué está ocurriendo?

Si bien una cantidad considerable de países en el mundo han expresado su preocupación por la violencia en Colombia, pocos han sido actores relevantes en nuestro conflicto, lo que es racionalmente asimilable si se acepta que las naciones y sus gobiernos sólo se interesan con profundidad por un problema cuando este realmente les afecta. Tal como lo afirma Borda (2010), los Estados actúan por motivaciones fuertes y  claramente definidas  y no por caridad. De esta manera, existen algunos países que poco tienen que ver con nuestro conflicto pues sus intereses están alejados de esta parte del trópico. Así, por ejemplo, es predecible que países  como Bangladesh o Sri Lanka se interesen poco por nuestra guerra pues claramente no estamos dentro de su lista de prioridades por varias razones: Nuestro intercambio comercial es casi nulo, nuestra posición geográfica es muy lejana, etc. Pero, de igual manera, hay otras naciones que tienen intereses naturales en Colombia y que consecuentemente tienden a estar más involucradas en el conflicto armado. Dentro de ese contexto, el país que ha estado más involucrado en nuestra guerra ha sido Estados Unidos pues la estabilidad política de Colombia parece importante para su seguridad nacional y la preservación de la estabilidad en el hemisfero (Sweeney, 1999), así como la necesidad de combatir a las drogas y al terrorismo. En ese mismo orden de ideas, Venezuela ha convertido en un agente externo importante para nuestra guerra pues es el corazón de un proyecto continental de unidad latinoamericana que simpatiza con los planteamientos políticos bolivarianos de las guerrillas colombianas, y hay evidencia empírica relevante que apunta a la colaboración técnica y financiera del gobierno de ese país con organizaciones armadas ilegales en Colombia (Ortiz, 2010). Y aunque es cierto que hay muchos otros Estados interesados en nuestro conflicto, como Brasil al que este asunto le es relevante como potencia hemisférica emergente, lo verdadero es que no hay otros actores que hayan o estén jugando roles tan protagónicos como los EEUU y Venezuela. A continuación, describiremos las interacciones recientes de esas naciones con Colombia en lo que es relativo a la guerra y lo que podemos esperar de ellas en el mediano plazo.

i.) Estados Unidos

Después de la finalización de la Segunda Guerra Mundial y el inicio de la Guerra Fría, la relación bilateral con Colombia no ha sido de prioridad elevada para los Estados Unidos pues el eje principal de su política exterior en gran parte del Siglo XX fue la lucha global contra el comunismo (Hook & Spanier, 2007), y si bien Colombia llegó a tener un rol relevante en esta cruzada en el contexto hemisférico, generalmente existieron situaciones más críticas que demandaron la atención prioritaria de los Estados Unidos. Así, por ejemplo la contención soviética en Europa Occidental y la Guerra de Vietnam dominaron la agenda exterior de muchos gobiernos, desde Dwight Eisenhower hasta Gerald Ford. Esto empezaría a cambiar hacia finales de los años ochenta con la administración Reagan y su fuerte postura en materia de política antinarcóticos. Como afirma Borda (2001), el inicio de ese gobierno marcó un giro radical en materia de acción y retórica en lo que se refiere a la guerra contra las drogas, distanciándose del discurso de la saliente administración de Jimmy Carter, cuyo eje central era tratar el problema del los narcóticos como un asunto de salud pública. Así, la primera dama de ese país, Nancy Reagan, lanzó en 1984 la campaña Just say no, que incitaba al público americano a dejar de consumir drogas pues esta actividad implicaba costos económicos, sociales y culturales demasiado altos. En 1986, el Presidente Reagan firmó el Antidrug Abuse Act que establecía por primera vez un presupuesto relativamente importante para la guerra contra las drogas (U$1.700 millones, equivalentes a U$5.340 millones de 20081), una penalidad mínima para consumidores y el porcentaje mínimo que un condenado por consumo de drogas debe cumplir de su sentencia para poder ser libre (85%) ("Timeline: America's War on Drugs," 2007). Esto sería relevante para Colombia y su relación con los Estados Unidos pues el inicio de esta cruzada contra narcóticos coincidiría cronológicamente con la consolidación de nuestro país como el mayor exportador mundial de cocaína y la aparición de poderosos carteles como el de Medellín y de capos legendarios como Pablo Escobar y Carlos Lehder. Tickner (2010) afirma que este período histórico marcó el inicio de la narcotización de las relaciones bilaterales, que le fue útil a nuestro país como excusa para buscar una relación especial con los Estados Unidos y solicitar asistencia militar y financiera para combatir al flagelo del narcotráfico. Así, en 1989 el Estado Colombiano ya había recibido radares y helicópteros, así como entrenamiento por parte de especialistas norteamericanos. Adicionalmente, el dinero para inversión ya era de U$89 millones y se esperaba que siguiera creciendo (Brooke, 1990).

Los Estados Unidos siguieron proporcionando cooperación militar y financiera para la lucha contra las drogas durante la década de los años noventa, aunque de forma diferente a la inicialmente provista en las Administraciones Reagan y Bush, y por varias razones: En primer lugar, el escándalo del proceso 8.000, donde se probó que dinero del narcotráfico financió parte de la campaña de Ernesto Samper, enrareció las relaciones entre los gobiernos de ambas naciones y amenazó la estabilidad institucional colombiana. Y en segunda instancia, muy relacionado con lo anterior y según Ortiz (2010a), la debilidad del Presidente obligó al gobierno a buscar apoyo en las Fuerzas Militares para poder seguir en el poder, y lo consiguió. De esta manera, los Estados Unidos redireccionaron la cooperación técnica y la ayuda financiera de la guerra contra las drogas hacia la Policía Nacional, que se asociaba menos con el gobierno Samper. Todo esto tendría implicaciones relevantes para el escenario nacional de seguridad pues coincidió con la escalada militar más   agresiva llevada a cabo por las FARC y el surgimiento de grupos paramilitares en varias zonas del país.

Entonces al finalizar el gobierno Samper, la institucionalidad nacional estaba debilitada, la situación de seguridad era crítica y las relaciones con los Estados Unidos atravesaban por el peor momento en décadas. Para enfrentar ese complejo panorama, Ortiz (2006) afirma que la administración Pastrana optó por una estrategia dual que abría las puertas a la negociación con las FARC mientras impulsaba una actualización y una reforma profunda de las Fuerzas Militares. Para poder desarrollar con éxito  el segundo pilar de la estrategia era necesario mejorar las relaciones con los Estados Unidos pues el estado de las finanzas públicas era débil y la cooperación técnica norteamericana, direccionada a las Fuerzas Militares, podría tener implicaciones estratégicas favorables e importantes en la lucha contrainsurgente. De esta manera y tras avanzar en la recuperación de la confianza entre ambos Estados, el Congreso de los Estados Unidos aprobó el Plan Colombia (PC), propuesto por la administración Clinton y el gobierno Colombiano, con el objetivo de fortalecer al Estado Colombiano para que este pudiera ser un agente efectivo en la guerra contra las drogas (Tickner, 2010). Una de las características más importantes de esta iniciativa es que era eminentemente militar y que limitaba el uso de los equipos adquiridos con fondos norteamericanos para asuntos contra narcóticos, lo que algunas veces limitaba su efectividad en la lucha contrainsurgente.

Tras los ataques terroristas del 11 de Septiembre de 2001, la declaración de la guerra  global contra el terrorismo de la administración Bush y el fracaso de los diálogos de paz con las FARC, la relación entre Colombia y los Estados Unidos tomó un nuevo aire pues la lucha contrainsugente se justificaba plenamente dentro del contexto de cruzada global contra el terror y dotaba con algunas herramientas al gobierno Colombiano para aprovechar más eficientemente los recursos financieros y la cooperación técnica norteamericana en la guerra contra las guerrillas.  Por ejemplo, Ortiz (2010a) afirma que antes de este cambio en los términos de la relación con los Estados Unidos, los equipos comprados con fondos norteamericanos no podían ser utilizados por las Fuerzas Militares Colombianas sin la autorización de personal militar de ese país, que estaba sujeta a la orientación de la operación a ejecutar: Sólo se podían usar si las operaciones en que participaban era de carácter contra narcóticos. Después y dentro del ámbito de la guerra global contra el terrorismo, los militares colombianos pudieron hacer uso de esos equipos sin restricción y sin necesidad de autorizaciones de los estadounidenses, lo que implicó de alguna manera un rol más relevante en el conflicto interno, pues la asistencia militar ya no se limitaba a operaciones contextualizadas en la guerra contra las drogas, sino que extendió su foco a otro tipo de situaciones más relevantes para la guerra interna como la contrainsurgencia y la aplicación extensiva de la política de seguridad democrática. Tickner (2010) afirma que el período de tiempo comprendido entre los ataques terroristas del 11 de Septiembre y el fracaso finales de las negociaciones de paz con las FARC, determinó el inicio de la terrorización de la relación bilateral.

En los últimos años, el rol de los Estados Unidos en nuestro conflicto ha venido decreciendo por numerosas razones: En primer lugar, el papel activo que ese país venía jugando en nuestra guerra se justificaba en el discurso de la guerra global contra el terrorismo, que después de los fiascos militares en Irak y Afganistán ha perdido relevancia y parece estar desapareciendo, al menos en sus formas más rudas (Henninger, 2009). En segunda instancia, y probablemente como consecuencia de lo anterior, el Congreso de los Estados Unidos, desde finales de 2006 ha sido dominado por el partido demócrata y esto se ha reflejado en la composición de los fondos del Plan Colombia pues los programas de asistencia social y desarrollo económico han venido ganando relevancia frente a los de inversión militar, lo que según Ortiz (2010b) tiene implicaciones estratégicas relevantes dado que los recursos norteamericanos para fines bélicos se habían convertido en la parte más importante para inversión del presupuesto del Ministerio de Defensa. En tercer lugar, los Estados Unidos atraviesan por una difícil situación fiscal que limita el espacio presupuestal para iniciativas como el Plan Colombia. En cuarto lugar, existen otros lugares con situaciones críticas que están llamando la atención y los recursos de ese país, como Afganistán. Y finalmente, con la llegada a la presidencia de Barack Obama en Enero de 2009, el paradigma de la estrategia contra las drogas parece estar migrando de uno netamente punitivo a uno que incluye componentes de salud pública más amplios e integrales. Así, por ejemplo, el Zar Antidrogas de los Estados Unidos ha afirmado en numerosas ocasiones que el término guerra contra las drogas debe ser eliminado del lenguaje de la política contra narcóticos del gobierno de ese país (Fields, 2009). Esto tiene implicaciones políticas importantes para Colombia pues de alguna u otra manera, y como fue explicado anteriormente, la asistencia técnica norteamericana en las últimas tres décadas se basó en dos paradigmas que parecen estar relegándose cada vez más a segundos planos: El terrorismo y la guerra contra las drogas.

Es predecible que esta tendencia se consolide en el mediano plazo por varias razones. En primera instancia, la Administración Obama enfrenta retos domésticos y externos mucho más importantes que nuestro conflicto o que la propia guerra contra las drogas, cuya justificación misma ha empezado a cuestionarse: Complejos problemas de  una infraestructura que ya está cumpliendo su vida útil (Sofge, 2007), un elevado déficit fiscal y una deuda soberana galopante, tensiones diplomáticas y comerciales con China -que es su segundo mayor acreedor ("Not pointing or wagging but beckoning," 2010), el programa de desarrollo nuclear de Irán, etc. En segundo lugar, el espacio fiscal para programas como el Plan Colombia seguirá reduciéndose pues el problema presupuestal de los Estados Unidos no es de carácter coyuntural, sino estructural: Según el Budget Projections (2010) del Congressional Budget Office, el déficit fiscal en 2010 será del 10.3%, en 2011 8.9% y 2012 5.8% del PIB y se estabilizaría alrededor de 4.5% hasta el 20202. Y en tercer lugar, como afirmó Tickner (2010), la guerra contra las drogas, que sirvió como argumento para que Colombia tuviera una relación especial con el gobierno norteamericano durante muchos años, parece estar empezando a desvirtuarse.

ii.) Venezuela 

Según Murillo & Llorente (1989), las relaciones Colombo-Venezolanas generalmente se han determinado por diferendos limítrofes y por asuntos ligados a la integración de ambas economías. Este paradigma se mantuvo durante el resto del siglo XX y los primeros años del gobierno de Hugo Chávez, esencialmente por los bajos precios del petróleo observados hasta 2004, lo cuál es relevante pues según Oppenheimer (2006) esa es la condición mas importante para la puesta en práctica de la retórica bolivariana del mandatario venezolano. A partir de 2005, con la reactivación de la economía global y la entrada de potencias emergentes como China e India en los mercados globales de materias primas como compradores, los precios de insumos básicos como el petróleo empezaron a subir estrepitosamente y, consecuente con la afirmación planteada anteriormente, la actividad del Presidente Chávez en el hemisferio también3. Este incremento de actividades tuvo implicaciones importantes para Colombia pues significó que su vecino andino más relevante en términos estratégicos se encontraba en medio de en un proceso de expansión de influencias bajo la excusa de la unidad latinoamericana y el bolivarianismo. Adicionalmente, es necesario tener en cuenta que el modelo que Venezuela pretendía exportar, basado en una economía estatizada y un régimen político autoritario, es muy diferente al que Colombia pretende consolidar, que se cimienta en una democracia liberal y un sistema económico de libre mercado, lo que puede generar tensiones estructurales difíciles de solucionar, especialmente cuando las propuestas ideológicas de Caracas son compatibles con los de las guerrillas colombianas, enemigas principales del establecimiento de Bogotá.

Según Ortiz (2010), el surgimiento del expansionismo venezolano se tradujo en el escenario de guerra colombiano en cuatro elementos: i) Retaguardia estratégica para las guerrillas, que habían sido arrinconadas por el Ejército Colombiano por el éxito de la política de seguridad democrática, ii) financiación y armas, reflejadas en el plan frustrado del Presidente Chávez para conseguir U$300 millones para las FARC y el decomiso de misiles suecos antitanque que fueron adquiridos por el Ejército Venezolano en manos ese mismo grupo insurgente, iii) un modelo político de referencia y iv) reconocimiento político internacional, que implica cierta disminución de la legitimidad del Estado Colombiano y por lo tanto una posición menos ventajosa para negociar, en unos eventuales diálogos de paz. El impacto estratégico de la intervención venezolana en el conflicto es evidente y relativamente sencilla de explicar: Las guerrillas encontraron un lugar donde abastecerse, una fuente de recursos y cooperación militar relevante y algo de status político, lo que sin lugar a dudas hace mucho más difícil la labor de contrainsurgencia del Ejército Colombiano y debería, en el mejor de los casos, alargar la guerra.

Es predecible que el fenómeno anterior se prolongue por una causa sencilla: Lo más probable es que el Presidente Chávez se mantenga en el poder pues hay razones que apuntan a ello. En primer lugar, sigue teniendo apoyo popular. Si bien las encuestas muestran resultados de popularidad disímiles, esta parece  ser lo suficientemente elevada para que pueda haber gobernabilidad: La encuesta menos favorable arroja un 45% de soporte al Presidente Chávez (Datanálisis, Abril de 2010). En segunda instancia, parece razonable que el mandatario venezolano tenga el apoyo del establecimiento militar de su país pues le ha brindado una cantidad considerable de prebendas, ha elevado sus salarios considerablemente y ha aumentado el presupuesto de inversión en defensa como ningún otro presidente en la historia de ese país (Daniel, 2010).  En tercer lugar, el presidente Chávez ha construido una base social de personas dependientes del Estado que estaría dispuesta a apoyarlo en caso de algún tipo de tribulación política, así como un cuerpo de milicias urbanas fieles a él, no a la Constitución, como es el caso del Ejército (Ortiz, 2010). Y finalmente, los precios del petróleo deberían seguir relativamente elevados mientras la demanda global de crudo se sigue recuperando al tiempo que la misma economía mundial.

b.) Conclusión

En este artículo se han descrito los roles estratégicos de los dos agentes externos más importantes para nuestro conflicto armado y se han hecho algunas predicciones sobre las posibles variaciones que esos roles puedan presentar en el mediano plazo. El resultado no es positivo para Colombia pues el panorama geopolítico que se está configurando no es el deseable para un país que busca terminar rápidamente y por la vía militar a las guerrillas insurgentes: Un aliado importante en la lucha contra el terrorismo se está replegando mientras que el gobierno de un vecino, ideológicamente compatible y colaborador de las FARC, parece haber llegado para quedarse, al menos en el mediano plazo. Y todo lo que eso implica.

Bibliografía

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Elecciones Insípidas

Las elecciones presidenciales de este año en los Estados Unidos me han parecido muy aburridas. Extremadamente insípidas. Desaboridas en exceso. Desproporcionadamente secas. Y muy especialmente, sí traemos a colación el hecho de que son parecidas a todas las campañas anteriores: Ataques personales de ambos lados y técnicas recurrentes de la ciencia publicitaria: Hombres sonrientes, lugares comunes (los chicos malos de Wall Street, la necesidad de un cambio en Washington, etc…), las tradicionales ovaciones colectivas después de la mención de los lemas bien aprendidos (Change We can belive in ó Country first) y la exaltación, bien remachada, de los valores propios de la nación norteamericana: Disciplina, trabajo y perseverancia. Los de siempre, por antonomasia. En últimas, no sobra recordarlo, esta es una elección más: Tal vez no por su contexto de crisis, sino por su contenido y las formas ya bien revisadas en el pasado de cómo se están haciendo las cosas. Y tal vez por eso me tiñe un poco de desesperanza: A pesar de que haya un cambio, es probable que las cosas sigan muy parecidas. Por ejemplo, la disposición de ambos candidatos para reformar las chuzadas a llamadas telefónicas y muchos otros poderes del gobierno federal que violan algunos derechos inherentes de los seres humanos, es nula . Es muy probable, tal vez un hecho, que cierren o reformen Guantánamo. O que dejen de capturar a individuos calificados como terroristas, por puras sospechas y caprichos de idiotas –como diría Thomas Friedman - sentados en una silla en la oficina Oval. Pero en suma, las expectativas de cambios verdaderos y soluciones prácticas a los problemas que agobian a esa gran nación parecen ser sólo ilusiones, pues además del actual derrumbe de la economía, hay muchos otros problemas: Los ghettos, los empleados blue collar dejados de lado por la nueva economía globalizada de alta tecnología, un sistema de educación media deficiente, el quebrado sistema de seguridad social y las guerras sin fin aparente, como Irak y Afganistán. Y las soluciones a esos problemas pueden estar planteadas, pero son imposibles de aplicar por el mismo ambiente político que reina en el país del norte. Por ejemplo, para enfrentar los problemas del sistema de seguridad social, se podrían aumentar los impuestos a la nómina en un 90% o disminuir los beneficios sociales en un 110%. Algo complicado, mucho más con el actual contexto político. Una lástima.

Y mientras tanto, los que esperamos esos cambios y seguimos a los que probablemente sabrán solucionar muchos de esos asuntos -tecnócratas, generalmente-, seguiremos esperando. Escribiendo. Tratando de hacer ruido. Para ver si algún día la sensatez llega. Aunque, teniendo en cuenta algunas experiencias en otros asuntos, la sensatez llega tarde. Y muchos más si es en los políticos....

That's why I hate politics....

Según reportes de CNN y algunos de sus millones de asociados a lo largo y ancho de Atlanta (es decir, los iReporters, la versión gringa del Denuncie! o Sea usted el reportero!) hay una gran escasez de gasolina en esa ciudad. Tal será la situación que en la ciudad del melocotón hay lugares donde el galón se vende a $5, mientras la media del sureste está en $3,73, casi 35% más!. La causa principal, dicen los oficiales del gobierno del Estado de Georgia, ha sido el paso de huracán Gustav y sus consecuentes daños sobre la infraestructura petrolera en Houston. Y bueno, me parece que es algo contra lo que no se puede luchar. Lo que me preocupa, es que salga algún demócrata -o republicano, quién quita...- a decir que esto es el resultado de las políticas fallidas de George W. Bush. Sería el colmo de la desfachatez. Pero tal vez de eso se trata la política: That's why I hate politics...(and most politicians...)...

La generala

Sinceramente que gustaría saber que diría Florence Thomas sobre esto.

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Siendo totalmente ignorante respecto a los criterios tomados en cuenta para seleccionar a los coroneles que son escogidos para tomar un curso para ser generales, me parece que el ejército se anotaría un buen hit mediático si esta señora es elegida, pues ayudaría a borrar, por lo menos de manera parcial, el lugar común de las estructuras militares rígidas y excluyentes. Algo importante -y chévere, de paso- cuando nuestras fuerzas armadas se ven salpicadas por hechos muy reprochables.

Universitarios Subversivos

Todos los seres humanos crecemos con signos que marcan a otros seres humanos. Y muchas veces, la vida se trata de estigmas: Del típico muchacho estudioso con gafas y vida social relativamente nula. O de la muchacha agraciada, poco interesada en sus deberes académicos y extasiada con los placeres de la carne. O de los padres de familia que dicen que la tecnología los atropella. En fin, la cantidad de comportamientos comunes, estereotipos y prototipos es infinita. Sin embargo, hay algunos que se repiten con más regularidad y certeza que otros. Creo que uno de ellos, por lo menos en las sociedades latinoamericanas, es el los universitarios subversivos: Muchos de ellos estudian en una universidad sostenida por el Estado, odian al sistema y se hinchan de rabia cuando ven algunas de sus capacidades. También luchan porque su voz no sea silenciada, cuando es prácticamente un hecho que en el fatídico –e hipotético- día en que lleguen al poder, su primera acción sería censurar la libertad de expresión. Algunos inundan, con ayuda de sus contrapartes, los foros de la nueva prensa electrónica con insultos, improperios y muchas (muchísimas) letras mayúsculas. Otros, con experticias más elocuentes, son el motor renovador del discurso miserabilista que tiene el control del debate en este país. En fin, esas son las características de los universitarios subversivos.

Algunos opinadores de sectores políticos afines a estos grupos de adolescentes alucinados han afirmado, en repetidas ocasiones, que vincular o proponer la ecuación Universidad Pública=Subversión es un equívoco. Y pueden tener algo de razón, teniendo en cuenta que estas ecuaciones sociológicas suelen tener sus importantes excepciones. Pero de cualquier manera, esa ecuación, en general, puede tener cierta validez: Sólo hay que empezar porque las universidades –y en especial las públicas- son parte clave de las estrategias macabras del terrorismo para extender sus tentáculos en las ciudades, fruto del resquebrajamiento de su poder en el campo. O que muchos de los movimientos guerrilleros que surgieron en América Latina en el tardío siglo XX tuvieron entre ojos a esos centros de educación. El mismo Ernesto Guevara decía algo por acá. En últimas, negar la existencia de la correlación es un imposible. Hasta los últimos videos de algún@s encapuchados incitando a unirse a movimientos hermanos de las FARC, puede servir de evidencia. Finalmente, los únicos que los hacen son ciertos analistas afiliados a la causa. Algunos analistas que "Ven lo que quieren ver. Oyen lo que quieren oír. Y casi siempre dicen la misma cosa”, para citar a Alejandro Gaviria.

En todo caso, a mí de estos universitarios subversivos no me molesta su existencia. Finalmente, son el resultado de algo que yo también critico con mucha regularidad (la falta de oportunidades, un aparato burocrático lento e ineficiente, etc…) y alabo con mucha confidencia (la libertad de expresión). Lo que me enerva del asunto es el ruido que hacen. En últimas, son como los del PDA: Poquitos, pero bullosos. Su forma de expresión, lo que dicen y como pretenden caricaturizar de manera diabólica y acomodada la realidad colombiana. Sus pancartas lanzando piropos a terroristas como las FARC y condenando a otros como los paramilitares. En fin, parte de toda esa horrible jerga de la que hablaba George Orwell cuando se refería a la ambivalencia de algunos sectores europeos de izquierda. Pero ante la indignación y el cólera que generan todas estas manifestaciones pifiadas de nuestra sociedad, como antídoto solo queda la reflexión y la pasividad, pues el activismo y la gritería solo sirve para darles más aliento. Para perpetuar el dolor de cabeza político. Entonces, la inacción, por lo menos, puede ser más efectiva, pues la futilidad de sus argumentos y las falacias de sus historias –como su cobardía para enfrentar el debate de frente- harán que se callen solos.

El legado de Fanny

Fanny Mikey, no cabe duda, era una gran mujer. Todo le quedaba bien: No desentonaba en las odiosas reuniones santafereñas con whisky en mano y ex-ministros al lado. Tampoco le iba mal con el pin-pon en la nariz que tiene la foto que fue puesta en el Capitolio Nacional los días de velación. Muchísimo menos cuando hacía reír al público en obras tan cómicas como verdes como La Celestina. De cualquiera manera era admirable: La magnífica obra del Festival Iberoamericano de Teatro y su pulcra conjugación en todas las escenas sociales de la sociedad colombiana es, en una persona, francamente difícil de encontrar. Yo diría que imposible.

En fin, yo creo que -en general- solo caben halagos. Como pocas veces, unirse a una cacofonía no es incómodo. Yo, sinceramente, no conozco mucho de Fanny, pero sí algo de su obra. De todas formas, creo que el verdadero legado que puede dejar la señora Mikey en estos momentos difíciles para Colombia es la confirmación de que no harán falta pupilos. Tendremos que esperar al siguiente Festival Iberoamericano de Teatro para ver que, a pesar de todo, se podrán convocar muchas compañias de todo el mundo y que como todos estos años, muchas luces y mucha cultura alumbrarán Bogotá. Tendremos que esperar al siguiente Festival Iberoamericano de Teatro para ver que no hay personas indispensables. Ni siquiera Fanny.

Sorpresas

Estos días no se porque he escrito tan poquito. Probablemente me cansé de hablar de lo mismo o de recibir pocos comentarios, pues ya sabrán los bloggers y los escritores que uno escribe para que lo comenten. O al menos lo lean un poco y no sean sólo estudiantes de secundaria sin imaginación buscando "cómo es una sociedad ideal". O tocayos haciendo el tan común ejercicio egocéntrico de buscar su nombre en Google. O venezolanos buscando profecías sobre su país. Y hasta inquisidores de la globalización buscando conclusiones sobre Dónde está la franja amarilla? del poeta Ospina. Pero bueno, seguiré escribiendo por inercia. O por no botar a la basura tantos minutos invertidos, textos poco célebres y por seguir buscando enriquecerme intelecualmente en el acto. Y esperando la voz de personas nuevas. O al menos, para saber quienes me leen por interés y no por las bondades del PageRank de Google.

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El secuestro es una acción, por parte de cualquier actor, punible. Eso es obvio. Y, retando a las sociologías ruidosas de algunos opinadores, así lo ha ratificado el pueblo de Colombia este 20 de Julio. Y esta misma fecha -y la motivación que la misma tiene esta vez en particular- me ha llevado a reflexionar un poco sobre lo buenas que pueden ser algunas personas para juzgar el progreso de algo, cuando están lejos de ellas por un buen tiempo: Cuando no son susceptibles de captar la gradualidad que la lentitud del avance trae consigo mismo. A aquellos que, por ciertas limitaciones infortunadas, solo ven el antes y el después. Estas personas, para nuestro caso, son los secuestrados.

Para citar un ejemplo claro aunque extraño, vale la pena citar la revolución silenciosa de los teléfonos móviles: El celular pasó de ser un bien poco popular hace 5 años a ser el regalopor excelencia para los niños de las clases menos favorecidas. Pero no nos dimos cuenta. O tal vez sí, pero jamás advertimos de los grandes cambios que esa nueva realidad nos ha traído -y nos traerá-. Creemos todavía, como cualquier comunicado del Polo Democrático, que estamos estancados. O que nada mejora. Que la famosa sensación de crisis, de la que tanto hablan algunos extranjeros que visitan nuestro país, es cierta. Pero eso, sinceramente no lo creo. La tesis derrotista contrasta con el libro Mi fuga hacia la libertad de Jhon Frank Pinchao, donde -con la facultad del antes y el después- relata su sorpresa por ver a los transeúntes con pequeños celulares, dejando atrás selectos y pesados teléfonos, muy bien conocidos como las panelas. Y así con muchos aspectos de la vida cotidiana: Quién se hubiera imaginado en Ciudad Salitre, en Bogotá, hace 10 años el primer Trade Mart de América Latina?. Ó que Marriott instalaría dos hoteles en la capital de Colombia, otrora famosa por su suciedad y desorganización urbanística?. O que el tiempo de viaje entre las capitales secundarias y la arrogante Santa Fé sería de tan sólo minutos, antes días y meses?. En fin, los ejemplos abundan. De pronto lo que hay que dejar claro es que tal vez de eso se trata la vida: De ver que hemos progresado; Tal vez no tendremos las mejores cifras sociales o económicas, pero hemos mejorado, digan lo que digan l@s profetas de las crisis. En últimas, el asunto se trata de empinarse en el camino y ver hacia atrás, nuestra historia. Ver que no nos hemos estancado; Sí, que hemos sufrido. Pero que a pesar de todas las dificultades, como escribiría el poeta Cavafis, seguimos adelante.

El pueblo americano y las elecciones...

Estos días he estado un poco alejado de los medios, especialmente, porque el calor de esta nueva ciudad me ha afectado (sí, imaginenme con los cachetes colorados) y eso ha tenido efectos negativos (externalidades?) sobre mi estado físico. Me siento cansado y he empezado a hacer lo que siempre critiqué: Siesta. En todo caso, hoy después de un descansito, entré a The Economist a ver qué había de nuevo. Varias cosas interesantes, como la fusión de Delta y NWA, la llegada del Papa a los Estados Unidos y algo de las elecciones en ese mismo país. Con algo de pereza, me referí directamente a una sección (At a glance) que me gusta mucho, porque suelen presentar estadísticas de cosas espontáneas (estúpidas e interesantes al tiempo). Encontré esta interesante gráfica, basada en la encuesta The Economist/YouGov, que trata sobre topicos relacionados con las elecciones. Esta es sobre quien podría hacer el mejor trabajo en algunos temas especificados.


Lo que me llama la atención es que Barack Obama está de primero sólo en un asunto, el de los altos precios del combustible. Tal vez es porque ese candidato se ha dedicado más a vender su mensaje romántico (sí, ya me dí cuenta) de cambiar la política, que a plantear propuestas puntuales, como probablemente Hillary y McCain sí han hecho.
En últimas, si ganara Obama (que no parece, según la misma encuesta, si se enfrentara con McCain, ambos tendrían el 44% de los votos), podríamos decir que el pueblo americano habría evirado hacia una postura más idealista y menos racional de la política porque estaría votando por un personaje con carisma y pocas propuestas concretas, en vez de otro con postulados claros, aunque no tan popular.

Política y pensamientos infantiles

Interesante esta columna de Alejandro Gaviria.
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No me gusta que parece igualar clientelismo y corrupción con parapolítica. En esencia, me parece, la parapolítica tiene alcances mucho más profundos, dolorosos y sanguinarios que el hecho de robar o usar influencias en temas relacionados con el Estado. Es como comparar un asesino con un ladrón.

Me gusta el planteamiento de que las reglas planteadas y hechas leyes no significan curas definitivas. Hay normas (y pueden poner más, y más severas) contra la corrupción, pero la torta pública es tan tentativa que vale poco el incentivo de las imágenes de los noticieros en el búnker de la Fiscalía con agentes del CTI o el de las pulgas en La Picota.

Hay un hecho puntual y de fondo: Hay corrupción porque hay demasiado dinero suelto a cargo de políticos regionales y barones locales, cuyos destinos suelen ser muy diferentes a lo que la Constitución y las leyes mandan. Esa plata puede pasar de estar inicialmente destinada a salud y mantenimiento de vías a poner bonitos los barrios de los más pudientes políticos o financiar grupos ilegales.
Probablemente, el asunto mejorará si se limita el poder de estas personas que ya he nombrado. El problema es que para hacer tal cosa, todo tendrá que pasar por el congreso. Y hacer que los políticos se limiten es algo muy difícil, sin duda.

Ok... tú ganas, Sammy.

En este espacio critiqué con fervor a Samuel Moreno.
En esencia, su partido político no me gusta y me parecia que era un demagogo más: Temía que iba a quebrar al distrito e iba a repartir contratos entre Jaime Dussán, Jorge Robledo y los secuaces de la izquierda más cerrada en Bogotá. Pero bueno, ha pasado algo de tiempo, y creo que me equivoqué.



La verdad es que no ha pasado mucho, que es buena seña, y el gabinete de secretarios, al parecer, tiene algún criterio técnico (Juan Ricardo Ortega puede ser un buen ejemplo) y no se basó únicamente en los intereses de los maestros de Sociales afiliados a FECODE. Además, se mantiene Invest in Bogota, la iniciativa de la Alcaldía Mayor y la Cámara de Comercio, que ahora cuenta con el respaldo de la Primera Dama del Alcalde.



Sigo algo preocupado por lo del Metro: Puede ser muy costoso y Bogotá puede tener otras prioridades en estos momentos que obras gigantescas y que pueden ser, desde el punto de vista económico, ganancia para la sociedad. El punto flaco (y muy importante, por como lo promocionó en campaña) es, tal vez, no haber estudiado otros sistemas de transporte masivo, como por ejemplo, el Aerobús, que también es limpio y puede ser, económicamente, más viable que un tren metropolitano, para la Alcaldía y para los ciudadanos (críticos para el éxito del proyecto), ya que el tiquete costaría tan sólo $700, frente a los $1200-$1300 que cuesta un boleto en Transmilenio.


Por ahora, me retracto de mis vaticinios fatalistas. Por ahora, Sammy ha ganado la batalla.
Ojalá, por el bien de mi ciudad, que el equivocado y el perdedor, en la futurología, termine siendo yo.

Imperios y globalización

Siempre me ha causado curiosidad la hipótesis de los movimientos anti-globalización de que el mundo tiene a dividirse en dos partes: Los malos son los imperios millonarios que poseen lujos, bellas avenidas y viven secuestrados por los medios de comunicación. Los buenos son aquellos que sostienen a aquel mundo arrogante y opulento, mientras son explotados y viven moribundos. Y así, por siempre, el orden se perpetua. Los pobres siempre serán pobres (y más pobres) y vivirán en la miseria y los ricos siempre serán más ricos y disfrutarán más de sus beneficios terrenales, mientras se frotan las manos y ven como saquean y explotan cada vez más a los explotados.
Pero como cosa rara, creo que esto carece de algún rigor y no es más que un conjunto de juicios sociológicos acomodados para adoctrinar a nosotros, los muchachos del tercer mundo.
Me parece que el mejor ejemplo es la reciente adquisición, por parte de la multinacional Tata de India (una antigua colonia del flamante Imperio Británico) de Jaguar, un símbolo de la exquisitez y la clase inglesa, y de Land Rover, un ícono del poderío militar de antaño.
Para explicarme quiero preguntar: Tiene sentido, en un mundo como el que plantean los movimientos anti-globalización, que los símbolos y las empresas de los opresores pasen a manos de los oprimidos?. Yo creo que no.

Otro buen ejemplo es el de los famosos Fondos de Riqueza Soberana, que pertenecen a los gobiernos de algunos países que se han beneficiado de los altos precios de los commodities, que son mayoritariamente países pobres. Ellos buscan rendimientos para sus reservas excesivas y a veces se parquean en los bonos del Tesoro de los Estados Unidos. En pocas palabras, pueden ser los dueños de la deuda de la nación que suele ser el blanco de las satanizaciones cuando se habla de globalización.

Lo que debe quedar claro es que en un mundo como el de hoy, es diferente al que plantean mis contemporáneos revoltosos: En su utopía trágica (para justificar sus revoluciones), el orden nunca cambia y en este mundo terrenal y verdadero, el cambio, como lo han demostrado los indios, los chinos y hasta los irlandeses, es el pan de todos los días.

Lucho: Fuera del Polo!!

Esta mañana se ha dado un buen debate (sobre todo en radio) sobre las picantes declaraciones de Lucho Garzón en ElTiempo, ayer domingo. Y no es para menos... El alcalde fue bien certero y sincero con la gente del PDA. Habló hasta de salirse (o que lo echaran) y de formar un nuevo partido. Y a mi personalmente no me disgusta lo último, en esencia, por dos motivos:
  • Lucho no es un auténtico del PDA como Petro y Carlos Gaviria. Son distintos. Lo que busca la gente que apoya al PDA es diferente a Lucho: Por ejemplo, en 2006 en las primarias del Polo ganó Carlos Gaviria, una persona de izquierda vieja (y marcada) contra alguien más moderado como Antonio Navarro. O en el 2007, en las pasadas elecciones locales, ganó SamuEL Moreno contra Maria Emma Mejía. En fin: Son tendencias distintas y por ello deberían separarse.
  • Lucho es moderno, de la izquierda que podría tener futuro en Colombia. No es de esos que la vanidad, tan natural en los humanos, les parece opulencia.
    Y bueno, si sigue en el PDA, chocaría con la vieja tendencia y podría perder brillo. Al separarse, se podrían dar las condiciones para crear un movimiento auténtico de centro-izquierda para Colombia.

Colombia: Vamos por mal camino.

Estos días han sido movidos para mí porque he viajado a un par de lugares de Colombia.
Uno en plan de vacaciones y veraneo, y el otro en plan académico, y bueno, también de veraneo. Ambos son sitios muy distintos (que no voy a decir cuales son) por variados motivos: su composición económica, la personalidad de su gente, su nivel de desarrollo en general, etc... En fin: sitios distintos en planes distintos y con gente distinta.

Y todo era normal (y bastante anti-político), hasta que en una charla informal con un familiar (y en el otro lado con otra persona menos cercana), me dí cuenta de esa admiración casi mesiánica que muchas personas le tienen al Presidente Uribe: Y con razón, aunque en temas como el empleo están levemente estancados, ahora pueden respirar tranquilos y tener muchas más libertades que antes, en épocas donde el terror fue el dueño y señor de una gran cantidad de país. Entonces, intrigado por saber más de sus opiniones (porque son prototipo de su región y no les faltan detalles para hablar de los demás), les pregunté si apoyarían un tercer período para el Presidente Uribe. Y la respuesta fué más que contundente: Sí, tiene nuestros dos votos (padre y madre) y en el 2010 el de Mateo (que en 2008 va a ser mayor de edad) . Ese tipo no se puede reemplazar: Ha sido el único que nos ha dado garantías para vivir contentos.
De ahí en adelante no hice nada más que seguir charlando de cosas de todos los días: el calor, la familia, etc... para no herir susceptibilidades ni ponerme a discutir en discusiones interminables y sin sentido.
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Y bueno, ya en las tierras más frías del altiplano, me puse a analizar lo que había escuchado en esos viajes y concluí que el pueblo colombiano i) ha retrocedido en democracia, ii) ha avanzado en ver permisivamente el autoritarismo, iii) está dispuesto a poner en riesgo la calidad de las instituciones en el largo plazo en medio de necesidades de mediano plazo.

Y me parece, todos son graves. Pero me parece, que para el futuro, el más grave es el iii, porque según Douglass C. North, en su libro Para entender el proceso de cambio económico (que parece un óvalo: vueltas y vueltas), un aspecto clave para que el crecimiento económico tenga lugar, es tener buenas instituciones democráticas y legales. Y como vamos, no creo que esas instituciones de North tengan mucho caso.

No a la consulta popular

Estos días hemos visto revuelo por las propuestas del Presidente Álvaro Uribe sobre la liberación de presos (congresistas) que digan la verdad sobre la parapolítica y la libertad a los guerrilleros de las FARC. Algunos han dicho que esto (Al igual que las transferencias) se debe someter a una consulta popular, otros que a un referendo o a cualquier instrumento democràtico para someter a la voluntad del pueblo estas acciones que el ejecutivo tomaría.

Yo pienso que es totalmente innecesario e inconveniente convocar a elementos de votaciòn decisiones tan importantes para el país, simplemente porque existen versiones ideològicas a medias que hacen que el debate se convierta en una mentira y los votantes no puedan ejercer con total libertad el voto. En sí, sería una libertad inexistente, porque no ejercerìan su derecho con plenitud y no formarían su decisión con reflexiones basadas en herramientas propiamente neutrales. Ademàs, dejar que el pueblo haga absolutamente todas las cosas es como decir que el todo el pueblo està en condiciones mentales y acadèmicas propias para decidir. Y no es por que yo crea que el pueblo es pueblo por que así nació (No soy Calígula) ò sea un ser dèspota ni nada por el estilo.
Sòlo que es necesario tener los píes en la tierra y no ser ilusos con las capacidades democraticos de la gente.